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Tras diez años en el poder, y a pesar de todas las sanciones impuestas por la comunidad internacional, el engranaje que lo sostiene sigue aceitado por tres socios, o cómplices de la dictadura: China, Rusia e Irán.
La figura y legitimidad de Nicolás Maduro en la presidencia de Venezuela se desdibujan cada día más, especialmente después de lo sucedido en las elecciones del pasado 28 de julio. Sin embargo, tras diez años de estar en el poder, y a pesar de todas las sanciones impuestas por la comunidad internacional, el engranaje que lo sostiene sigue aceitado por tres socios internacionales, o podríamos decir cómplices de la dictadura, que contribuyen a la supervivencia del régimen.
Los gobiernos de China, Rusia e Irán le han dado no solo un respaldo político, sino que han sido los encargados de alimentar la economía paralela en una Venezuela cada vez más necesitada de un cambio. Maduro ha resistido la presión externa y las protestas internas porque cada uno de estos cómplices se ha encargado de solucionarle los problemas que van surgiendo para que un señor llamado Nicolás Maduro se quede con el poder sin que la opinión del pueblo se tenga en cuenta. Así, mientras Rusia le da apoyo en defensa y China en economía, Irán se encarga de solucionar asuntos varios que han ido apareciendo.
Aunque estas relaciones vienen desde la época del chavismo, con Maduro se han afianzado debido al valor estratégico que representa Venezuela para estos países. No solo es por su ubicación geográfica tan cerca de Estados Unidos, sino por el acceso militar y el apoyo político casi irrestricto que les ofrece, lo que les da una proyección estratégica en la región. Los tres gobiernos defienden constantemente, en oposición a las posturas de Occidente, la legitimidad de Maduro. No es de extrañar pues que el venezolano se refiera a ellos como “nuestra hermana Rusia, nuestra hermana China y nuestra hermana Irán”.
Un completo informe de la BBC muestra como los ejemplos de colaboración abundan y gracias a ellos el gobierno venezolano ha conseguido combustible, alimentos y otros productos para aguantar la crisis económica. China le concedió a Venezuela el mayor volumen de créditos de toda la región, en total unos 59.000 millones de dólares que Caracas garantizó con ventas de petróleo a futuro. Los chinos ya se han encargado de cobrar la mayoría, evadiendo las sanciones que Estados Unidos impuso en 2019 mediante toda clase de artimañas y ya solo les debe Venezuela 10.000 millones de dólares. De esta forma, el régimen ha conseguido algo de liquidez en los momentos críticos.
Pekín también ha facilitado toda clase de medidas de control social que el gobierno venezolano, ni corto ni perezoso, ha aplicado contra las protestas y la oposición: tecnología de vigilancia y ciberseguridad, equipos antimotines y tanquetas y hasta el infame sistema “carnet de la patria”, mediante el cual el gobierno otorga distintos tipos de ayudas económicas a los ciudadanos, desarrollado por una compañía china. Maduro ha correspondido a este apoyo en todas las áreas posibles, entre otras defendiendo el principio de Una China que reconoce a Taiwán como parte inalienable de esa potencia.
En cuanto a las relaciones con Rusia, vale la pena recordar que Venezuela se convirtió en el año 2000 en el mayor comprador de armas rusas en América Latina. Rosneft, la gran petrolera rusa, le ha dado a Pdvsa préstamos por $8.000 millones de dólares y se ha constituido en uno de los principales canales de comercialización del sancionado crudo venezolano. Los rusos les dieron también dos aviones cazabombarderos supersónicos, un centro de entrenamiento y mantenimiento de helicópteros, otro de simulación de aviones de combate y muchísimas otras cosas que mantienen a los militares bastante contentos. Y para calmar al pueblo por la escasez de alimentos, en 2017 los rusos le vendieron a Maduro 600.000 toneladas de trigo y en 2018 enviaron 300 toneladas de ayuda humanitaria con medicinas y alimentos. El régimen, en respuesta, nunca vota a favor de las resoluciones de la ONU que condenan la agresión rusa en Ucrania.
Con Irán, el asunto ha ido de intercambios y mucha sintonía en su hostilidad hacia Estados Unidos. Los iraníes han enviado componentes químicos para que Venezuela pueda producir gasolina y estos han pagado con oro, tanto de las reservas como del que extraen de las minas. Y cuando Maduro dejó al país sin posibilidades de transportar bienes esenciales de un lugar a otro, el régimen de los ayatolás envió técnicos y repuestos para reparar varias refinerías de Venezuela, ayudando así a incrementar la producción del preciado combustible.
Los iraníes también han abierto cadenas de supermercados por todo el país y le han suministrado a Venezuela drones armados, lanchas rápidas lanzamisiles y misiles antibuque. El arsenal que ha ido acumulando el país vecino es bastante llamativo. Y como si hiciera falta, Irán ha enviado miembros del Basij, la unidad de Voluntarios de la Guardia Revolucionaria Iraní para que entrenen a venezolanos en técnicas rápidas para reprimir levantamientos y movilizaciones. Los resultados han sido más que evidentes en estos años.
China, Rusia e Irán felicitaron a Maduro por su “triunfo” después de las elecciones. El resto del mundo continúa pidiendo las actas que el régimen se niega a entregar. Veremos hasta cuándo.