Cintillo de indicadores económicos Colombia

Pico y Placa Medellín

viernes

7 y 9 

7 y 9

Pico y Placa Medellín

jueves

3 y 6 

3 y 6

Pico y Placa Medellín

miercoles

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

martes

1 y 4  

1 y 4

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

5 y 8  

5 y 8

El saqueo que Petro no quiso ver

Petro puso en Ecopetrol al gerente de su campaña que, según el CNE, violó la ley para llevarlo a la Casa de Nariño. Se saltaron reglas para ganar la presidencia. Después se habrían mecateado a Ecopetrol.

hace 2 horas
bookmark
  • El saqueo que Petro no quiso ver

No puede decir que nadie le avisó. Al entonces presidente Gustavo Petro se le dijo de todas las formas posibles que Ecopetrol se estaba pudriendo por dentro: se lo dijeron los accionistas, la prensa, sus antiguos aliados y hasta el sindicato petrolero. Y él, con la terquedad de quien confunde lealtad con complicidad –o con el cinismo de quien está enterado y no le importa–, respondió como siempre que era víctima de una conspiración de la derecha.

Hoy, cuando la empresa está sobre la mesa donde se practica la auditoría forense, la pregunta ya no es si el mandatario sabía, sino desde cuándo sabía y cuánto le costó al país que el jefe de estado se hiciera descaradamente el loco.

Hagamos memoria. En mayo de 2025, cuando se conoció que Ecopetrol había contratado a Covington & Burling para evaluar los riesgos reputacionales que Ricardo Roa representaba para la compañía, Petro salió a desmentir y su ministro de Minas culpó a los medios de inflar el tema. Ese contrato hoy es parte de la auditoría forense.

En marzo de 2026 la Fiscalía imputó a Roa por tráfico de influencias: según el ente acusador, un contratista que pagó el lujoso apartamento de Roa en el norte de Bogotá era el mismo al que Roa quería favorecer con un proyecto de gas. La compra del apartamento la reveló El Tiempo desde diciembre de 2023, quién lo pagó se supo después. Y ¿qué hizo Petro? Se dedicó a atacar a un arquitecto que había entregado a la Fiscalía evidencias sobre el famoso apartamento. Petro llegó a escribir en X que los medios usaban “testigos estafadores” para tumbar a Roa.

Cuando la junta de Ecopetrol sesionaba de urgencia para decidir el futuro de Roa, Petro sentenció que no era “el momento de quiebres gerenciales”. Y cuando la USO, con toda la prudencia del caso, pidió que Roa se apartara para dedicarse a su defensa, Petro desestimó las advertencias. Así pasaron más de dos años entre la primera denuncia y la imputación, y Roa siguió al frente de la empresa.

Pero la frase más reveladora de Petro fue la de que querían sacar a Roa porque en un mes vencían 20 billones en contratos y los contratistas eran amigos de los candidatos de la derecha. Hay que guardar esa cifra porque la auditoría revela que, en efecto, un grupo de contratistas habría recibido más de $10 billones en contratos sumados entre Ecopetrol y su filial Cenit. Es decir, sí había festín de contratos, como advirtió Petro, pero los comensales no eran los que él se imaginaba. Dice el proverbio que cada quien mide con su propia vara.

La auditoría forense, dirigida por el exvicecontralor, Ricardo Rodríguez Yee, ha identificado más de 32 casos emblemáticos. Lo que se sabe de ellos es escalofriante. Al menos diez tienen que ver con nombramientos: cargos que habrían sido direccionados por personas ajenas a la empresa o que habrían involucrado pagos. Otros doce tocan contratos de granjas solares, algunos firmados a través de la Fiduprevisora, contratos de Cenit con posibles sobrecostos y dádivas, y obras en La Guajira. En la lista también figuran acuerdos de gas, mantenimiento de plantas, y los proyectos Termomorichal 1 y 2. No hubo rincón de la empresa donde no metieran la mano, o al menos eso es lo que ahora deben establecer los investigadores.

Luis Felipe Henao, en ese momento presidente de la junta, lo dijo sin anestesia: en Ecopetrol se compraron cargos para direccionar negocios, y los contratos se fraccionaron para que ninguno alcanzara el monto que exige el visto bueno de la junta. Se robaron, en sus palabras, el gobierno corporativo.

Y como si faltara opereta, apareció el audio. Cuarenta y tres minutos grabados en un desayuno, donde una voz atribuida a Manel Grau, el catalán amigo de Petro y de Verónica Alcocer, habla de repartir vicepresidencias, de contratos de taladros y de negocios en Venezuela, con el presidente encargado de la empresa sentado a la mesa a quien le deja entrever que él está ahí con su visto bueno.

No es la primera vez que el nombre del catalán Manel Grau aparece en la supuesta repartija de Ecopetrol. Ya habíamos contado en EL COLOMBIANO como fue una especie de filtro para elegir al presidente de ISA, filial de la petrolera. Y también aparecen dos italianos. La ironía es poderosa: durante cien años sectores de la izquierda crecieron con el gritó de que el imperio quería robarse el petróleo de los colombianos, y cuando por fin llegó Petro al poder, fue él quien le abrió la puerta a un catalán –y a dos italianos aún no mencionados–.

Petro nombró a su gerente de campaña al frente de la empresa más importante del país, lo sostuvo imputado, desacreditó a los testigos, ignoró al sindicato y convirtió cada denuncia en una batalla ideológica.

Quien tenía el poder de impedir el desfalco prefirió evadir y dedicarse a trinar contra quienes lo advertían. Por eso le debe una explicación al país.

Petro puso al frente de Ecopetrol al gerente de su campaña que, según el CNE, violó la ley para llevarlo a la Casa de Nariño. Primero se saltaron las reglas para ganar la presidencia. Después, todo indica, se habrían mecateado a Ecopetrol. .

Sigue leyendo

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD