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El Grito del Toyo

Es el túnel vehicular más largo de América Latina y la pieza fundamental para conectar el centro del país con Urabá, acercando el Caribe y el Pacífico mediante un corredor logístico que reducirá tiempos y costos para el tránsito de personas y el comercio.

hace 6 horas
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  • El Grito del Toyo

Así como en 1810 el símbolo de la independencia de Colombia fue el florero que el español Llorente no quiso prestar a un criollo, ahora en este 2026 el Túnel del Toyo se convirtió en el epicentro de un nuevo grito de independencia. O, al menos, dejó de ser simplemente la obra vial más importante del país para convertirse en el escenario donde Antioquia se sacudió de Gustavo Petro y comenzó una nueva relación con el electo presidente Abelardo de la Espriella.

No fue casualidad el lugar escogido para la conmemoración. Allí estuvo De la Espriella con el gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, y el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez. Nunca antes un presidente electo había participado en un acto oficial del 20 de julio junto a mandatarios regionales, y mucho menos en un escenario que durante los últimos cuatro años simbolizó uno de los mayores desencuentros entre el Gobierno Nacional y Antioquia.

La diferencia con el florero es evidente. Aquel fue apenas un pretexto para encender una revolución. El Toyo, en cambio, es una obra concreta, estratégica y llamada a escalar la competitividad de Colombia. Es el túnel vehicular más largo de América Latina y la pieza fundamental para conectar el centro del país con Urabá, acercando el Caribe y el Pacífico mediante un corredor logístico que reducirá tiempos y costos para el tránsito de personas y el comercio.

Precisamente por la importancia estratégica de esta obra, el abandono del gobierno de Gustavo Petro terminó convirtiendo el túnel en un símbolo. Petro lo dejó botado con el falso argumento de que era una obra para los ricos. El gobernador y el alcalde se lo echaron al hombro y sacaron del bolsillo público más de un billón de pesos adicionales para evitar que se convirtiera en el elefante blanco más penoso de la historia del país, y hoy lo tienen casi listo.

Solo falta un “pequeño detalle” para poner el túnel al servicio del país y es lo que le correspondía hacer al Gobierno Nacional: instalar los equipos electromecánicos y construir un tramo de unos cuantos kilómetros. Lo que parecía menor en este megaproyecto, le quedó grande al Gobierno Nacional.

De la Espriella habló de dos independencias: “Colombia celebra 216 años de su primera independencia. Pero la segunda independencia la logramos el 21 de junio, derrotando a la tiranía”. Y no ahorró elogios para el departamento: “Colombia le debe su independencia y libertad a Antioquia”, refiriéndose a los más de dos millones de personas que votaron por él en la región. Y recordando la frase de batalla del gobernador Rendón –Si Antioquia resiste, Colombia se salva–, concluyó: “Antioquia resistió y salvó al país”.

El alcalde Gutiérrez se sumó al tono de reivindicación: “Medellín y Antioquia no tuvieron presidente durante estos 4 años, pero eso se soluciona el próximo 7 de agosto. ¡Bienvenido, presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella!”.

Los tres dirigentes coincidieron en una misma narrativa: la de Antioquia como territorio de resistencia frente al Gobierno Petro y como protagonista de una nueva etapa política para el país. El Toyo dejó de representar únicamente una carretera para convertirse en la evidencia física de esa historia.

Por eso, cuando Rendón le planteó a De la Espriella una hoja de ruta con Antioquia, incluyó al Toyo y aclaró que no se trata de pedir recursos “porque ya Medellín y Antioquia los garantizaron”, sino de resolver asuntos tan sencillos como los equipos electromecánicos (ventilación, iluminación y seguridad): “El Gobierno Nacional ha preferido que acumulen polvo desde hace dos años en bodegas, antes que proceder correctamente”.

El contraste con lo que ocurría al mismo tiempo en el sur de Bogotá hizo aún más potente el significado del acto. Mientras Petro convocó una marcha que terminó marcada por desórdenes, acoso a los periodistas y el inesperado retiro de la cúpula militar antes de su intervención; en Antioquia, el acto giró alrededor de una agenda de cinco victorias tempranas que el gobernador planteó para trabajar con el presidente que asumirá el poder el próximo 7 de agosto.

Quizás por eso el verdadero protagonista de la jornada fue el propio túnel. Una obra que nació para unir territorios terminó retratando una profunda fractura política de los últimos cuatro años entre el centro y las regiones.

Los tres recordaron el sueño que tuvo Gonzalo Mejía hace 100 años: pensó en que Medellín debía tener salida al mar. Y hoy un siglo después esa vía al mar está convirtiéndose –con mejoras sustanciales– en realidad: el Túnel del Toyo no solo es para Medellín, es también la posibilidad de unir el comercio del Atlántico (Urabá) con el Pacífico (Buenaventura) por tierra en 9 horas. “Esta obra es la prueba de que la patria milagro se puede construir”, coincidieron en sus discursos.

Hace dos siglos un florero simbolizó el nacimiento de Colombia como república independiente. Dos siglos después, “este túnel representa el país que millones de colombianos quieren construir a partir del 7 de agosto”, dijo el alcalde. “En 19 días cesará la horrible noche”, concluyó uno de ellos.

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