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50 años de un Jardín Botánico que abraza a Medellín

El 19 de abril cumplió 50 años de ciencia, pero también de historias. La celebración se extenderá por un año.

  • En el Orquideorama no solo se albergan eventos, también hay colecciones de plantas.
    En el Orquideorama no solo se albergan eventos, también hay colecciones de plantas.
  • 50 años de un Jardín Botánico que abraza a Medellín
Publicado el 01 de mayo de 2022

Las cattleyas, laelias y dendrobios que hoy se pueden ver en el Jardín Botánico fueron algunas de las especies que los asistentes al VII Conferencia Mundial de Orquideología pudieron contemplar el 19 de abril de 1972, cuando el Jardín abrió sus puertas oficialmente para recibir a las 62 delegaciones de Colombia y otros 15 países, que se encontraron para exhibir las orquídeas más bellas del mundo.

Esa vocación científica ha acompañado al recinto desde entonces, cuando recibió el nombre de Joaquín Antonio Uribe, un apreciado naturalista de la región, y comenzó a construir sobre los tres pilares que mantiene hoy: la investigación, la educación y la conservación de la biodiversidad colombiana. Bajo esta línea logró abrir el Herbario, el quinto más importante del país; la Casa de las Mariposas Forja Bolívar, donde se pueden observar alrededor de 250 mariposas en vuelo; el Sendero de Plantas Prehistóricas Álvaro Cogollo Pacheco, que alberga fósiles vegetales; el Laboratorio de Agricultura Urbana, donde se enseña de dónde vienen los alimentos; el Jardín del Desierto y la Laguna Francisco José de Caldas, para la observación de fauna y flora de ecosistemas específicos.

Sin embargo, esta no es la única forma en que los medellinenses se relacionan con el lugar. También es un espacio de encuentro y esparcimiento, escenario de fotos de quince años, picnics y primeros besos. “Cuando pregunto sobre el primer recuerdo en el Jardín Botánico, lo tienen que buscar en el corazón y no en la cabeza”, dice la directora ejecutiva Claudia García.

Instantáneas del recuerdo

El Jardín, antes de ser Botánico, era un sitio a donde “iban los señores de la Villa en coche o a caballo por el camellón de Bolívar o por la carretera del norte, a tomarse sus copetines con mujeres hermosas y generosas, conversar, hacer negocios y concertar alianzas matrimoniales”. Allí quedaba la casa de baños El Edén, en la finca de don Víctor Arango y luego de las hermanas Emilia y Mercedes Arango P. Eso dice un documento de la biblioteca, el primer registro que se tiene del espacio a finales del siglo XIX.

Cuenta la historia en el sitio web del Jardín, que El Edén comenzó a decaer cuando se prolongó la ruta del tranvía hasta Bermejal, donde se crearon otros establecimientos más atractivos, pero en 1913, con motivo de la conmemoración de la independencia antioqueña, se ideó un bosque en el mismo terreno. Allí se ubicó “el primer hipódromo de la ciudad, con una pista doble de carreras de caballos. Aprovechando las aguas existentes, se creó un lago donde los visitantes podían pasear remando en barcas. Cerca se construyó un edificio para el bar, el restaurante y la pista de baile. En lo que hoy es el Salón Restrepo, un sitio de eventos, funcionaba una pista de patinaje. Además, el Bosque de la Independencia contaba con vivero, canchas de tenis, trencito, juegos infantiles, un incipiente zoológico y hasta el servicio de venta de animales domésticos (perros y gatos)”.

Así como hoy se compran y venden libros, se habla de periodismo, suenan artistas internacionales y se organizan matrimonios, a principios del siglo XX, El Bosque fue escenario de celebraciones patrias, competencias náuticas y de pesca, carreras de encostalados, concursos con vara, retretas y representaciones teatrales o folclóricas, que se hacían en una concha acústica.

Cuenta Juan David Fernández, curador de colecciones vivas, que con la Constitución de 1991, el Jardín dejó de recibir algunos auxilios por parte del Estado, porque era una fundación privada con participación pública, sus fundadores incluían a la Alcaldía de Medellín, pero también a la Sociedad de Mejoras Públicas, el Club de Jardinería y la Sociedad Colombiana Orqueología. Con las reformas constitucionales, no podía entrar capital público directamente como antes, por lo que comienza una gran crisis económica que duró casi quince años y representó un lento deterioro que lo dejó al borde del cierre. Hasta que en la administración de Sergio Fajardo, se determina que esta zona del norte de la ciudad será un eje de desarrollo y el Jardín comienza a ser parte de un plan maestro. Primero debe ceder parte de sus terrenos, pero después recibe una inyección de capital que posibilitó una reforma total.

