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Katalin Karikó, la bioquímica que fue rechazada hace 30 años por su trabajo y ahora es Nobel de Medicina

La Universidad de Pensilvania, donde sigue trabajando, le negó un ascenso en la década de los 90 pese a sus contribuciones. Ahora, su trabajo pionero, que allanó el camino para las vacunas Pfizer/BioNTech y Moderna de covid-19, le valió el Premio Nobel de Medicina.

  • Katalin Karikó, de 68 años, ya había ganado el premio Breakthrough y el premio L’Oreal-UNESCO para mujeres en la ciencia, entre muchos otros. FOTO: Cortesía Peggy Peterson, Universidad de Pensilvania
    Katalin Karikó, de 68 años, ya había ganado el premio Breakthrough y el premio L’Oreal-UNESCO para mujeres en la ciencia, entre muchos otros. FOTO: Cortesía Peggy Peterson, Universidad de Pensilvania
03 de octubre de 2023
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La persistencia de la bioquímica húngara Katalin Karikó y el médico estadounidense Drew Weissman al investigar el ARN mensajero celular le valieron muchos sacrificios y algunos tropiezos, coronados el lunes con el Premio Nobel de Medicina por el desarrollo de las vacunas contra el covid-19.

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La científica húngara Karikó, de 68 años, pasó gran parte de la década de 1990 escribiendo solicitudes de subvención para financiar su investigación sobre el “ácido ribonucleico mensajero”, moléculas genéticas que indican a las células qué proteínas producir, esenciales para mantener nuestros cuerpos vivos y saludables.

Ella creía que el ARN mensajero era la clave para tratar enfermedades en las que tener más proteína del tipo correcto puede ayudar, por ejemplo, a reparar los tejidos del cerebro después de un derrame cerebral. Pero la Universidad de Pensilvania, donde Karikó estaba a punto de obtener una cátedra, decidió ponerle un freno después de que varias subvenciones fueran rechazadas.

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“Era la candidata para un ascenso y luego simplemente me degradaron y esperaban que me fuera”, dijo a la AFP en una entrevista desde su casa en Filadelfia, Estados Unidos, en diciembre de 2020.

Ahora, su trabajo pionero, que allanó el camino para las vacunas Pfizer/BioNTech y Moderna de covid-19, le ha valido el Premio Nobel de Medicina.

Aunque Karikó no quiere darle demasiada importancia al Nobel, como mujer nacida en el extranjero en un campo dominado por los hombres, muchas veces se sintió subestimada: recuerda que la gente se le acercaba después de las conferencias y le preguntaba: “¿Quién es su supervisor?”.

“Siempre pensaban: ‘Esa mujer con acento debe de tener detrás a alguien más inteligente o algo así’”, dice. Sin embargo, el Nobel no es más que el último galardón para Karikó, que ha ganado el premio Breakthrough y el premio L’Oreal-UNESCO para mujeres en la ciencia, entre muchos otros.

No creía que había ganado el Nobel

Tras escuchar el anuncio del Nobel, Karikó recordó a su madre, que siempre creyó en ella pese a las decepciones. “Ella escuchaba (los anuncios del comité) cuando yo todavía no era profesora, hace ya diez años. Me decía ‘Igual pronunciarán tu nombre, escucharé cuando hagan ese anuncio’”, dijo a la radio sueca SR.

“Lo escuchaba todos los años. Desafortunadamente, hace cinco años murió a los 89 años. Quizás nos escucha desde el cielo”, afirmó.

La bioquímica húngara contó a la radio sueca que al principio no creyó la noticia, reaccionando con una carcajada ante el anuncio del jurado del comité Nobel del Karolinska Institutet. Embargada por la emoción, terminó exclamando: “Creo... ¡Creo [que es] increíble!”.

Avances y vacunas

A finales de la década de 1980, gran parte de la comunidad científica se centraba en el uso del ADN para administrar terapia génica, pero Karikó creía que el ARN mensajero también era prometedor, ya que la mayoría de las enfermedades no son hereditarias y no necesitan soluciones que alteren permanentemente la genética.

Pero primero tuvo que superar un problema importante: en experimentos con animales, el ARN mensajero sintético provocaba una respuesta inflamatoria masiva cuando el sistema inmunológico detectaba un invasor y se apresuraba a combatirlo.

Karikó, junto con su principal colaborador y coganador Drew Weissman, descubrieron que uno de los cuatro componentes básicos del ARN mensajero sintético estaba defectuoso y pudieron superar el problema cambiándolo por una versión modificada.

Publicaron un artículo sobre el avance en 2005. Luego, en 2015, encontraron una nueva forma de administrar ARN mensajero a ratones, utilizando una capa grasa llamada “nanopartículas lipídicas” que evita que el ARN mensajero se degrade y ayuda a colocarlo dentro de la parte correcta de las células.

Ambas innovaciones fueron claves para las vacunas contra covid-19 desarrolladas por Pfizer y su socio alemán BioNTech, donde Karikó es ahora vicepresidente senior, así como para las inyecciones producidas por Moderna.

Sida y coronavirus

El estadounidense Weissman, de 64 años, galardonado el lunes junto a Karikó, no tiene intención de detener sus investigaciones.

Sus nuevos objetivos incluyen ahora la búsqueda de una vacuna contra todos los coronavirus. “Ha habido tres pandemias o epidemias (de coronavirus) en los últimos 20 años”, explicó en una entrevista con AFP en septiembre de 2021. “Tenemos que asumir que habrá otras”, añadió.

“Podemos esperar a la próxima epidemia o pandemia de coronavirus y pasarnos un año y medio creando una vacuna. O podemos crear una ahora y tenerla disponible o incluso utilizarla ya”, explicó el inmunólogo de la Universidad de Pensilvania.

Weissman nació en Lexington, Massachusetts, en el noreste de Estados Unidos, donde sus padres –un ingeniero y una asistente dental– se habían trasladado para poder enviar a sus hijos a buenas escuelas públicas.

“Cuando tenía 5 años me diagnosticaron diabetes de tipo 1. En aquella época, nos hacían análisis de orina y nos inyectábamos insulina varias veces al día”, recuerda, viendo en ello una posible explicación a su elección profesional.

Estudió en la Universidad de Brandeis y se doctoró en inmunología en la Universidad de Boston. Trabajó sobre el virus del sida en el laboratorio del famoso inmunólogo Anthony Fauci, antes de aterrizar en la Universidad de Pensilvania, donde conoció a Karikó.

“Empezamos a trabajar juntos en 1998, sin mucha financiación ni entrada en el mundo de las revistas científicas”, cuenta. Weissman, médico de formación, dejó de atender pacientes recién a mediados de la década de 2010. Le emociona la idea de que su invento podría haber ayudado a salvar cientos de millones de vidas.

Más allá de las vacunas, la tecnología del ARN mensajero también destaca por su potencial para revolucionar la medicina a todos los niveles.

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