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    Familias enteras en busca de un futuro mejor Santiago de Chile

    La tierra prometida.

    Incendio en cité en la calle Esperanza. Foto: Bomberos Santiago

    Eran las 5:00 de la tarde del 19 de noviembre de 2014 y el comandante de bomberos de Santiago de Chile, Rubén Ahumada y su equipo, ya no tenían esperanza de encontrar a alguien con vida. Marcaron dos lugares en la casa número 11 donde estaban los muertos. Minutos antes, una mujer de 76 años, identificada como María Eugenia Muñoz Orellana, había entrado a rescatar a su perro de las voraces llamas.

    No se sabía nada de ella, solo que era la dueña de la casa incendiada. La residencia ubicada en la calle Esperanza, del barrio Yungay de Santiago, era un cité (inquilinato) en el que dormían 15 familias peruanas, bolivianas, colombianas y chilenas en distintos compartimentos, mal llamaban habitaciones.

    El incendio, producto de una explosión de una pipeta de gas, fue atendido por 16 compañías de bomberos y más de 120 voluntarios, 9 de ellos heridos. Afectó tres cités ubicados en la misma calle, consumió 17 viviendas y dejó más de 100 damnificados entre ellos 50 migrantes, que fueron alojados en el Estadio Víctor Jara de Santiago, habilitado como albergue.

    El incendio en la calle Esperanza, del barrio Yungay de Santiago dejó 17 viviendas en cenizas.

    Caninos encontraron a María muerta en la cocina de la vivienda tras más 24 horas de búsqueda. Se necesitó de una máquina retroexcavadora para remover un metro y medio de madera y restos quemados que la aplastaron. Un día después encontraron a Luis Concha, un migrante de 57 años identificado por su pareja por una medalla que colgaba de su cuello. Era la segunda víctima fatal que subarrendaba una pieza a María. Dos migrantes resultaron intoxicados por inhalación de humo. El resto quedaron ilesos pero perdieron todo.

    Vecinos retiran escombros tras el incendio. Foto: Bomberos Santiago
    Cité Capitol, uno de los más famosos en la avenida Independencia Foto: @ilovestgo

    Este incendio es uno de varios que han revelado la precaria realidad de los migrantes que viven en los cités en Santiago. En la Región Metropolitana hay 800. De esos, 77% se sitúan en la comuna de Santiago, 7% en Independencia y 4% en Estación Central y Recoleta, según un estudio del Observatorio de Ciudades de la Universidad Católica.

    Cabe resaltar, que en la Región Metropolitana se concentra el 64% de migrantes que llegan al país, de los cuales hay 17.181 colombianos (el 62% de los que residen en Chile), según datos de la PDI ( Policía de Investigaciones de Chile). La cifra no oficial habla que hay más de 30.000 colombianos viviendo en esta región.

    Estos nacionales que llegan a Santiago de Chile se asientan primero en estos cités del casco histórico por su gran cercanía a los locales comerciales y servicios, donde consiguen sus primeros trabajos y regularizan su situación migratoria. Al año buscan otros sectores.

    Las cuatro comunas, según la PDI, que más colombianos agrupan son: Santiago con 6.150, Independencia con 1.006, Las Condes con 726 y Estación Central con 637. Hay otras como Ñuñoa, La Florida, Maipú, Quinta Normal, Recoleta y Providencia, que también son muy habitadas por colombianos.

    En estos cités los colombianos viven sus primeros días entre el frío y la angustia. En viviendas consideradas patrimonio histórico, compradas por chilenos o arrendadas por extranjeros. Un casa de cinco cuartos puede ser dividida en 20 pequeños cubículos donde viven hacinados migrantes. Tienen un solo baño, una sola instalación eléctrica y hace más de 80 años se consideraban seguras pero ya no se sabe, lo que las vuelve una bomba de tiempo.

    Cité callejón en Estación Central. Foto: @Anita_GomezA

    Por otro lado, el hacinamiento multiplica las enfermedades. Los casos de tuberculosis han aumentado y muchos señalan a la migración como la causante. De 200 personas sometidas a tratamiento de tuberculosis en los consultorios del Servicio de Salud de la Región Metropolitana el 60% son extranjeros . “El programa de tuberculosis está fuertemente ubicado en Santiago y Estación Central porque hay más inmigrantes. Es una enfermedad que pudo aumentar su tasa producto de una migración”, afirmó el director de APS (atención Primaria del Servicio de Salud), Orlando Durán, al Mercurio.

    Una ilusión que se derrumba

    El peluquero valluno Jesús Antonio Benavides va a cumplir tres meses en Santiago. Está en un cité como estos en Maruri con Rivera en la comuna de Independencia. "Es una especie de inquilinato y vivo junto a 16 familias, peruanas, bolivianas y colombianas. Es una piecita para cada persona... estamos obligados a hacer aseo en el baño y la casa una vez cada semana", cuenta Jesús.

