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Un mundo más oscuro... y una Colombia que debe despertar

La pregunta ya no es cómo volver al mundo que conocíamos, sino cómo prepararnos para competir en el que está naciendo.

hace 53 minutos
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  • Un mundo más oscuro... y una Colombia que debe despertar

Por Luis Diego Monsalve - @ldmonsalve

Vivimos una época en la que las malas noticias parecen acumularse sin descanso. La guerra en Ucrania continúa sin una salida clara. El conflicto en Medio Oriente sigue escalando. La rivalidad entre Estados Unidos y China se profundiza. El comercio internacional se fragmenta, la inteligencia artificial transforma industrias enteras y el cambio climático multiplica los riesgos económicos y sociales. El orden internacional que conocimos durante las últimas décadas se está desdibujando.

No se trata de una crisis pasajera. Estamos entrando en una nueva etapa de la historia. Durante más de treinta años, tras la caída del Muro de Berlín, el mundo vivió bajo una relativa estabilidad geopolítica. La globalización avanzó con fuerza, el comercio internacional creció de manera acelerada y millones de personas salieron de la pobreza gracias a una mayor integración económica. Parecía que las grandes guerras entre potencias habían quedado atrás y que la prosperidad dependería, cada vez más, de la cooperación.

Hoy ese escenario cambió profundamente. La seguridad volvió a ocupar un lugar central en las decisiones de los gobiernos. Europa incrementa su gasto en defensa. EE. UU. busca reducir dependencia de China en sectores estratégicos. China acelera su autosuficiencia tecnológica. Cada vez más países privilegian la resiliencia de sus cadenas de abastecimiento sobre la eficiencia de los mercados. La geopolítica volvió a imponerse sobre la economía.

Al mismo tiempo, una nueva revolución tecnológica redefine las reglas de la competencia. La inteligencia artificial promete elevar la productividad como pocas innovaciones en la historia, pero también acelera la disputa por el liderazgo global. El acceso a energía, minerales estratégicos, talento y capacidad científica será tan importante como lo fueron el petróleo o el acero durante el siglo pasado.

Frente a este panorama es fácil caer en el pesimismo. Sin embargo, la historia demuestra que los grandes cambios también generan enormes oportunidades para quienes saben anticiparse. Países como India, Vietnam o los Emiratos Árabes Unidos aprovechan esta nueva realidad para atraer inversión, desarrollar infraestructura, formar talento y ocupar espacios que antes no existían. Entendieron que esperar a que el mundo recupere las antiguas certezas no es una estrategia.

Colombia tampoco puede darse ese lujo. Durante demasiado tiempo hemos discutido nuestra política exterior como si fuera asunto exclusivo de cancilleres y embajadores. En realidad, también define nuestras oportunidades de inversión, nuestras exportaciones, el acceso a nuevas tecnologías, la seguridad energética y la capacidad de generar empleo de calidad.

En un mundo más incierto necesitamos lo contrario de la improvisación. Requerimos instituciones sólidas, estabilidad macroeconómica, seguridad jurídica y una política exterior pragmática que fortalezca nuestra relación con Estados Unidos, profundice los vínculos con Europa, aproveche las oportunidades económicas que ofrece Asia y recupere relaciones estratégicas que nunca debieron deteriorarse.

No sabemos si el mundo será más estable dentro de cinco o diez años. Lo que sí sabemos es que la incertidumbre llegó para quedarse. La verdadera pregunta ya no es cómo volver al mundo que conocíamos, sino cómo prepararnos para competir en el que está naciendo. Los países que entiendan esa diferencia convertirán la incertidumbre en oportunidad. Los que no, simplemente la padecerán.

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