En el fútbol no había violencia como no la hay en ningún otro espectáculo. Era alegría y diversión lo que se manifestaba en cualquier encuentro futbolístico. Todo cambió desde cuando las barras dejaron de ser apoyo para su equipo a ser las “barras bravas”. Ese calificativo las induce a ser fieles a ese nombre, bravas. Empezó en Inglaterra y se copió en todos los países del mundo.
Lo que pasó en Buenos Aires es consecuencia de lo que pasa con las barras, con los dirigentes de los equipos que no hacen nada por el control de los aficionados y por las altas autoridades del fútbol mundial que se empeñan en no cambiar algunas de las reglas de este deporte y que inducen a la violencia en la cancha y entre los aficionados.
La Fifa ha hecho unos pequeños...