En ese momento el Jardín comenzó a ser contratista de las diferentes dependencias de la administración municipal y empezó a aplicar sus investigaciones en la configuración del paisaje urbano, sembrando especies nativas que recuperaran los ecosistemas, mejoraran el clima, la calidad del aire, y al mismo tiempo, potenciaran la necesaria fauna urbana.

La renovación del Jardín lo convirtió en un símbolo más de la transformación arquitectónica de la ciudad de principios del siglo XXI, con el Orquideorama, que en su diseño imita un bosque, y da a entender la interdependencia de los seres vivos que habitan la Tierra, como una gran colmena.

El antropólogo colombocanadiense Wade Davis recordó en la charla sobre su libro Magdalena. Historias de Colombia (que se hizo en el primer evento conmemorativo el 19 de abril), que tuvo la oportunidad de visitar el Jardín en los años 70, para luego volver en la primera década del siglo XXI y ver la importante transformación que se había llevado a cabo. Esta pasó de ser una zona de talleres de automóviles a un eje que comprende la peatonalización de Carabobo, el Parque Explora, el Planetario, la Casa de la Música, el Parque de los Deseos, la Universidad de Antioquia, el Parque Norte, hasta Ruta N, el Museo Cementerio San Pedro, el Museo Pedro Nel Gómez y la Casa de la Cultura de Moravia.

Tejido de futuro

La celebración del 50 aniversario llega en un momento agridulce. Por un lado, el Jardín está empezando la recuperación económica luego de la pandemia, la disminución de algunos contratos y las afectaciones por temas de orden público. En 2021, la entidad cerró con pérdidas calculadas en $1.900 millones de pesos que, en comparación con las reportadas en 2020, disminuyeron en un 25 %. Aunque no se ha vuelto a los números positivos, la situación es favorable, en especial por el apoyo de empresas e individuos. “Recibimos un abrazo muy poderoso de los ciudadanos, de las empresas privadas, de los medios de comunicación, de las organizaciones en general. Nos rodearon de una manera muy bonita y eso también nos llevó a tener una oportunidad linda de que la gente nos manifestará su entendimiento frente a la labor que nosotros hacemos”, agradece García.

Al ser una entidad sin ánimo de lucro, cada excedente que genera el Jardín se reinvierte, no solamente en estas actividades de ciencia, educación y conservación, sino en garantizar una taquilla gratuita para todos los estratos. La administración pública subsidia la entrada de las personas de estrato 1, 2 y 3, quienes representan al 80% de los ingresos, pero los excedentes del Jardín pagan la entrada del resto, para que en la fila todos tengan “los mismos derechos, los mismos deberes y las mismas oportunidades de conocimiento, independiente de sus antecedentes socioculturales, económicos y académicos. Pasamos la puerta del Jardín Botánico y todos estamos en el mismo punto dispuestos a aprender”, explica García.

Con el regreso del contrato para el cuidado de los jardines urbanos, el Botánico tuvo la oportunidad de extenderse de nuevo por toda la ciudad, pues no se trata únicamente de ser un pulmón en el norte, tener una labor investigativa que vela por la riqueza más importante del país, o apoyar en la educación medio ambiental de todos los ciudadanos, sino de ser una presencia constante en la vida de todos los habitantes del Valle de Aburrá, para devolver ese abrazo y sostenerlo en el tiempo.

El Jardín Botánico cumple 50 años

1. La escultura de la Madremonte es de José Horacio Betancur. 2. La orquidea de la vainilla es una de las especies que alberga el Jardín y ha tenido un resurgimiento. 3. El espacio también se usa para fotos familiares, en este caso solo es necesario pedir autorización, para temas comerciales sí se debe firmar un contrato. 4. El árbol que da la bienvenida al Jardín es una ceiba de los tiempos del Bosque de la Independencia. 5. El herbario tiene varias muestras tipo, las primeras que se tomaron al descubrir una especie. FOTO Edwin Bustamante

María Antonia Giraldo Rojas

Periodista cultural del área de Tendencias de EL COLOMBIANO.


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