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Cuba al límite

La fórmula fallida del comunismo se agota: desestimular la iniciativa individual, provocar carestías permanentes para luego repartir ayudas con fondos y reprimir la disidencia como si se pudiera tapar el sol con la mano.

30 de marzo de 2024
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  • Cuba al límite

La inercia cubana se rompió: ese sistema sostenido en la represión, la pobreza y la emigración ya no aguanta más. Una serie de protestas, las mayores reportadas en la isla desde las del 2021, se extendieron este mes de marzo como la pólvora entre la población para reclamar alimentos, suministro eléctrico decente y democracia, ese bien común que muchos lamentablemente solo logran apreciar cuando no lo tienen.

En Cuba están pasando cosas que han llevado al límite a la gente. Y las causas no son puntuales sino de fondo, porque obedecen a políticas erráticas trazadas por el gobierno. Tal es el caso de las famosas “canastas básicas”, una idea obsoleta nacida en Europa del Este, con la que el gobierno se encarga de repartir alimentos esenciales. Pero cuando no hay nada, ni siquiera leche o pan, solo queda salir a la calle, porque nadie se deja morir de hambre así como así.

El 17 de marzo una oleada de protestas se extendieron por las calles de Santiago de Cuba, ciudad emblemática para el castrismo, y la segunda más poblada de la isla. La gente desafió la dura represión y hubo levantamientos también en Bayamo, donde pobladores se enfrentaron a la policía para que no se llevara detenidos a parientes y conocidos. Inmediatamente el presidente Miguel Díaz- Canel culpó del caos a Washington y dijo que era resultado de la injerencia de Estados Unidos en sus asuntos. El castrismo lleva décadas justificando sus desastres con la política de embargo que mantiene el “imperialismo yanqui”, su mayor enemigo.

Pero veamos qué es lo que ha pasado. En las últimas semanas, la mitad de la isla ha permanecido a oscuras, La Habana no tiene liquidez para financiar un suministro estable de combustible, los racionamientos eléctricos alcanzan las 13 horas y así no hay posibilidad de mantener abierto ningún negocio. De ahí por ejemplo la escasez de pan, pues las panaderías tienen muy poco tiempo para hornear.

Desde siempre, el régimen se ha visto obligado a importar grandes volúmenes de leche en polvo debido a la escasez de la líquida. Pero la situación actual le aporta aún más dramatismo al asunto pues las importaciones se han truncado por esa falta de liquidez financiera que ha mantenido a la isla en ruinas durante los últimos años. Si hasta hace poco los menores de siete años eran los únicos que tenían leche asignada por las autoridades, ahora no pueden acceder a ella. Tan grave es el asunto que las autoridades dieron un paso inédito en 65 años de gestión comunista y solicitaron por primera vez ayuda al Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Esta puede ser una solución temporal, pero no la definitiva, porque la crisis que vive la producción nacional de leche no se debe a desastres naturales ni es simplemente una “emergencia”. Más bien es el reflejo de una política agropecuaria catastrófica y de un problema estructural de largo plazo que no va a resolver el programa de Naciones Unidas.

Otro tema que tiene desesperados a los cubanos es el del sistema sanitario que alcanza una precariedad pasmosa. En una encuesta realizada por el proyecto independiente Cubadata en 2022, 57,6% de los consultados consideraba imposible o muy difícil obtener atención médica, y el 80,3% tenía “mucha dificultad” para encontrar medicamentos. Ya ni hablar de los servicios de odontología que se han tenido que restringir a solo emergencias porque no hay insumos para atender a los pacientes.

A los malos tiempos que corren en la isla, que incluyen crisis migratoria y aumento de la inseguridad en las calles, se suma la percepción de una desestabilización política dentro del Partido Comunista de Cuba (PCC). La caída en desgracia de Alejandro Gil Fernández, el ministro de Economía y Planificación que escogió el presidente Díaz-Canel en 2018, así lo indica. La salida de Gil fue anunciada junto a otras destituciones, pero parece que es a él a quien pretenden poner de chivo expiatorio. Razones no faltan, dados los pésimos resultados que acumuló al encabezar sucesivas políticas que fracasaron y que han hecho que el cubano de a pie se haya tenido que enfrentar a toda clase de penurias. Por ejemplo, la dolarización de gran parte del comercio minorista de la isla o la eliminación del CUC, la moneda cubana que desapareció a inicios de 2021. Es muy probable, dado el historial del partido, que tras la destitución de Gil se monte un show mediático que intente lavar la imagen del PCC. Y esto puede representar un serio peligro para el propio Díaz-Canel.

La fórmula fallida del comunismo se agota: desestimular la iniciativa individual, provocar carestías permanentes para luego repartir ayudas con fondos, que más tarde o temprano se van a agotar, y reprimir la disidencia como si se pudiera tapar el sol con la mano. Lo que reclaman los cubanos no es meramente circunstancial sino que obedece a un deseo profundo de cambio, y ya están perdiendo el miedo para expresarlo. Lo demostraron en el 2021 y lo vuelven a hacer ahora: quieren vivir en un país libre.

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