Fue en 1584, en Granada. No se sabe exactamente el día, pero pudo ser en diciembre. El invierno andaluz es delgado y sutil e incita a las aventuras del espíritu. No así el verano en el que decía con gracejo Santa Teresa que el diablo tenía más poder para tentar. De todas maneras, cualquiera que hubiere sido la fecha, no está mal que al acercarse el fin del año, cuando nos penetra ese aire de fugacidad que deja el tiempo como un incienso quemado, hagamos referencia al Cántico Espiritual de san Juan de la Cruz, cuya fiesta litúrgica se celebra mañana.
Una noche cualquiera, pues, de ese año de 1584, un fraile carmelita español de 42 años, recluido en su celda del convento de Granada, tomó la pluma y encabezó así su manuscrito: “Declaración de las...