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Hay varias causas. No hay una sola. Una, muy preocupante, es la política: el reflejo de lo que ocurre en el Congreso donde los líderes de la Farc son tratados de criminales, de mafiosos, de terroristas. Esa campaña de intolerancia de algunos líderes del CD que “autoriza” a mucha gente hacia abajo a ejercer violencia, incluso a algunos oficiales de los organismos de seguridad, como lo ratifican los audios en torno al asesinato del exguerrillero Dimar Torres. Hay una discusión interna en el Ejército sobre cómo tratar el tema.
Lo otro son las retaliaciones, muy locales, contra personas que hicieron daño en el largo proceso de existencia de las Farc, y hay gente que paga para ejercer venganza.
La otra causa son los disidentes que presionan a los reinsertados en la oferta de plata para que se vayan con ellos, y que pasan a la agresión. No hay una sola causa ni un plan organizado, pero todo eso se suma en estos asesinatos.
Las Farc no lograron una salida, una transición con gradualidad, ha sido traumático. Nadie quiere tomarse fotos con ellos, son indeseables. Es la reinserción más dura. La diferencia es que están matando a la gente de base, no a líderes.
El otro grupo de agresores son híbridos de fuerzas mafiosas del narcotráfico, la corrupción y las bandas criminales.