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Mi impresión, grosso modo, es que este Informe de la CHCV es el único producto académico que va a resultar de las conversaciones de La Habana. Va a servir más como documento de consulta que como guía para tomar determinaciones políticas.
Si este documento no sirve por los matices que tiene para hacer una controversia nacional, quedará como otro libro para guardar en la biblioteca de los profesores de historia o de política, como ha sucedido con los libros redactados por anteriores comisiones.
Realmente, un documento como este correspondería más bien al ámbito universitario, más que incluirse como componente de unas conversaciones de paz. No tiene por qué quedar incluido en los capítulos de los acuerdos o los desacuerdos.
Otra cosa es que ahí aparecen por fin, así en medios políticos y universitarios se reconocieran, las personas que tienen claro sesgo interpretativo, las que salen en defensa de las tesis marxistas de interpretación histórica, como el determinismo y la dialéctica materialista. Y no es que sus tesis queden signadas, sino que demuestran que tanto en la academia como en la universidad aún tienen mucha influencia los marxólogos de viejo cuño, sobre todo en la formación de la universidad pública.