    Jesús Antonio Benavides,migrante de El Dovio, Valle. Comparte el baño con 15 familias. Foto: Santiago Cárdenas

    Decidió entonces volver a El Dovio, pero tampoco era una solución. En 2015, comenzó a intercambiar mensajes con una amiga colombiana que vivía en Santiago. Ella lo convenció de viajar. Le habló de cuánto se ganaba y cuánto podría enviar a Colombia. Le habló de la ciudad, de los parques, de la seguridad y le envió varias fotografías de donde vivía. La sorpresa cuando llegó: el sueldo era muy bajo y la vida muy costosa.

    Jesús dice que Chile es un país muy frío. A veces amanece enfermo. En el invierno recuerda que dormía en un colchón regalado y se cubría con una cobija tan delgada que el frío lo dejaba sin poder mover las piernas. "En dos ocasiones no he sentido las piernas debido al frío y he tenido que pedir ayuda", relata.

    Jesús dormía en este colchón azul en sus primeros días, aguantaba frío y lloraba mucho. Foto: Santiago Cárdenas

    Sus únicas pertenencias en ese cubículo que llama habitación son: una mesa de noche prestada, un televisor de perilla que le regalaron, un calentador de pan tajado que se encontró y una cama de segunda que se compró. En el cité donde vive escucha llorar todo el tiempo a niños peruanos y bolivianos que se quedan encerrados todo el día. Eso exaspera a Jesús. "No fue como me lo pintaron. Y fuera eso me dejaron aquí tirado", exclama decepcionado.

    Un calentador de pan y un viejo televisor son sus únicas posesiones. Foto: Santiago Cárdenas

    Este valluno extraña todos los días a sus hijos y a su mujer: "Hablo muy poco con ellos porque trato de que no se enteren de lo que vivo y sufro acá. Cuando hablo con mis hijos me da mucho sentimiento y lloro. Mejor les cuelgo", declara con sus ojos encharcados.

    A Jesús sus compañeros le pagaron la máquina para cortar el cabello, todavía la está pagando. Foto: Santiago Cárdenas

    Jesús ahora se lo pensaría dos veces antes de ir a Chile: "El sueño americano existe allá, pero acá no existe el sueño chileno. Porque tu acá vienes es a subsistir, a tratar de vivir. Si uno supiera cómo es esto no se vendría para acá. Ahora me toca devolverme y no sé cómo voy a hacer", concluye con su mirada perdida Jesús.

    Nombres propios de la mala fama colombiana

    Son pocos los colombianos que resisten los primeros meses de frustración. Algunos que no aguantan la presión delinquen o se prostituyen en las calles. Las bandas de colombianos se apoderaron de varios puntos de microtráfico en la Región Metropolitana y trajeron modalidades criminales como el gota a gota y la clonación de tarjetas.

    El pionero del préstamo gota a gota fue Edilberto Oliveros Correa alias "Mundo Malo", un exmiliciano de las Farc en Medellín y excabecilla de "La Oficina", con orden de captura de un juzgado antioqueño. Este hombre llegó a Santiago de Chile el 14 de enero de 2014 ingresando por el aeropuerto Marino Benítez con todos los documentos en norma y sin requerimientos legales.

    Edilberto Oliveros Correa, alias "Mundo Malo", el creador del gota a gota en Chile.

    Según el jefe nacional de extranjería de la PDI, prefecto inspector Alfredo Chiang, a "Mundo Malo" se le señalaba de haber montado una tenebrosa red de prestamistas informales dedicados al gota a gota, que es el otorgamiento de créditos con un altísimo interés y que ante un incumplimiento de pago implicaba agresiones, amenazas y hasta la muerte.

    La red de "Mundo Malo" operaba en las ferias libres (mercados) y pequeños comercios de toda la Región Metropolitana. "Los prestamistas cobraban todos los días de martes a domingo. Si pedías 50.000 pesos te cobraban durante 20 días 3.000, si pedías 100.000 pagabas 6.000, 150.000 te cobraban 9.000 y 200.000 pues 12.000 y así. Nadie los delataba", recuerda un comerciante de una feria de Maipú, sobre una modalidad que pareció desaparecer en la región.

    Fanny Grueso Bonilla, alias “la Chilly”, descuartizadora de Buenaventura se escondía en Chile.

    La PDI comenzó los seguimientos a "Mundo Malo" y desbarató su banda de prestamistas. Oliveros fue capturado en una residencia en la calle Independencia en la comuna de Puente Alto y fue expulsado en julio de este año.

