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Hace más de un siglo, Roald Amudsen y R. F. Scott protagonizaron un emocionante duelo para pasar a la historia. Hoy, la nueva era de la exploración antártica la lideran los científicos, que en nombre de la ciencia desafían el frío, el viento y el cansancio.
“El afán por descubrir sigue siendo el motor que empuja a los investigadores a viajar a la Antártida. Quizá, a diferencia de los grandes exploradores, hoy no queremos ir más allá en términos geográficos, pero sí en términos científicos”, dice a Efe el biólogo marino Renato Borrás.
Desde hace tres años, este investigador pasa meses en una aislada base del Instituto Antártico Chileno (INACH) situada en Cabo Shirreff, una lengua de tierra helada en la que conviven aves, pingüinos, focas y lobos marinos.
“Uno de los principales inconvenientes de hacer ciencia en la Antártida es el aislamiento y la soledad. Si te ocurre alguna emergencia es muy difícil que te puedan evacuar”, explica.
Como él, 3.700 científicos se trasladan cada año al continente...