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La lección de Shakira no es solo que peleó con Hacienda de España y ganó. Es que mientras peleaba, seguía construyendo colegios.
Esta semana, la Audiencia Nacional española le ordenó al Estado devolver a Shakira más de 55 millones de euros. El tribunal concluyó que no quedó demostrado que la cantante residiera en España el tiempo suficiente para tener obligaciones fiscales en ese país durante el año 2011. Era la última causa abierta. Ocho años después de que comenzara la pesadilla, la justicia puso las cosas en su sitio.
La propia Shakira lo dijo sin rodeos: “Después de ocho años soportando un señalamiento público brutal, campañas orquestadas para destruir mi reputación y noches enteras sin dormir que terminaron afectando a mi salud y al bienestar de mi familia, por fin la Audiencia Nacional ha puesto las cosas en su sitio”. No era hipérbole. Era la descripción exacta de lo que fue.
El caso merece ser recordado no solo por su desenlace sino por lo que reveló de su protagonista. Mientras varios futbolistas con procesos similares ante la Hacienda española optaron por arreglar rápido, pagar y seguir, Shakira rechazó cualquier acuerdo con el Ministerio Público, alegando que confiaba en que la justicia española le daría la razón. Ir a juicio era, en sus propias palabras, “una cuestión de principios”. Esa diferencia no es menor. La mayoría de los que arreglan lo hacen por conveniencia, para cuidar su imagen, no por convicción. Ella decidió tomar el camino largo y difícil, peleó por convicción, aunque la conveniencia le aconsejara lo contrario.
Hay que ser preciso: el caso no fue uniforme. En 2023, en un proceso separado por los años 2012 a 2014, Shakira aceptó pagar cerca de 7,8 millones de euros para no ir a la cárcel. Ese capítulo es más complejo y la artista nunca dejó de describirlo como una decisión práctica ante una situación insostenible. Ella misma escribió en una carta al diario El Mundo que el Estado español se quedó con más de todo lo que ganó durante sus años allí: “La década española fue una década perdida financieramente, y no porque trabajara poco”. Pero la causa que acaba de resolverse esta semana —la del año 2011— es la que ella peleó hasta el final y ganó limpiamente. No es un detalle: es el corazón del asunto.
Más allá del debate fiscal, que tiene sus matices y seguirá teniéndolos, lo que Shakira dejó en claro con todo este proceso es algo que va bastante más lejos que un litigio tributario: que cuando alguien está convencido de su inocencia, dar la pelea vale la pena. Vivimos en una cultura donde la imagen lo es casi todo, donde el consejo más repetido en cualquier crisis es cede, negocia, no te desgastes. Shakira eligió lo contrario. Que hay un precio para la dignidad, y a veces ese precio se paga en años de desgaste, pero al final no es el más caro.
Pero no podemos hablar de Shakira sin mencionar su fundación Pies Descalzos. El año entrante cumple 30 años y ha construido o transformado 20 colegios, que ya están en operación en Colombia, y 10 más están en construcción. Hay tres más en el mundo —dos en Haití y uno en Soweto, Sudáfrica—. Se ha metido en los barrios y territorios más difíciles donde las necesidades apremian: en Barranquilla, Cartagena, Soacha, Quibdó, Riohacha, Uribia, Manaure, Maicao y el nuevo megacolegio de Tibú, en el corazón del Catatumbo, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado. Ese proyecto tendrá 34 aulas, laboratorios, biblioteca, salas de bilingüismo y zonas deportivas para más de 1.200 estudiantes al año. No es un colegio. Es un campus comunitario. Es lo que ocurre cuando alguien decide invertir en un lugar al que nadie más llega.
En total, más de 224.000 niños y jóvenes han sido beneficiados y más de 12.000 docentes han sido capacitados. Ocho de cada diez estudiantes de los colegios Pies Descalzos se gradúan y acceden a educación superior, una cifra que contrasta con el promedio colombiano. Los colegios de Shakira no solo tienen paredes: tienen laboratorios, programas de bilingüismo, apoyo emocional, alimentación.En los barrios donde están, se han convertido en monumentos culturales. En puntos de referencia.
Y ahora, Shakira acaba de anunciar que donará el 100 por ciento de las ganancias de “Dai Dai” —el himno oficial de la Copa del Mundo 2026— al Fondo de Educación de la FIFA. La meta es recaudar cien millones de dólares para programas de educación en Colombia, México, Uganda, Brasil e India.
Ella misma lo ha dicho con la claridad que la caracteriza: “Hasta el día que me muera estaré trabajando por la educación. Colombia es una tierra fértil, de mentes curiosas y talento puro, pero casi un millón de niños siguen desescolarizados. No dejaré de luchar hasta que todos los niños de mi país estén escolarizados”.
Entonces la lección de Shakira no es solo que peleó con Hacienda de España y ganó. Es que mientras peleaba, seguía construyendo colegios.