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Tristeza en mi menor

En su búsqueda de códigos comunes encontraron que la alegría está en re mayor y lleva trompetas, el amor suena a instrumentos de cuerda, a veces acompañados de flautas, y el odio tiene tempos muy rápidos.

03 de febrero de 2024
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  • Tristeza en mi menor
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Por Lina María Múnera Gutiérrez - muneralina66@gmail.com

Siempre son motivo de admiración las mentes curiosas que deciden seguir su instinto y dedicar parte de su vida a investigar un tema. Pero de entre todo el amplio espectro de posibilidades hay algunas que resultan más cautivantes. Por ejemplo el proyecto Didone, una investigación que busca entender cómo se expresan las emociones humanas a través de la música y que ha llegado a la conclusión de que las canciones en modo menor, son tristes, mientras que en modo mayor, son alegres.

En su búsqueda de códigos comunes encontraron que la alegría está en re mayor y lleva trompetas, el amor suena a instrumentos de cuerda, a veces acompañados de flautas, y el odio tiene tempos muy rápidos. Esto resulta de un análisis muy específico que se centró en 200 obras y 3.000 arias de esa escuela de emociones llamada ópera. Un género musical que buscaba dotar de épica a las historias y que algunos músicos “ortodoxos” criticaron duramente en sus inicios por considerarla como “algo estridente, vulgar y más cercano al teatro ambulante que a la música”.

Los investigadores del proyecto Didone se propusieron mapear las emociones en la ópera italiana del siglo XVIII, y para ello tomaron las obras de Pietro Metastasio, un desconocido para nosotros ahora, pero que en su época fue un Dios. Tan importante fue su figura, que cualquier compositor que quisiera hacer carrera operística tenía que empezar por ponerle música a sus piezas. Y hay varios libretos de este maestro que llegaron a tener más de 100 versiones musicales. Algo asombroso si uno imagina 100 versiones de Las bodas de Fígaro o para acercarlo a este siglo, 100 versiones del musical de El rey león.

El pasado 1 de febrero, 300 años después de que se estrenara la primera ópera de Metastasio, estos investigadores nos han desvelado cómo se amaba, odiaba o lloraba en el siglo XVIII relacionando esta música con el tratado de Las pasiones del alma escrito por Descartes. Ese texto cartesiano, tan útil para clasificar las arias, también tiene su historia. Su origen se remonta a un cruce de cartas entre el filósofo y la princesa Isabel de Bohemia quien le preguntaba en cada una de sus misivas sobre la naturaleza de las pasiones. Descartes escribió entonces un texto científico en el que sostiene que esas que hoy llamamos emociones, se deben abrazar y comprender para controlarlas en lugar de ser controlados por ellas.

Fue a partir de esa explicación cartesiana que el grupo de estudiosos se dedicó durante meses que se hicieron años a analizar partituras en la Biblioteca Nacional de Madrid. Se preguntaron por la forma como los compositores vinculaban emociones con situaciones dramáticas específicas, y qué recursos musicales y poéticos utilizaban. En el teatro de la ópera del siglo XVIII se fusionaron la ópera seria, preferida por la realeza y la nobleza, con la ópera buffa dirigida a la gente común. Así se consiguió un teatro que era punto de encuentro interclasista, para el que se crearon convenciones culturales que llegan hasta nuestros días.

Un detalle curioso que encontraron nuestros dedicados investigadores: la emoción más presente en todas las óperas es el odio.

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