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Un señor italiano, “Napoleon”, de Ridley Scott

28 de noviembre de 2023
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“Que se consiga una vida” le mandó decir Ridley Scott al historiador televisivo Dan Snow, que señaló en un video en Tik-Tok hace unos días varias de las inconsistencias históricas que hay en “Napoleón”, su última película. Le habría bastado a Snow recordar “Kingdom of heaven”, “Exodus” o “Gladiador”, la primera colaboración del director inglés con Joaquin Phoenix, para entender que a Scott jamás le ha importado la recreación histórica, sino más bien la construcción de historias que emocionen a sus espectadores, en contextos exóticos que le permiten presentarnos batallas y aventuras donde pueda ejercer ese sentido de la épica que lo ha identificado desde el comienzo de su carrera. Aunque sea británico a Scott le calzan esos “grandes escenarios y música grandiosa” que mencionaba Piero en “Los americanos”. Si como decía también esa canción, la gente cree después de ver su película que Napoleón era un señor italiano, a él lo tiene sin cuidado.

Las incongruencias no son el verdadero problema acá. Sirva un ejemplo: aunque Napoleón no haya estado presente mientras le cortaban la cabeza a María Antonieta, la escena logra su cometido: mostrarnos a un líder que aprende de los errores de otros una lección que recordará en el futuro, cuando a él también le llegue su decadencia. Por otro lado, las imágenes que produce Scott sí consiguen que entendamos sus logros militares, con unas secuencias de batallas apoteósicas que terminan en pequeños clímax, como el de los barcos ingleses incendiados en la primera acción que lo encumbró dentro del ejército francés.

Joaquin Phoenix construye un personaje lleno de complejidades y matices, muy alejado de los clichés más usuales cuando se retrata a una figura poderosa. Es innegable su valentía, pero no es una valentía ciega al miedo, ni de pulso sereno; por eso deja Scott en esta versión que se proyecta en salas, 90 minutos más corta que la que estará disponible en Apple, la escena en la que Napoleón se corta el cuello mientras se afeita o se queda con la cámara enfocando las palabras sinsentido que comienza a recitar antes de entrar en combate. En lugar de retratarlo como a un galán que conquistaba fácilmente a las mujeres que deseaba o como a ese general omnipotente de otras versiones, David Scarpa, el guionista, le brinda una fragilidad que lo humaniza y lo enaltece, dándole además sentido del humor y una honda conciencia de lo que significaría su figura en un futuro.

El verdadero problema se percibe cuando también intentan retratar su carrera política y su historia de amor con Josefina. Cuesta creer que las calificaciones sobresalientes de varios colegas europeos fueran para esta versión que se siente recortada e incompleta, donde no logramos jamás entender cómo se convierte ella en su gran amiga, ni por qué aquellos que lo encumbraron terminan despreciándolo. Puede que Dan Snow necesite conseguirse una vida, pero es ese pedazo de vida que habrá en la versión de streaming, esa hora y media adicional, la que deberíamos conseguir todos nosotros antes de sentenciar a este “Napoleón” a la guillotina.

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