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Por Catherine Villota
Crítica de moda
Cuando Teri Agins, del Wall Street Journal, declaró en su libro que era el fin de la moda se refería a que una vez las personas comenzaron a vestirse de manera casual la moda como autoridad de elegancia y buen gusto estaba muerta. La moda se redujo a diseñadores haciendo perfumes y/o carteras, las celebridades llenaron los espacios y compiten con los verdaderos creativos, los blogueros se auto promocionaron a punta de selfies y son los nuevos editores y los realities de televisión como Project Runway convirtieron a los diseñadores en celebridades.
La “democratización de la moda” no es solo una cuestión de precios y acceso a tendencias, se trata de una “democracia” donde la moda se convirtió en algo casual/informal donde todo vale y lo único relevante es la exposición masiva: TV e Instagram. El gusto personal es igual a lo que llaman estilo y aquí la discusión está dentro de los prejuicios e imaginarios que tengamos. Para la dictadura de la moda las tallas 10, 12 o 14 y ni pensar de mayor numero no existen, las empresas privadas todavía buscan dar talleres y charlas sobre “cómo verse a la moda y con estilo” sin que hiera susceptibilidades, tarea apoteósica que termina en reglas y tips de la moda dictatorial y libros llenos de consejos desgastados.
Pero, de a poco hay señas de que dicha “dictadura” se debilita: el auge de las marcas plus size con diseño y tendencias con gran éxito en ventas por e-commerce está haciendo mella y las políticas de inclusión y tolerancia de las empresas públicas y privadas van cada vez más en aumento, de hecho le leí a una multinacional, que en un principio solicitó servicios para dictar unos talleres de moda y estilo para lucir “profesional” que decía: “esta semana se tomó una decisión importante respecto a los lineamientos de vestuario para personas administrativas. No se hará más despliegue sobre la forma de vestir, viene en el grupo un tema importante de Derechos Humanos, que incluyen prácticas de diversidad e inclusión y se tomó la decisión de no hacer más despliegue sobre la forma de vestir, con el fin de no generar un discurso contrario a la diversidad. Así que si llegan vestidos de un modo u otro, los dejaremos así”. Lo que significa que triunfa el gusto personal por encima de las reglas del “buen vestir” y al final dejemos que la moda sea lo que es: una sensibilidad que no puede ser enseñada ni impuesta.