Vivían en un eterno día de San Valentín. Tanto que su primera hija fue pensada para que naciera el 14 de febrero. Finalmente, “acigüeñizó” al día siguiente, el 15.
Según el almanaque Brístol, debía llamarse Jovita. La llamaron Norha, con la hache bien atravesada. Japiberdi.
Sus taitas, Fabio Muñoz y Lucila Correa, el uno con pinta y bigote de cantante de boleros, ella con estampa de diva del cine mudo, se currucuteaban todo el día: “Estando los dos estamos todos”.
De esos fallecidos amigos que conocí en Envigado podría decirse que “antes de conocerse se adivinaron”.
Él nació en Yarumal, copiándose de Epifanio Mejía; ella optó por “Cielorroto”, Caldas, la cuna de Ciro Mendía, el festivo cantor del ángel de la guarda voyerista. El azar hizo lo suyo...