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El presidente Iván Duque desaprovechó su intervención para rendir cuentas sobre lo que está pasando en Colombia con el asesinato de líderes y lideresas, donde el proceso de paz y la democracia misma están amenazados.
Era la oportunidad para, desde su lectura, analizar lo que está pasando en un país como el nuestro. Pero él parece estar mucho más preocupado por lo que ocurre en Venezuela. Por supuesto que el régimen de Nicolás Maduro es una dictadura y se deben encontrar salidas por la vía diplomática, como ya se está haciendo con el apoyo de varios gobiernos europeos.
Pero pronunciamientos como los del presidente Duque siguen exacerbando la situación de los venezolanos, su polarización, su llegada a Colombia donde tampoco encuentran oportunidades. Más allá de la vía diplomática, sería nefasta una intervención.
Venezuela siempre estuvo en el análisis de su apoyo y refugio a guerrillas colombianas, pero igual lo están hoy Guaidó y sectores de la oposición venezolana por su connivencia con otros actores armados ilegales en Colombia.
Para un estadista, se desperdicia la oportunidad, ante la Asamblea, de apalancar el proceso de paz y de hablar de temas de interés en una economía globalizada con nacionalismos y xenofobias, y en ese “apartheid global” que deja a muchos por fuera.