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Los chats de Eva

Fue Petro quien le recomendó a Ferrer buscar el patrocinio de Ecopetrol y del Banco Agrario para imprimir un libro de fotografías de Mauricio Vélez, el fotógrafo cercano a Alcocer.

hace 41 minutos
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  • Los chats de Eva

Quizás una de las frases que mejor resume uno de los grandes problemas del gobierno de Gustavo Petro la escribió el propio expresidente: “El poder envenena”.

La frase aparece en los chats que Petro intercambió con Eva Ferrer, quien fue durante años amiga de Verónica Alcocer y en calidad de tal terminó nombrada como consejera presidencial. Y ahora, como no hay cuña que más apriete que la del mismo palo, se ha convertido en una de sus más implacables denunciantes.

Ya habíamos escrito aquí que el poder envenena. Y fue justamente durante el gobierno de Petro, refiriéndonos al entonces mandatario. Ahora vemos que él utilizó la misma expresión para describir el contexto en el que se movía la entonces primera dama. Lo preocupante es que la pronunció quien tenía en sus manos el antídoto y no hizo nada.

El 31 de mayo de 2023, según se lee en el chat, Ferrer le avisó al Presidente que en los medios se preparaba una historia sobre corrupción y reparto de cargos que involucraba a los primos de Verónica y a Agmeth Escaf. Dos semanas después fue más concreta. Le dijo que el primo, el diputado de Sucre Mario Fernández Alcocer, quería meterla en reuniones y contratos, entre ellos uno “con la empresa de gas de Barranquilla”. La respuesta de Petro fue de una sola línea: “Con cuidado. Creo que es gente corrupta”. No ordenó una revisión ni apartó a nadie. Pidió cuidado.

Cuando Ferrer le describió a Petro a su esposa como una “tirana”, alguien que solo gritaba y a quien nadie se atrevía a contradecir, Petro no la defendió ni corrigió a la consejera. Le dio la razón con la frase ya mencionada: el poder envenena.

Esos mensajes deberían ser parte de una investigación judicial. No puede ser que desde el Gobierno se hayan puesto de ruana el poder de la Casa de Nariño y no pase nada. Los chats se conocieron hace apenas una semana y la opinión pública parece haber hecho delete.

Los chats cuentan, además, cómo se gobernaba. Ferrer le escribió al Presidente que fue Manel Grau, catalán como ella, quien le pidió el cargo, con intimidaciones y amenazas contra su reputación. Petro le prometió a Ferrer otro puesto que nunca llegó. Es decir, un particular decidía quién se quedaba en el Gobierno y el presidente lo sabía.

Y no era cualquier particular: Grau, nacionalizado colombiano durante el gobierno Petro, parecía tener capacidad para sacar del cargo a una consejera presidencial. Todo funcionaba al revés.

Es como si Gustavo Petro hubiera utilizado la Casa de Nariño para complacer los caprichos de Verónica Alcocer, quien para ese entonces no era pareja del mandatario, según Andrea Petro, hija del expresidente. ¿En calidad de qué le daba Petro tanto poder? ¿Qué hay detrás? ¿Qué sabía Verónica?

Lo cierto es que Petro le dio a Verónica libertad para influir en la elección de funcionarios. A la dirección del ICBF llegó Concepción Baracaldo, vecina de la familia en Chía, quien reconoció que Alcocer la llamó para ofrecerle el cargo. A Artesanías de Colombia llegó Adriana Mejía, abogada de la familia. Al ministerio de Cultura llegó José Zorro, cercano a las clases de piano de las hijas de la pareja presidencial. Se habló entonces del “roscograma” de la primera dama y el Gobierno respondió con desdén.

Después vino lo más grave. Alrededor de Alcocer se movía el llamado clan de los catalanes, con Manel Grau y Xavier Vendrell a la cabeza. Ambos fueron nacionalizados colombianos durante ese gobierno. El expresidente de Hocol, filial de Ecopetrol, y hoy testigo de la Fiscalía, declaró que Grau le ofreció el respaldo de la primera dama para conservar su cargo a cambio de acomodar una o dos hojas de vida. Circula además un audio de 43 minutos atribuido a Grau que habla de cuotas y contratos.

Según los mensajes, fue Petro quien le recomendó a Ferrer buscar el patrocinio de Ecopetrol y del Banco Agrario para imprimir un libro de fotografías de Mauricio Vélez, el fotógrafo cercano a Alcocer. Y la propia Ferrer le pidió en abril de 2026 que designara a una persona de su confianza en la Notaría 38 de Bogotá. Nadie sale limpio de estos mensajes.

El final es el más revelador. El 1 de agosto de 2026, cuando se publicaron unos audios de Ferrer que antecedieron a la revelación de los chats, Petro respondió con vehemencia. No lo hizo para preguntar por los contratos ni por los primos, sino para reprocharle a Eva haber golpeado a “la mamá de mis hijos”. Después de años de alertas despachadas con respuestas escuetas, la única indignación que aparece en el chat es la del esposo, no la del jefe de Estado.

Ese es el retrato que dejan los chats: un presidente advertido de posibles irregularidades en el entorno de su esposa. Unos particulares con acceso y poder sorprendentes. Una primera dama cuya influencia desbordaba, y una examiga que decidió hablar. Ahora les corresponde a las autoridades determinar qué hubo detrás de los nombramientos, contratos y favores que aparecen en esos mensajes.

Porque Petro tenía razón en algo: el poder envenena. Lo que no ha respondido es por qué no aplicó el antídoto que tenía en sus manos.

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