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¿Realmente necesita ese reloj inteligente?

  • Las posibilidades de estar hiperconectado aumentan, pero esto tiene su impacto en el cerebro y en su rutina. FOTO SHUTTERSTOCK
    Las posibilidades de estar hiperconectado aumentan, pero esto tiene su impacto en el cerebro y en su rutina. FOTO SHUTTERSTOCK
Por laura tamayo goyeneche | Publicado el 03 de enero de 2020

Audífonos inalámbricos, altavoces con asistentes virtuales, relojes, neveras y televisores inteligentes. Cada vez hay más oferta de “wearables” o tecnología que se puede usar, así como de dispositivos que buscan camuflarse en la vida cotidiana, bajo la premisa de ayudar al trabajo, la salud y la comodidad de las personas.

Ante esta ola de lanzamientos y posibilidades, una corriente conocida como minimalismo tecnológico o digital propone moderar el uso de los dispositivos teniendo en cuenta los efectos biológicos a largo plazo de vivir hiperconectado, como la pérdida de la concentración, la memoria y los ciclos normales del sueño.

Autores como Cal Newport, escritor del libro Enfócate: consejos para alcanzar el éxito en un mundo disperso (2014); Anastasia Dedyukhina, escritora de Homo Distractus (2017), y Nicholas Carr, quien escribió Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (2010), plantean repensar el uso de tantos aparatos y regresar a lo básico, mejor dicho, preguntarse cuándo hay suficiente influencia de la tecnología en la vida diaria.

Mejorar la vida y no al revés

Una de las teorías fue expuesta por la rusa Anastasia Dedyukhina, doctora en Ciencias de la Comunicación de la Universidad Estatal de Moscú y creadora del proyecto Consciously Digital.

En una de sus charlas en TED titulada Could you live without a smartphone?, la investigadora explica que vivir en un mundo hiperconectado trae ventajas enormes como saber la forma más fácil para llegar a una dirección o inspirarse con la historia de vida de personas al otro lado del mundo, pero que “no por tener la nevera llena de comida hay que estar comiendo todo el tiempo”.

Dedyukhina añade que estar alerta a las notificaciones tiene un impacto negativo en la concentración del cerebro a largo plazo. Cuando los dispositivos dejan de ser una herramienta con un lugar fijo y van a todas partes con el usuario, decidir a qué prestarle atención es una tarea que se complejiza.

Sí, pero no, pero sí

Al revisar el potencial con el que están diseñados los equipos es válido preguntarse como usuario si la comodidad que ofrecen podría ayudar a evitar el estrés del trabajo o agilizar algunas tareas. Cuándo de verdad es importante sumar al celular y al reloj esos audífonos sin cables. Estos son algunos ejemplos que puede tener en cuenta para tomar la decisión.

Sergio Ramos, editor en el medio especializado Social Geek y aficionado a probar dispositivos de diferentes marcas, explica que una forma para saber si realmente se requiere un dispositivo inteligente adicional al celular y el computador es comparando las necesidades del usuario con el potencial del aparato.

Sobre los parlantes inteligentes, Ramos señala que son ideales para tener la mejor ruta para llegar a un sitio o tener claros compromisos de un día antes de salir de casa. Pero, precisa, los parlantes disponibles en el mercado todavía tienen limitaciones en el procesamiento del lenguaje en español, por lo que podría quedar subutilizado si solo se tiene para escuchar música. Tal vez ahí aún hay un no.

Respecto a los relojes inteligentes, este geek comenta que “el usuario debe ser curioso en monitorear los datos que recopilan de la vida diaria. Personas con un estilo de vida altamente deportivo o con riesgos cardiacos son las que más pueden aprovechar los análisis que arrojan estos aparatos”. Un smartwatch ayuda a optimizar el trabajo remoto (por ejemplo, reaccionar a mensajes urgentes mientras se está conduciendo y el teléfono está guardado), pero si su oficio le da la posibilidad de estar frente a una pantalla y tener conexión desde su celular, es posible que el dispositivo se quede solo en decoración. En el uso convencional: mirar la hora.

Si se dedica a las ventas o debe estar alerta a solicitudes con respuesta inmediata y está pensando en comprarse un reloj inteligente solo por ello, Ramos apunta a que podría ser una mejor opción usar audífonos inalámbricos. Esto porque gracias a la comodidad de su diseño, permiten recibir y contestar llamadas aún con el móvil lejos.

Además de la comodidad, la función más sofisticada a la que apuntan estos dispositivos es la de cancelación de ruido, por eso es recomendable para personas cuyo oficio exija altos niveles de concentración o que sean muy sensibles a sonidos externos.

Equilibrar la balanza

Otra forma para identificar qué tan necesarios son estos dispositivos es sopesando las ventajas y desventajas de incluir este tipo de tecnología en la vida cotidiana.

