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No basta con identificar las cuatro Colombias ni con diseñar políticas diferenciadas: las regiones más rezagadas también padecen una debilidad crónica en su gobierno”.
El Banco Mundial publicó un informe que debería ser lectura obligada para todo candidato presidencial: Colombia: Disparidades regionales y el camino hacia la integración. La tesis central del informe es que Colombia no es una sola economía, sino al menos cuatro distintas según sus niveles de desarrollo, y entender las diferencias entre ellas debe ser clave para cualquier plan de gobierno.
La Región 1, compuesta por Bogotá, Antioquia, Cundinamarca, los santanderes, el Eje Cafetero, Boyacá, Valle del Cauca y Atlántico, concentra los mayores ingresos, la menor pobreza y más del 60% de la población del país. Luego está la Región 2, de departamentos petroleros como Meta y Casanare, cuyo PIB per cápita sobreestima su capacidad productiva real debido a su alta dependencia de hidrocarburos y minería. La Región 3 recoge departamentos de ingresos intermedios como Cauca, Huila y Bolívar, con un rezago frente a la Región 1 pero con algunas características que se le acercan. Y finalmente la Región 4, que incluye a Chocó, La Guajira, Amazonas y Vaupés, presenta los peores indicadores sociales y parece un país distinto a la Región 1 pese a albergar una riqueza natural cuyo valor de protección el propio informe estima en cerca de 40.000 millones de dólares anuales solo para la Amazonía colombiana.
El PIB per cápita de Bogotá es casi seis veces el de Vaupés o Vichada, la mayor brecha intrarregional de América Latina. Para ponerlo en perspectiva, Bogotá tiene niveles de ingreso comparables a los de Chile o países del este de Europa, mientras que Vaupés y Vichada se ubican en niveles comparables a los del 22% más pobre de los países del mundo.
Sin embargo, más allá de lo descriptivo —que no sorprende—, el informe da un buen diagnóstico sobre por qué Colombia no logra cerrar esas brechas: el país está atrapado en un círculo vicioso. La baja productividad en todos los sectores produce una transformación estructural lenta e incompleta, donde la agricultura sigue empleando al 16% de la fuerza laboral, la manufactura nunca despegó y el sector de servicios actúa como “empleador de último recurso” con baja productividad.
Quizás la imagen más elocuente del informe es su descripción de Colombia como “un país sin salida al mar con costas en dos océanos”. Los departamentos con economías más complejas y diversificadas, donde la actividad económica se concentra en grandes ciudades en mitad de las montañas, están ubicados lejos de los puertos. Enviar mercancías desde Bogotá hasta Barranquilla cuesta tanto como enviarlas desde Barranquilla hasta Nueva York: esa desconexión con los mercados internacionales perpetúa la baja productividad. Colombia tiene una relación comercio/PIB de apenas el 40%, lo que la convierte en una de las economías menos abiertas entre los países con más de 30 millones de habitantes, pese a tener acuerdos de libre comercio con más de 60 países.
Las principales ciudades colombianas son “de consumo” —orientadas más a servicios que a producción—, mientras que las zonas más dinámicas en el mundo están dominadas por “ciudades productoras”, con una alta proporción de empleo en manufactura y servicios transables. A eso hay que sumarle que Bogotá es una de las ciudades más congestionadas del planeta, dando como resultado lo que el Banco Mundial llama “aglomeración estéril”: las ciudades crecen, pero no generan las ganancias de productividad que deberían traer consigo.
Lo preocupante es que estas brechas no son nuevas y tampoco se están cerrando. Al contrario: la Región 4 está formando un “club” aparte cuya distancia con el promedio nacional crece cada década. Lo que se podría llamar el “triángulo dorado” de Colombia, la región que componen Bogotá, Medellín y Cali como vértices, ha crecido gracias a la economía de aglomeración, pero las regiones más remotas permanecen atrapadas en un ciclo de baja productividad, débil presencia estatal y aislamiento.
¿Qué sugiere el informe que debe hacerse? Primero, políticas para cerrar las brechas de oportunidades en educación, salud y agua. Segundo, políticas horizontales que incentiven el crecimiento: estabilidad macroeconómica, apertura comercial y grandes inversiones en infraestructura que eleven la productividad en todo el país —muy contrario a lo que se ha visto durante el gobierno de Petro—. Y tercero, estrategias de desarrollo diferenciadas para los “cuatro países” que hay en Colombia: la Región 1 necesita resolver su congestión y conectarse con los puertos, la Región 2 debe prepararse para un futuro sin petróleo, la Región 3 requiere fortalecer sus encadenamientos productivos con el resto del país, y la Región 4 necesita modelos donde proteger su naturaleza sea más rentable que talarla.
Pero hay un elemento que el informe sugiere y que en Colombia resulta determinante: la capacidad —o incapacidad— del Estado para ejecutar. No basta con identificar las cuatro Colombias ni con diseñar políticas diferenciadas: las regiones más rezagadas también padecen una debilidad crónica en su gobierno. Cualquier estrategia de desarrollo está condenada a diluirse entre la corrupción, la improvisación o el abandono.
Cerrar las brechas territoriales no es únicamente un desafío económico: es, ante todo, un reto de construcción de Estado. La experiencia internacional muestra que procesos exitosos como los de países de Europa del Este tras su integración a la Unión Europea no solo descansaron en inversión en infraestructura o apertura comercial, sino en un fortalecimiento decidido de las instituciones locales, y mecanismos estrictos de seguimiento y rendición de cuentas.
Colombia, en cambio, ha tendido a reproducir un patrón donde los recursos se ejecutan mal o se pierden en redes clientelistas. Así, el círculo vicioso no es solo productivo, sino también político: territorios pobres reciben políticas débiles, y políticas débiles perpetúan territorios pobres.
Ojalá este documento sirva de inspiración y como guía de trabajo y no termine, como tantos otros, archivado en un cajón.