    Otra delincuente prófuga que encontró salida en Chile fue Fanny Grueso Bonilla, alias “la Chilly", una de las mujeres más peligrosas de "los Urabeños", que estaba en el cartel de las más buscadas en el Valle del Cauca por tener una casa de pique en el barrio San José de Buenaventura. Esta mujer, de 32 años de edad, vivía en Chile desde 2013 cuando entró clandestinamente por Colchane tras pagarle a dos peruanos para ingresar.

    "La Chilly" llegó a Santiago a una casa habitada por ciudadanos extranjeros en un edificio de Santiago Centro. Allí conoció a un colombiano e inició una relación amorosa. Mantenía un perfil bajo y pocas veces salía de su casa. Se ganaba la vida a través de ventas en ferias y aprovechaba el dinero que le daba su pareja. Extranjería detectó su ingreso ilegal, la denunció y así conoció su prontuario criminal en Colombia. "La Chilly" fue expulsada del país el 25 de septiembre de 2014.

    La llegada de esta clase de colombianos con su pasado oscuro ha permeado todos los negocios criminales en Chile. Uno de ellos es el microtráfico, pues las bandas delincuenciales de colombianos manejan buena parte de la venta directa y la distribución de la droga. La materia prima sigue siendo aportada por narcos bolivianos, mientras los chilenos son los peces gordos, empresarios que financian el negocio. La droga que ingresa desde Bolivia por el norte de Chile es distribuida en Santiago y La Serena. El kilo de clorhidrato lo pagan a siete millones de pesos chilenos en Santiago para luego distribuirlo en las comunas del sur y el centro, según la Unidad Antinarcóticos de carabineros de Chile.

    En estos expendios, los colombianos han sido detenidos por vender coca, marihuana y pasta base, en la zona céntrica de Santiago, en barrios asentados como San Pablo, Quinta Normal o en comunas populares del sector sur como San Joaquín, La Bandera, Puente Alto, El Bosque, San Bernardo, La Cisterna y La Pintana donde el abandono del Estado es evidente. En un barrio del sur de la comuna San Joaquín, conocido como La Legua, de 2001 al 2014 han arrestado a más de 500 personas, el 9% de la población de ese lugar. Jóvenes entre 15 y 24 años apoderados del negocio de la droga.

    Carabineros en el barrio La Legua. Foto: La Tercera

    En agosto de 2015 cayó Bryan Gálvez, "El Pistolero", heredero del clan de "Los Gálvez", familia chilena que manejaba el crimen y la droga en La Legua. Fue detenido por la unidad antinarcóticos de la PDI mientras viajaba en un Mercedes Benz, lucía exuberantes joyas de oro, portaba dos kilos de clorhidrato de cocaína y dinero en efectivo.

    Bryan Gálvez, "El Pistolero", heredero del clan de "Los Gálvez", los capos de La Legua.

    Cuatro colombianos son capturados por pertenecer a una banda de clonación de tarjetas

    Hasta el día de hoy, en la región, las autoridades han incautado 19 toneladas de marihuana, cocaína y pasta base. En la estrategia Microtráfico Cero en todo Chile la PDI se han cerrado 745 expendios, incautado 155 armas, más de 300 toneladas de droga y se han detenido 3.552 personas por ley de drogas, la mayoría ciudadanos chilenos.

    El otro delito al cual asociación a los colombianos es la clonación de tarjetas que ha aumentado en el centro histórico, en servicentros (gasolineras), supermercados y tiendas. En el mes de septiembre de 2014 el OS-9 de Carabineros desmanteló a la mayor banda de clonadores comandada por ocho colombianos. Al momento de su captura incautaron 30 millones de pesos chilenos y se estima que son 10.000 sus víctimas. Los colombianos usaban aparatos POS con skimmer (dispositivo para leer la banda magnética) y tenían una fábrica de tarjetas de crédito y débito. En abril de 2015 también la PDI capturó a cuatro por el mismo delito pero en cajeros automáticos.400 fueron sus víctimas.

    Debido a esta clase de delitos, que son publicados en las primeras planas de los diarios y que son debate de la radio y la televisión por semanas, los chilenos han comenzado a asociar el crimen con la migración. "Contrariamente a lo que la gente pueda suponer no es que el migrante delinque más que el nacional, todo lo contrario es que el migrante es más víctima de la delincuencia que el nacional. De 10 asesinatos que ha habido en los últimos cuatro o cinco meses, dos han tenido participación de colombianos, en uno el colombiano era la víctima y la gente dice que el problema son los colombianos. Los clonadores tampoco son solo colombianos, hay también de la antigua Europa del este. No existen delitos con pasaporte", afirma Rodrigo Sandoval, jefe nacional de Extranjería.