El investigador en comunicación digital Fernando Castro lo ilustra: “Yo me tengo que preguntar, ¿qué estoy ganando al recibir notificaciones 24/7. La ganancia es estar conectado a las realidades y necesidades laborales, sociales y políticas, pero qué pasa si esa notificación la veo una hora más tarde, ¿qué perdí o qué dejé de ser? Probablemente un segmento muy pequeño podría perder un negocio si no mira la notificación, pero no es algo que le pase a todo el mundo”, señala.

Castro afirma que las pérdidas de estar todo el tiempo conectado se ven traducidas en baja concentración y habilidades como la abstracción y el análisis. Esto porque existen neuronas de atención prolongada, que permiten hacer procesos de abstracción en el cerebro y neuronas de atención dividida, que hacen reaccionar a eventos inesperados, como las notificaciones o los accidentes. Entonces, continúa él, con tantos dispositivos enviando notificaciones constantemente, las neuronas de atención dividida tienen una carga muy alta y la atención a largo plazo se ve descuidada. Estos hábitos están modificando biológicamente y se pierden habilidades por falta de uso.

Si piensa que en el mundo convulsionado y vertiginoso de la actualidad es imposible trabajar o vivir sin celular, las siguientes son tres historias de personas que han decidido moderar el consumo de tecnología. No se trata de eliminarla completamente, argumentan, sino de ser minimalistas digitales: pocas redes sociales, solo los aparatos necesarios y un teléfono básico. Compare hasta dónde puede llegar usted.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS expandir el potencial humano

El investigador en tecnología y vida contemporánea Nicholas Carr advierte que el poder lo tienen los usuarios al tomar decisiones informadas en inteligentes sobre su consumo de tecnología. “Tenemos un importante elección al futuro: exigimos a las tecnologías que utilizamos que nos mejoren y que nos expandan o nos volvemos criaturas cada vez más pasivas que se limitan a que los dispositivos lo hagan todo, nos entretengan y nos distraigan. Es muy fácil entusiasmarse con la tecnología porque nos gustan las novedades pero cuanto más conscientes seamos de que existen dos tipos de tecnología y que depende de nosotros elegir entre ambas de forma inteligente estaremos mejor”, dijo Carr en entrevista con la compañía Vodafone.

ni tablets ni televisor

Catalina Arango, colombiana radicada en Francia hace 8 años, trabaja como profesora en una escuela de música. Tiene un smartphone con un plan de 2 euros al mes, que incluye mensajes de texto ilimitados, 60 minutos de llamadas y 50 megas de navegación que nunca se gasta porque utiliza WiFi. Solo tiene dos aplicaciones: WhatsApp y Facebook Messenger, que usa para comunicarse con amigos y familiares en el exterior. “Reviso Facebook desde el computador para enterarme de eventos culturales y sociales en mi ciudad, pero a veces pasan semanas en las que no lo miro porque siento que me canso mentalmente y pierdo el tiempo. No veo esa necesidad de estarme comunicando a través de un aparato, me gusta el contacto con las personas y por eso soy profesora. Tampoco tengo televisor en casa, las noticias las veo por Internet y prefiero utilizar mi tiempo lejos de pantallas”, dice.

celular, pero no inteligente

El francés Rafael Poryles es investigador en física y tiene 28 años. No usa WhatsApp ni mensajes de texto, él se comunica por correo electrónico con sus amigos, aunque tiene un Nokia para responder llamadas. Aprendió a hablar español cuando vivió en 2016 en México y cuenta que le sorprendió el uso de celulares en ese país. “En Francia todavía se puede sobrevivir sin teléfono”, pero advierte que “cada vez es más difícil”. Cuando Poryles viaja compra libros con mapas de las ciudades que visita. Si no hay, revisa en su computador la dirección a la que va y la memoriza o dibuja su propio mapa en un papel. “La gente da por hecho que tú tengas un smartphone porque son dependientes de eso. Yo pienso que si ya tengo Internet en mi casa es suficiente, no necesito estar conectado
todo el tiempo”, comenta.

trabajar sin un smartphone

Anastasia Dedyukhina lleva 4 años utilizando un celular básico marca Nokia, que sirve para llamadas y enviar mensajes de texto. Antes de decidir cambiar a este dispositivo, trabajaba en una empresa de tecnología en Londres, donde estaba tan conectada que dormía con el celular en la mano. “A veces sentía que el teléfono estaba vibrando en mi bolsillo, pero en realidad era yo la que estaba temblando”, cuenta en sus conferencias. Dedyukhina también tiene un smartphone sin tarjeta sim, que solo enciende para pedir Uber y descargar los pases de abordar de sus viajes. No se considera “antitecnología”, pues dirige su empresa Consciously Digital desde su computador portátil. Su trabajo consiste en asistir a foros y dar conferencias para ayudar a las personas a encontrar el equilibrio en un mundo hiperconectado.

Laura Tamayo Goyeneche

Quiero pasarme la vida aprendiendo cosas nuevas y me hice periodista para asegurarme. Escribo sobre tecnología y gastronomía en la sección de Tendencias.

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