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El presidente Gustavo Petro decretó la obligación de utilizar “un lenguaje respetuoso” a la hora de referirse al Eln (decreto 1117 del 5 de julio). Y fue más específico al exigir, que “las referencias del Ejército de Liberación Nacional en los actos administrativos expedidos por el presidente de la República se harán sobre el reconocimiento de que son una organización armada rebelde”.
Ese decreto, invitando a que ‘les hagamos pasito’, tal vez se habría podido entender y acoger bajo la lógica de que el gobierno está comenzando un proceso de paz con ese grupo. Sin embargo, el decreto terminó siendo mal recibido, por dos grandes razones.
La primera es la profunda incoherencia del gobierno. Porque por un lado exige que se trate con respeto a un grupo que ha sembrado de dolor y lágrimas al país; mientras que por otro lado el mismo Petro no ha ahorrado palabras para maltratar sin compasión alguna a empresarios y ciudadanos en general.
Mientras Petro pide que les digamos al Eln “rebeldes”, él mismo ataca a los empresarios acusándolos de “esclavistas” o invita a dividir el país entre ricos y pobres. Mientras el Eln con sus acciones armadas y terroristas ha condenado a Colombia a perder oportunidades de desarrollo; los empresarios trabajan todos los días para generar empleo y mantener encendido el motor del país. Mientras unos, se han burlado de la Constitución y la ley, han violado todas las normas del Código Penal y las convenciones de derechos humanos de Ginebra; los otros, cumplen a pie juntillas todas las normas laborales no solo nacionales sino internacionales.
Tal vez le falta al presidente Gustavo Petro expedir otro decreto con el cual él mismo se exija a tratar con respeto y afecto a las organizaciones e instituciones que tanto han hecho por el bien del país.
La otra gran razón por la cual no ha sido bien recibido tiene que ver con que en el mismo momento en que Petro estaba firmando el ‘hagámosle pasito al ELN’, el gobernador de Chocó pedía a gritos, desde Quibdó, ayuda para su población sitiada por un paro armado de ese grupo criminal. Los habitantes aterrorizados no podían salir de sus casas, temían por lo que pudiera pasar con sus vidas, el comercio no abría, el transporte no operaba. ¿De qué manera, presidente Petro, se le puede llamar a eso? ¿Acaso no es un acto de terror?
¿Qué podrá sentir un habitante del Chocó que no puede salir de su casa, y qué tal vez no tiene provisiones, al saber que Petro exige que se trate con respeto al Eln? ¿Acaso la ‘Colombia humana’ es ser blandito con un grupo que abusa del poder y aplica violencia contra los más frágiles del país?
No Presidente. No son una “organización armada rebelde”. No hay que esforzar mucho la memoria para recordar la masacre de Machuca (1998), en Antioquia, en la que murieron calcinadas 84 personas. O el secuestro de 194 personas en la iglesia La María, en el Valle (1999).
La Comisión de la Verdad en uno de sus recientes informes concluye que el Eln se involucró en las economías ilegales del narcotráfico con estructuras como las del Catatumbo, Cauca, Chocó y sur de Bolívar. “Ya fuera cobrando un impuesto o controlando el negocio en su totalidad”, anota la Comisión.
Y como si fuera poco, en el congreso del Eln, de 2006, decidieron fundar el Frente de Guerra Urbano Nacional “para realizar ataques terroristas de alto impacto y apoyar a la movilización social”, dice también la Comisión. La misma movilización social de la que tanto habla Gustavo Petro, antes y después de ser presidente.
Dejemos de tratar a estos grupos criminales como si fueran adolescentes inconformes. Mientras más apegados estemos a la realidad mejores resultados se podrán tener en las negociaciones. De otra manera, la ingenuidad puede llevar a un estruendoso fracaso, esta vez con peores consecuencias que las de procesos fallidos anteriores.
Esperemos que el “desescalamiento del lenguaje” como lo llaman en el decreto se refleje rápido en lo más importante: en un desescalamiento de la violencia. De nada sirve utilizar frases diplomáticas si las balas y la mentira siguen acabando la vida de muchos colombianos.
Con mucha razón y una gran dosis de sarcasmo, el exrector de la Universidad Nacional Moisés Wasserman trinó: “Distinguidas y distinguidos damas y caballeros del ELN. Me dirijo a ustedes para solicitar, muy comedidamente, reconsideren su enérgica sugerencia a la población chocoana para no circular ni transportar sus alimentos. Todos les quedaremos infinitamente agradecidos por su gentileza”.
Por fortuna, la instrucción de Petro en el decreto fue solo para las autoridades del Gobierno Nacional y no una condición para todos los habitantes del país.