    Sergio Bueno, cónsul colombiano en Santiago, afirma que hasta el día de hoy hay 264 colombianos detenidos en cárceles de Chile (51 mujeres y 213 hombres) por delitos de tráfico de drogas, hurto, lesiones personales, clonación de tarjetas y amenazas. De estos 264, 48 están ya condenados y 216 en etapa de investigación. Así mismo, Bueno confirmó que hay 80 connacionales que por diferentes causas han salido de Colombia y se han registrado como víctimas de la violencia y el conflicto armado colombiano en Chile.

    Esa migración desplazada por la violencia y que en su mayoría ingresa por pasos ilegales es la que ha formado estos choques.

    Sergio Bueno, cónsul colombiano en Santiago. Foto: Santiago Cárdenas

    Otra cara de la migración que las autoridades colombianas no quieren ver es la de la prostitución. Es natural ver en la calle San Antonio de Santiago, grupos de prostitutas colombianas, en su mayoría de Buenaventura y otros pueblos del Valle del Cauca. Al día estas mujeres se pueden ganar un mínimo 100.000 pesos chilenos (431.000 pesos colombianos). Esto quiere decir que estas mujeres que trabajan 26 días al mes pueden llegar a ganarse 11'200.000 pesos colombianos.

    Yeny* es una de las 30 prostitutas que ofrece su trabajo en San Antonio y cobra 15.000 pesos chilenos (64.000 pesos colombianos) por tener una relación sexual y 5.000 adicionales a quien quiera tocarla o darle un beso. "Las que más ganan en esta calle son las dominicanas que no se van sin hacerse 250.000 pesos chilenos al día (un millón de pesos colombianos). Imagínese, si trabajan los 26 días, porque solo descansamos lunes o domingos, se ganan 26 millones al mes", cuenta Yeny sobre este negocio que crece en las calles y prostíbulos de Santiago. Allí llegan colombianas por redes de tráfico de migrantes que las explotan sexualmente en sitios donde viven hacinadas.

    La calle de los colombianos en Santiago, San Antonio. Foto: Santiago Cárdenas

    En San Antonio también se pueden ver "prepagos" de alto nivel, del Eje Cafetero, que se encuentran a través de páginas web, que les cobran al mes 100.000 pesos por ofrecer sus servicios. Dos pereiranas consultadas en un restaurante del sector céntrico de Santiago, dicen que cobran 50.000 pesos chilenos (215.000 pesos colombianos) por estar con un cliente 90 minutos. Las dos llegaron a un apartamento a vivir 90 días y antes de que expire su visa de turismo volvieron a Colombia. Luego regresan a Chile para hacer más dinero.

    Y es que los colombianos ven con muy buenos ojos el cambio de la moneda en Chile, además de la baja inflación de los productos. Mientras en Colombia ganan el salario mínimo 640.000 y quieren comprar un televisor plasma que puede valer un millón de pesos, necesitarían de dos salarios netos para pagarlo. En cambio en Chile, donde el salario mínimo es de 225.000 pesos, el mismo televisor cuesta 150.000.

    Palacio de la Moneda en Santiago. Foto: Santiago Cárdenas

    "Un colombiano aquí no trabaja por menos de 400.000 pesos y si envía 250.000 para Colombia eso se convierte en un millón allá. Yo trabajo en un restaurante y tengo una especie de cité junto a un peruano. Usted cree que alguien como yo sin bachillerato se ganaría en Colombia cinco millones de pesos (un millón de pesos chilenos)", dice un colombiano que huyó de las deudas y la violencia, trabaja en un restaurante de comida colombiana en San Antonio.

    Chile es la segunda oportunidad para los colombianos que llegan buscando el sueño. A algunos les va bien a otros mal. Otros huyen de la violencia, de deudas, de enemigos o de la pobreza o solo quieren enviar dinero a sus familiares. También se encuentran exparamilitares, exmiembros de bandas y guerrilla que buscan una nueva vida. Muchos no vuelven a delinquir y se vinculan a trabajos legales, otros entran a la estadística judicial. El "sueño austral", como llaman a la tierra prometida, a veces es frustración, hambre, frío y rechazo. Otras: triunfo, dinero y paz.

    Créditos
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    Videos, fotografías y textos: Santiago Cárdenas H. Diseño web: Rubén Darío Restrepo Galvis. Edición de videos: Juan Sebastian Carvajal. Graficación: Darwin Alejandro Bermúdez.
    Mapa: Jeison Agudelo. Infografía: Juan José Restrepo. Redes Sociales: Melissa Gutiérrez. Editor ElColombiano.com: Juan Esteban Vásquez. Macroeditora digital: Margarita Barrero F.
    Directora EL COLOMBIANO: Martha Ortiz. Asesoría especial: Mónica González.


    Agradecimientos: PDI, Alcaldía Antofagasta, Servicio Jesuita a Migrantes.

    Esta investigación fue el resultado del apoyo de Consejo de Redacción y Ciper en el Premio ¡Investiga!

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