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James y Antonella

Los dos eligieron, en medio del ruido, ser mejores que la historia que el algoritmo trató de imponerles. Es una lección que el presidente Gustavo Petro haría bien en escuchar”.

hace 3 horas
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  • James y Antonella

En el documental sobre James Rodríguez tal vez el momento más revelador es cuando el 10 de la Selección confiesa que durante su paso por la liga de Qatar –a la que llegó porque no tenía otra opción, según dijo– vivió el momento más difícil de su carrera y llegó a pensar seriamente en retirarse.

Reconoció que atravesaba una profunda decepción con el fútbol y que había perdido la motivación que lo llevó a convertirse en una de las grandes figuras en la historia del deporte colombiano. Tocó fondo, a sus 30 años.

Y entonces apareció Néstor Lorenzo como nuevo técnico de la tricolor, en 2022, y lo primero que hizo fue coger un avión para ir a preguntarle al capitán de la selección si podía contar con él. James, que había perdido la pasión, que tenía muchas razones para colgar los guayos, dijo que sí. Pudo haber dicho que no. Tenía la coartada perfecta: los años, el cansancio que se mide en decepciones acumuladas y la certeza de haber probado todo lo que el fútbol puede ofrecer. Pero cuando Lorenzo le pidió que liderara al equipo, James no calculó su imagen ni protegió su tranquilidad. Eligió a Colombia.

Ese episodio también ayuda a entender por qué James parecía no encajar en ninguno de los clubes a los que fue a parar buscando llegar en forma a la Selección. Sin embargo, en la Copa América de 2024 terminó ofreciendo una de las mejores actuaciones de su carrera. Fue elegido el mejor jugador del torneo y puso a Colombia a un golpe de suerte de conquistar el título frente a potencias como Argentina, Brasil y Uruguay.

A veces las historias que terminan diciendo algo importante sobre un país comienzan con decisiones pequeñas. La de James fue aceptar una responsabilidad cuando podía apartarse. La de Antonella Petro, esta semana –con la figura de James de por medio–, fue responder con serenidad cuando las redes sociales ya habían decidido convertir un malentendido en una batalla política.

Nos referimos al episodio entre Antonella Petro, la hija del presidente, y James Rodríguez en la ceremonia de entrega del pabellón nacional. Cuando los jugadores desfilaban uno a uno para saludar al mandatario, antes de partir para el Mundial, Antonella aprovechó para pedirle una fotografía al ídolo y él, como sin darse cuenta, siguió el protocolo sin detenerse.

Eso fue todo. Un segundo. Un gesto en tres segundos de video. Y los haters en las redes hicieron el resto. Lo que era un momento menor se convirtió en una guerra inesperada en ese universo paralelo que son las redes sociales. Hasta llegar al extremo absurdo de que James y su familia recibieron amenazas. El periodista César Augusto Londoño aclaró que el video estaba descontextualizado: James sí le había dado la mano a Antonella, simplemente no la escuchó. La Federación Colombiana de Fútbol tuvo que pronunciarse y rechazar cualquier manifestación de agresión contra el jugador.

El algoritmo no perdona: toma tres segundos, premia la rabia, amplifica la división y organiza el linchamiento.

Entonces habló Antonella. La joven de 17 años publicó un video para James en tono conciliador, “eres mi héroe, somos un solo país”, recordó que también juega fútbol, que es zurda como él y le confesó que había sido inspiración para ella. Le pidió a toda Colombia apoyar a la Selección, que cuando vuelvan del Mundial los estará esperando con los brazos abiertos y que ojalá ahí sí le pueda tomar la foto. James le respondió: “Esa foto va”, le dio las “gracias por el aliento” y como postdata sugirió que no la había oído en la ceremonia: “la próxima vez me hablas más fuerte”.

Y así, la joven a la que el algoritmo había convertido en florero de Llorente fue la misma que desactivó el incendio. No deja de ser paradójico que en un país donde la polarización política suele alimentarse desde múltiples trincheras, incluida con frecuencia la comunicación del propio presidente Gustavo Petro y de algunos de sus seguidores más vehementes en redes sociales, haya sido precisamente su hija quien optara por un mensaje de moderación y unidad.

No es la primera vez que figuras públicas terminan crucificadas en linchamientos digitales provocados por las bodegas petristas. Les ocurrió en su momento al entonces campeón del Tour de Francia Egan Bernal y al artista J Balvin, convertidos también en blanco de campañas de hostigamiento por no mostrar pleitesía a Petro. Esta vez el objetivo fue James Rodríguez.

Son gestos pequeños pero poderosos. El sí de James cuando podía decir no. El video de Antonella para conciliar cuando podía guardar silencio. La respuesta de James cuando podía ignorarla. Los dos eligieron, en medio del ruido, ser mejores que la historia que el algoritmo trató de imponerles. Es una lección que el presidente Gustavo Petro haría bien en escuchar.

Ojalá, para el Mundial que comienza este jueves 11 de junio y para la Colombia que vota el domingo 21 de junio, estos ejemplos nos sirvan de algo.

Saber que los campeonatos no los ganan solo los superatletas, se necesita una gran dosis de amor por la camiseta y hambre de triunfo para lograrlo. Y saber también que Colombia para convivir en democracia tendrá que aprender a no convertir cada diferencia en una guerra y cada malentendido en un linchamiento.

James y Antonella, por unos segundos, dieron cuenta de ello.

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