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El nuevo
bipartidismo

El Liberal y el Conservador serán partidos cada vez menos relevantes, relegados por las nuevas fuerzas que están redefiniendo el “bipartidismo” en Colombia.

hace 3 horas
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  • El nuevo bipartidismo

Un aspecto del cual poco se ha hablado sobre los resultados de las elecciones legislativas del pasado 8 de marzo es que se produjo una reconfiguración profunda en la representación de Antioquia en el Congreso de la República.

Uno de los datos más llamativos es la pérdida de peso en el Senado: el departamento pasó de 14 curules a 11, la cifra más baja en los últimos cuatro períodos legislativos. Si bien Antioquia sigue siendo uno de los departamentos más influyentes del país, la reducción en su representación en la cámara alta dice mucho sobre cómo ha cambiado el poder en la región durante los últimos cuatro años. Y la pérdida de esos tres escaños en el Senado responde a la pérdida de conexión de los partidos tradicionales con la ciudadanía.

El Partido Conservador sufrió el golpe más severo, pasando de cuatro senadores antioqueños a apenas uno, Daniel Restrepo, del grupo del senador Carlos Andrés Trujillo, que ha sido aliado incondicional del presidente Gustavo Petro. El Partido de la U y Comunes, que sumaban curules antioqueñas en el periodo que termina, desaparecieron del mapa. Y el Partido Liberal, aunque mantuvo dos sillas con María Eugenia Lopera —otra de las principales aliadas del gobierno, del grupo de Julián Bedoya— y Santiago Montoya, exalcalde de Sabaneta, perdió un escaño frente a 2022. En contraste, el Centro Democrático consolidó su dominio con cinco senadores elegidos en lista cerrada —Esteban Quintero, Hernán Cadavid, Juan Espinal, Julia Correa y María Clara Posada— y el Pacto Histórico sumó una plaza adicional para llegar a tres, con Carolina Corcho, Isabel Cristina Zuleta y Kamelia Zuluaga.

Es diciente que la mayoría de estos votos hayan llegado por la lista cerrada: es decir no obedecieron a la lógica de tener en el departamento un “fortín electoral”, sino a un partido político que les jalona votos por todo el país.

En la Cámara de Representantes el panorama confirma la tendencia. El Centro Democrático volvió a ser la fuerza dominante con siete curules, con casi el doble de la votación que obtuvo en 2022. Andrés Guerra Hoyos, quien bajó del Senado a la Cámara, marcó un récord con más de 114.000 votos. Lo acompañan Gregorio Orjuela, Melissa Orrego Eusse, Óscar Darío Pérez, Ana Ligia Mora, Juan David Zuluaga y John Jairo Berrío. El Pacto Histórico, por su parte, creció de dos a tres curules, con Hernán Muriel, Verónica Estrada y Alejandro Toro. También irrumpió en el panorama Creemos, el movimiento del alcalde Federico Gutiérrez, con dos curules que antes no tenía, que serán ocupadas por Luis Guillermo Patiño y Simón Molina.

Así, nuevamente los golpeados fueron los tradicionales: el Partido Liberal bajó de tres a dos representantes, con Camilo Gómez, del grupo de los Liberales de Envigado, y Diver Ney Franco, también del grupo de Julián Bedoya; y el Conservador hizo lo propio, pasando de tres a dos con Jaime Cano, ficha de Trujillo, y Luis Miguel López, que mantiene su curul impulsado por el movimiento de los Marianos. La coalición de Cambio Radical conservó su única curul con Nataly Vélez, quien reemplaza a Mauricio Parodi.

El contraste con el pasado reciente es elocuente. En 2010, los partidos Liberal y Conservador dominaban con 11 de las 17 curules antioqueñas en Cámara. Para 2022 ya habían caído a seis. Ahora suman apenas cuatro. Lo que durante décadas fue hegemonía bipartidista en Antioquia ha sido reemplazado por un nuevo mapa en el que el Centro Democrático es el partido dominante, con 7 de las 17 curules, y el Pacto Histórico le sigue con 3.

Pero entre los “quemados” de estos partidos hubo verdaderas sorpresas: congresistas que hasta hace poco contaban con poder consolidado y trayectoria relevante. Juan Felipe Lemos, de la U, cabeza de lista de su partido, con votaciones fuertes en Antioquia y Caldas y conocido por su experticia en asuntos tributarios y de presupuesto. Juan Diego Gómez, que en el gobierno de Duque llegó a ser presidente del Senado, y Nicolás Albeiro Echeverry, su fórmula a la Cámara, actualmente senador. Mauricio Parodi, que llevaba varios periodos en el Congreso. Germán Blanco y Mauricio Giraldo, experimentados senadores conservadores con larga trayectoria en el legislativo. Todos comparten una característica: a pesar de ser de la política tradicional, no se “entregaron” al gobierno de Petro, sino que hicieron parte del grupo de congresistas que, siendo de partidos independientes, impidieron que el presidente tuviera mayorías en el Senado.

No deja de llamar la atención, y podría ser una hipótesis de investigación sobre la calidad de la votación, el hecho de que los candidatos que tuvieron acceso a la mermelada del Gobierno sean los que hayan logrado coronar curul. En particular, las maquinarias de Trujillo en el Conservador y Bedoya en el Liberal.

Un duro golpe para los partidos tradicionales, con lecciones amargas: se vieron castigados quienes no fueron aliados de Petro, y desplazados por movimientos que capturaron tanto el voto de opinión como la maquinaria territorial que ellos alguna vez monopolizaron. Pinta difícil su camino a reinventarse: más bien, el Liberal y el Conservador serán cada vez menos relevantes, relegados por las nuevas fuerzas que están redefiniendo el “bipartidismo” en Colombia.

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