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Lo que no explica Petro es que en estos 4 años la deuda ha aumentado en cerca de $500 billones y los intereses que paga se han casi duplicado –llegan al 14%–, no por culpa del Banco de la República, sino por la desconfianza que su gobierno ha ido cultivando.
Hay semanas en que las malas noticias no llegan solas. Llegan en manada, como las plagas que cayeron sobre Egipto: una tras otra, sin dar tiempo de respirar, sin que la anterior haya terminado de alarmar cuando ya llega la siguiente. Eso le pasó la semana pasada en materia económica a Colombia.
Imagínese al jefe de una familia –que puede ser usted– y en una semana, le llegan cuatro cartas. Una tras otra. Ninguna trae buenas noticias.
La primera carta es de los asesores del banco. Dicen que le bajaron la calificación crediticia. En términos simples: ya no le tienen confianza para prestarle plata. Ya pidió demasiada, gasta más de lo que gana, y los intereses que paga se han casi duplicado. Eso es lo que le acaba de comunicar la calificadora Standard & Poor’s al gobierno de Gustavo Petro: Colombia ya no merece la misma confianza de antes.
La segunda carta es del juzgado. Le anuncia que el plan que usted había armado para cubrir los gastos del mes —cobrarles más a los bancos, subir el precio de los licores, gravar las compras en el exterior— fue declarado ilegal. La Corte Constitucional tumbó la tercera emergencia económica del gobierno, y con ella se cayeron 11 billones de pesos con los que el gobierno contaba para financiar el presupuesto. Es como si le dijeran: ese dinero que ya había gastado mentalmente, no existe.
La tercera carta es del DANE. Le informa que el mercado está más caro que el mes pasado. La inflación llegó al 5,56% y sigue subiendo. Con lo cual se demuestra que no tenía controlados los precios como decía a voz en cuello.
La cuarta carta es del vecino Ecuador. Le avisa que, de ahora en adelante, los productos que usted les vendía, a los que ya les había subido al 50% el arancel, ahora van a tener que pagar el doble de impuesto de entrada, el 100%. Casi no podrá exportar nada. El impacto en algunos miembros de la familia es brutal, porque se quedan con los productos elaborados. Y todo, porque usted se metió de manera insolente en la casa del vecino.
¿Y que hace este jefe de familia?
En lugar de sentarse en la mesa del comedor, revisar los gastos y decir “tenemos que apretarnos el cinturón”, ese jefe de hogar prefiere tomar el camino fácil –pero inútil– de echarles la culpa a otros y, de manera algo simplista, propone como solución pedir más plata a todos.
Así entonces, el presidente Gustavo Petro, por un lado, escaló sus agresiones contra el Banco de la República, que aumentó las tasas de interés a 11,25%, para evitar que la inflación se dispare. Petro calificó de “aberrante” el aumento de tasas y el ministro de Hacienda, en un hecho inédito, se retiró de la junta directiva del emisor.
Y por otro lado, en su alocución televisada, el mandatario para buscar más plata amenazó con una quinta emergencia económica y la presentación de una tercera reforma tributaria al Congreso, que fue confirmada por el ministro Germán Ávila, quien dijo que la intención es recaudar 16 billones de pesos por esta vía.
Con cierto cinismo, además, afirmó que su gobierno “no está endeudando más a Colombia”, que eso es una falsedad, y que si la deuda ha aumentado es por el pago de intereses. Lo que no explica es que en estos cuatro años de gobierno la deuda ha aumentado en cerca de 500 billones de pesos, se acerca a $1.300 billones y los intereses que paga se han casi duplicado –llegan al 14%–, no por culpa del Banco de la República, sino por la desconfianza que su gobierno ha ido cultivando por las fallas en el manejo macroeconómico del país.
Quedan cuatro meses para que la familia cambie de jefe. El que llegue encontrará la caja fuerte vacía, las deudas al alza, los vecinos molestos y la familia con menos oportunidades de ingresos que antes. Tendrá que apretarse el cinturón, parar el gasto, recuperar la confianza de los prestamistas y explicarle a la familia por qué las cosas están como están.
Lo más difícil no será la herencia económica. Será convencer a esa familia de que, esta vez, sí hay un adulto responsable a cargo.