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Valiente es dialogar

Descubrir que es posible conversar sin destruir al otro es, en sí mismo, un acto de valentía.

hace 1 hora
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  • Valiente es dialogar

Por Camilo Quintero Giraldo - @camideambiente

La semana pasada compartí varios días con personas que, hace apenas unos años, difícilmente habríamos compartido la misma mesa. Había firmantes del Acuerdo de Paz, militares, víctimas, empresarios, artistas, líderes ambientales y sociales. Personas con historias, ideas y visiones del país profundamente distintas.

No fue un espacio para convencernos unos a otros ni para borrar las diferencias. Tampoco para llegar a consensos forzados. Fue una oportunidad para escucharnos con atención, comprender las historias de los demás y descubrir que la confianza también puede construirse en medio de las diferencias. En un país acostumbrado a convertir cualquier diferencia en pelea, descubrir que es posible conversar sin destruir al otro es, en sí mismo, un acto de valentía.

Vivimos tiempos en los que discutimos más de lo que escuchamos. Las redes sociales nos empujan a responder antes de comprender. Los algoritmos premian la indignación y castigan los matices. Poco a poco dejamos de debatir ideas para empezar a clasificar personas y trincheras: los buenos y los malos, los nuestros y los otros, los fachos y los mamertos.

Quizás por eso dialogar exige tanta valentía. No porque implique renunciar a las convicciones, sino porque exige la disposición y la empatía para comprender por qué alguien piensa y vota distinto. El diálogo no consiste en borrar las diferencias ni en buscar un punto medio artificial. Consiste en reconocer que ninguna democracia puede sostenerse si convierte cada desacuerdo en una trinchera permanente.

Durante ese encuentro confirmé algo sencillo. La confianza no nace cuando descubrimos que pensamos igual. Nace cuando, a pesar de pensar distinto, decidimos permanecer en la conversación. Y esa confianza, construida poco a poco, termina abriendo caminos que el grito y la descalificación nunca logran abrir.

Colombia necesita reformas, decisiones y debates profundos. Pero también necesita reconstruir una capacidad que parece estar debilitándose: conversar sin deshumanizar. Escuchar y respirar antes de responder. Cuidar las palabras y el lenguaje. Reconocer que detrás de cada opinión hay una historia, unos miedos y unas esperanzas. Construir propósitos comunes sin exigir unanimidad.

No hace falta organizar grandes cumbres para empezar. Cada uno tiene un pequeño territorio, un metro cuadrado donde puede sembrar una cultura de diálogo: el grupo de WhatsApp, la conversación en la oficina, la mesa del almuerzo, la universidad, el barrio, el café, el bar o las redes sociales. Allí también se fortalece o se deteriora la democracia.

Quisiera proponer tres compromisos sencillos para llevar a esos espacios. Primero, escuchar y respirar antes de responder. Segundo, defender nuestras ideas sin descalificar ni provocar; las convicciones pueden ser firmes, el respeto también. Tercero, terminar cada conversación preguntando: ¿en qué sí estamos de acuerdo y qué podemos hacer juntos? Y una ñapa: verifiquemos antes de compartir información.

Tal vez la verdadera valentía de este tiempo no sea hablar más duro ni responder más rápido. Tal vez consista en seguir defendiendo nuestras ideas con firmeza, mientras cuidamos la dignidad y los afectos de quien piensa diferente. Pueden encontrar más información de esta necesaria plataforma en valienteesdialogar.org

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