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¿Recibiría el corazón de un cerdo? Hay escasez de donantes de órganos

Especies como cerdos solo nacerían, bajo vigilancia científica, para donar sus órganos a personas que los necesiten.

  • El cerdo vietnamita (Sus scrofa domestica) ha sido el donante predilecto para los experimentos con humanos. También ha habido buenos resultados con órganos de babuinos. FOTO sstock
    El cerdo vietnamita ( Sus scrofa domestica ) ha sido el donante predilecto para los experimentos con humanos. También ha habido buenos resultados con órganos de babuinos. FOTO sstock
13 de marzo de 2022
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El nacimiento de un cerdo es planeado en un laboratorio con el fin de tener un corazón para trasplantárselo a un humano. Solo necesita crecer hasta los seis meses.

Xenotrasplante es el nombre de esta práctica que consiste en la transferencia de órganos completos, entre dos o más especies distintas, con el fin de suplir alguna necesidad vital. En el caso de los humanos se trata de un procedimiento que se ha estudiado con la esperanza de tener una fuente permanente (o banco) de órganos dada la alta cantidad de individuos que están esperando uno para sobrevivir y la poca oferta que existe.

Hasta septiembre del año pasado, 2.946 personas en el país estaban a la expectativa de recibir un órgano donado. El número es alarmante teniendo en cuenta que hasta la misma fecha se habían logrado hacer solo 660 trasplantes, según datos del Instituto Nacional de Salud.

Solo un caso hasta la fecha

A inicios de este 2022, David Bennett, un paciente de 57 años con una enfermedad cardiaca terminal, se convirtió en el primer ser humano en recibir un órgano completo proveniente de una especie animal distinta al Homo sapiens: un cerdo vietnamita (Sus scrofa domestica) fue su donante.

El hombre murió dos meses después de la hazaña, sin embargo, por falta de evidencia aún no puede afirmarse si fue a causa del procedimiento médico. El Centro Médico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland (Estados Unidos), donde se hizo la intervención, no brindó detalles con respecto a metodologías, avances y consecuencias del procedimiento. Al principio fue catalogada como un éxito.

Desde los ensayos experimentales previos (que no incluían seres humanos), se sabía que uno de los mayores obstáculos a resolver era la respuesta inmune del organismo ante la identificación de un órgano ajeno. “Los avances en este campo no han ido tan rápido justo por eso, porque esa diferencia entre especies genera una respuesta fuerte del sistema inmunológico”, señala Cristián Mauricio Álvarez Botero, director del Laboratorio de Inmunología de Trasplantes y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

Fue a partir de esa dificultad que los investigadores exploraron la posibilidad de modificar genéticamente los órganos de la especie donante. Así, el corazón del cerdo termina siendo una mezcla híbrida entre porcino y humano.

El proceso de humanización

Aunque los cerdos son muy diferentes genéticamente, han sido los animales predilectos para procedimientos de este tipo, porque tienen ventajas sobre otros organismos como los primates no humanos (mucho más emparentados con el Homo sapiens).

Cristina Úsuga Monroy, docente investigadora del área de Genética Animal de Uniremington, explica que entre las bondades de los porcinos está que tienen un buen número de crías (entre cinco y seis), periodos más cortos de preñez, crecen más rápido y tienen órganos del tamaño apropiado para los humanos, además de que pueden mantenerse con costes bajos.

En esa misma vía, su comportamiento es tenido en cuenta. “Los chimpancés, por ejemplo, son mucho más parecidos a nosotros, pero lo son tanto que, cuando se aíslan y se ponen en cuarentenas (como parte del proceso de experimentación), para que no entren en contacto con virus o bacterias, se inmunosuprimen, se enferman, no resisten porque son especies de contacto, de grupo como nosotros”, complementa Rodrigo Urrego Álvarez, PhD en Ciencias Animales y docente de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad CES.

Para remediar los abismos genéticos, los científicos deben realizar hasta 10 modificaciones a nivel embrionario (cuando aún no ha desarrollado órganos ni sistemas) en el genoma del cerdo. Algunas se hacen para que el corazón se parezca al humano, otras para que el mismo no siga creciendo dentro del receptor y otras para disminuir la posibilidad de rechazo inmunológico.

El proceso se enmarca en la Ingeniería Genética, continúa Urrego: “Imaginemos un texto que está en español y otro que está en inglés. Lo que empiezo a hacer es llevar palabras de un texto a otro. Más o menos así se toman los genes del ser humano, se ‘cortan’ y se llevan al genoma del cerdo”, quedando así un cerdo con un corazón ligeramente humanizado.

David Bennett no fue el único en estar cerca de un proceso favorable. En 2021, una paciente con muerte cerebral recibió un riñón de cerdo.

El ejemplar, modificado genéticamente, funcionó en su organismo durante 54 horas. Pese a ser poco (en comparación con los dos meses logrados por Bennett), para ese momento los investigadores calificaron el hecho como un éxito, con “mejores resultados de los que se esperaban”.

Urrego opina que, aunque el paciente que tuvo su corazón porcino durante dos meses falleció, “no se trata de un fracaso, sino de una experiencia que permite sacar enseñanzas y ajustar los protocolos para que este tipo de trasplantes tengan una mayor probabilidad de éxito”.

Así mismo, Álvarez enfatiza: “Todavía estamos lejos de tener una terapia como esta, las investigaciones van por buen camino, pero sigue siendo un proceso experimental”.

¿Está bien hacerlo?

La discusión bioética en torno a la posibilidad de que los seres humanos “críen” en laboratorios animales para su propio beneficio sigue abierta. “Se trata de una balanza entre la necesidad de suplir órganos para personas que tienen su vida comprometida por falta de donantes y la producción de individuos genéticamente modificados con ese fin”, expresa Úsuga.

En un sentido similar, y aunque se cuentan con protocolos para mantener al máximo las condiciones de seguridad, está la posibilidad de que este tipo de estudios den cabida a zoonosis (enfermedades infecciosas que pasan de animales a humanos), debido a la manipulación y el cruce de los mismos.

Las discusiones como estas se llevan a cabo de forma regular en los comités de ética científica, en los que se evalúan además los derechos que tienen los animales, el sufrimiento que pueden padecer y si hay o no desarrollos tecnológicos (con menos costes y resultados más efectivos) que permitan prescindir de su manipulación.

Por ahora, la preocupación inmediata es clara: la necesidad de tener alternativas a la mano para suplir la escasez de órganos y salvar vidas, con un margen de éxito amplio. “A futuro se espera que haya mejores y más procesos a nivel biotecnológico y molecular”, finaliza Úsuga, “de manera que puedan generarse órganos que, al establecerlos en los pacientes, generen tasas de rechazo muy bajas”.

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