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Editorial

Seguros con Hidroituango

Los estudios, rigurosos y especializados, indican a la aseguradora que deben cumplirse los contratos de seguro. Se despejan aún más los nubarrones que hicieron temer por el futuro del proyecto.
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Publicado el 18 de septiembre de 2019

La información confirmada ayer por el gerente General de EPM, Jorge Londoño de la Cuesta, de que la aseguradora Mapfre notificó que responderá por la cobertura de las pólizas contratadas para el proyecto de Hidroituango, significa no solo un alivio a la incertidumbre que sobrevolaba en EPM, la Alcaldía de Medellín y en la comunidad, sino que reitera que, pese a todas las vicisitudes, contratiempos y desastres, éstos estaban contemplados como riesgo asegurable, contrario a las acusaciones provenientes de múltiples sectores, algunos de ellos socios –desleales, por fortuna pasajeros– en el mismo proyecto.

La aseguradora, como era su derecho y su deber, agotó todos los estudios técnicos especializados, serios, rigurosos, para resolver que el contrato se ejecutará y se pagarán las pólizas. Las cifras no se han consolidado y sobre eso EPM hizo claridad ayer. Una cosa es el monto asegurado y otra puede ser la suma reintegrada, según los términos, condiciones y límites de las pólizas.

La noticia genera, además, gran confianza para el futuro de los programas de inversión social de la ciudad, si entiende que el presupuesto de Medellín depende, entre un 23 y 25 % de las transferencias de EPM, que este año sumaron $1 billón 289 mil millones, y en el cuatrienio fueron $4,9 billones.

Tales ingresos, para la próxima administración, no solo se mantendrán, sino que podrían ser superiores, con un estimado de $7 billones. Hay elementos que así lo hacen ver: buen manejo y resultados positivos de EPM y la entrada en operación de la hidroeléctrica.

Por supuesto, el máximo reto para el futuro alcalde será cuidar, con total celo, a EPM, mantenerla a salvo de la politiquería, la corrupción, garantizar su sostenibilidad financiera y darles la mejor distribución a las transferencias que le lleguen de la misma en sus planes sociales.

Para las comunidades alrededor de Hidroituango, en especial aguas abajo, donde hubo desalojos por la emergencia, el reconocimiento del seguro significa un alivio en cuanto al refuerzo de los recursos requeridos para que su reasentamiento se cumpla en condiciones adecuadas –entiéndase integrales-, que permitan subsanar procesos sociales de alta exigencia en vivienda, educación, empleo, emprendimiento e infraestructura pública destruida o deteriorada.

Un escenario adverso frente a las aseguradoras hubiese representado un mazazo para municipios que, además de los traumas comunitarios causados por la contingencia, sobreviven en el contexto de gobiernos con una planeación y ejecución presupuestal y administrativa precarias. Territorios impactados con frecuencia por fenómenos de corrupción y dinámicas de ilegalidad interesadas, precisamente, en desmoronar la institucionalidad, porque es en ese río revuelto de limitaciones e inequidad que se tienden las redes y carnadas de la delincuencia.

Los dineros provenientes de los seguros también permitirán, con selectividad, precaución y austeridad, no descuidar los compromisos de Hidroituango con la recuperación ambiental a lo largo del trazado de la obra. Sin esa plata se perfilaban un encogimiento presupuestal y una selección de objetivos prioritarios para paliar una crisis, en la que algunas reparaciones medioambientales hubiesen podido quedar desfinanciadas o relegadas al más largo plazo.

Había, y hay, una sensación comprensible de que Antioquia adquirió gran responsabilidad en “indemnizar” y soliviar las inversiones que requerirá la recuperación de las comunidades aguas abajo del proyecto, en otros departamentos del norte del país. Este escenario amplía y afianza las posibilidades de que Hidroituango en su conjunto se recupere, se haga viable y se convierta, en contraste con la situación crítica que vivió en 2018, en una megaobra que sea factor de desarrollo energético y social del departamento y del país.

Aunque se debe reiterar que por ahora se desconoce el monto final que reconocerá la aseguradora, este nuevo escenario aleja aún más la posibilidad del colapso y del fracaso. Si el plan de ajustes de ingeniería en la recuperación del control y terminación de la obra es el indicado, los recursos derivados de la póliza serán cruciales en el éxito final del proyecto hidroeléctrico más importante de Colombia en la primera mitad del Siglo XXI . Sin duda un gran éxito de EPM, sus directivos, los socios del proyecto y cada una de las personas que han dado todo por la salida exitosa de este reto que Antioquia y Colombia enfrentan unidos con la mirada en un norte con porvenir..

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