Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4
María Corina Machado sigue representando en muchos sentidos la esperanza para Venezuela. Un bastión moral de la democracia frente a la dictadura.
Una de las inquietudes más grandes que ha generado la intervención de Estados Unidos en Venezuela es cuál va a ser el papel de la oposición en este nuevo panorama que ya no incluye a Nicolás Maduro, pero sí al chavismo. La figura de María Corina Machado aparece en estos momentos un tanto desdibujada, no solo por las palabras del presidente Trump al referirse a ella sino por varios factores internos y externos que vale la pena tener en cuenta.
Si hay algo que ha intentado María Corina Machado desde hace años es tender puentes con diversos políticos estadounidenses. Este esfuerzo había dado sus frutos y el apoyo era constante. Pero las cosas fueron cambiando lentamente desde que Donald Trump llegó a la presidencia en este segundo periodo. Según el New York Times, altos funcionarios estadounidenses, incluido el secretario de Estado, Marco Rubio, convencieron a Trump de que Venezuela podría desestabilizarse aún más si Estados Unidos intentaba apoyar a la oposición. Y para respaldar su opinión esgrimieron un análisis de inteligencia de la CIA que reflejaba ese punto de vista.
Las posturas de Machado han sido siempre claras y frenteras. Por un lado, ha rechazado de manera categórica cualquier contacto con el gobierno que presidía Nicolás Maduro, y esta postura, con la que consiguió un gran apoyo por parte de los venezolanos, ha impedido a la vez que pudiera construir una coalición más amplia que le permitiera ascender al poder. Para el chavismo, movimiento que aún tiene una fuerte base electoral, una transición política con ella no es posible.
Machado también ha estado siempre de acuerdo con las sanciones como método de presión para asfixiar al régimen, pero ha olvidado, o por lo menos ignorado, a esa élite empresarial venezolana que se adaptó para seguir trabajando durante los 25 años que lleva el chavismo en el poder. Esa postura ha hecho sentir a muchos de los que decidieron quedarse que su esfuerzo no era valorado.
Según una encuesta de Datanálisis que se hará pública este mes, el apoyo a María Corina Machado ha caído casi 40 puntos, hasta el 34%. El año pasado, antes de las elecciones, llegó a tener niveles de aceptación popular muy elevados que alcanzaron el 60%. Según el sondeo, el 55% de los venezolanos se oponía a una intervención militar, y solo el 22% la apoyaba. Y en cuanto a las sanciones petroleras, el 55% de la población no estaba de acuerdo con ellas, mientras que un 21% sí estaba a favor.
Esto en cuanto a la situación interna. Luego está la distancia que se ha ido generando entre ella y altos funcionarios estadounidenses, escépticos sobre su capacidad para tomar el poder en Venezuela. Muchos consideran que no tiene ni las palancas del poder ni las instituciones para dirigir las riendas de una transición sin la ayuda de Estados Unidos.
El caso de Richard Grenell, enviado de Trump para Venezuela, sentó un precedente. Intentó reunirse con ella en Caracas ofreciéndole la protección de Estados Unidos pero Machado solo aceptó una videoconferencia. Le pidió una lista de personas presas que deberían ser liberadas pero ella no se la dio por temor a que la acusaran de favoritismos. Y tampoco supo expresarle ideas concretas que condujeran a instalar en el poder al gobierno elegido democráticamente en las las elecciones de 2024. Así las cosas, el informe que llevó Grenell a Washington no fue muy positivo y contribuyó a formar una opinión que Trump resumió así: “Es una mujer muy agradable. Pero no cuenta con el apoyo ni el respeto del país”. Palabras que por supuesto, han causado conmoción.
María Corina por su parte ha hecho todo lo posible por agradar a Trump. En diciembre le dedicó el premio Nobel de la Paz, y durante sus primeras declaraciones tras la operación que sacó a Maduro de Venezuela, volvió a decir que lo compartía con el presidente estadounidense. Machado sostuvo que la oposición que encabeza convertiría a Venezuela en un centro energético para las Américas, restablecería el Estado de derecho para garantizar la seguridad de la inversión extranjera y facilitaría el regreso de los venezolanos que huyeron del país durante el nefasto régimen de Maduro.
Por lo pronto, para esta fase que se está desarrollando en Venezuela, Estados Unidos no cuenta con ella. Eso no significa que a mediano plazo no pueda tener un papel destacado en el devenir del país. Pero si como van las cosas, la transición dura no meses sino años, tal vez no le llegue a María Corina su cuarto de hora en el gobierno. Lo cual sería algo frustrante teniendo en cuenta que, a través de Edmundo González, fue ella o su movimiento el ganador de las elecciones en 2024.
Ella está segura de que su movimiento, hoy, obtendría “más del 90% de los votos” en unas elecciones libres y justas. María Corina Machado sigue representando en muchos sentidos la esperanza para Venezuela. Un bastión moral de la democracia frente a la dictadura. Porque su constancia y su valor durante estos años de régimen implacable así lo han demostrado. .