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    Belisario Betancur

Belisario, el presidente que también fue poeta

  • Después de su presidencia prefirió hablar de literatura y cultura que de política. Foto: Julio César Herrera Echeverri
    Después de su presidencia prefirió hablar de literatura y cultura que de política. Foto: Julio César Herrera Echeverri
Mateo Robledo Yepes | Publicado el 08 de diciembre de 2018

Otros lugares habría y muy diversas circunstancias; / pero al cabo es en nosotros / donde sucede el encuentro / y de nada sirve prepararlo ni esperarlo. / La muerte bienvenida nos exime de toda vana sorpresa. Fragmento del poema Nocturno.

Belisario Betancur no solo tuvo la faceta política que la mayoría de los colombianos conocen, también fue un apasionado e insaciable lector y escritor. Su género favorito era el ensayo y durante su vida publicó varios libros, entre ellos Colombia cara a cara (1961), El viajero sobre la tierra (1963), Imagen del cambio social en Colombia (1966), A pesar de la pobreza (1967), Despierta Colombia (1970) y Populismo (1970). Fue director de la editorial Santillana, en la que promovió libros, conferencias y eventos. Fundó la revista Tercer Mundo dedicada a temas políticos y sociales de Colombia, en la que publicaron reconocidos personajes de la vida académica del país como Orlando Fals Borda.

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Su presidencia y su vida estuvieron marcadas por su carisma, su apetito intelectual insaciable y sus ganas de promover la cultura como agente transformador y elemento esencial para la paz. “Fue un presidente próximo a la cultura con pruebas visibles. Su desempeño como ensayista, periodista, editor y poeta dan cuenta del interés del presidente por temas culturales”, contó Juan Gustavo Cobo, poeta cercano a la vida y obra de Betancur.

Antes, durante y después de ser presidente fue un humanista empedernido, creyente de las causas sociales y del poder de la cultura en la construcción y pedagogía de la paz. Una de las campañas que promovió consistió en invitar a los ciudadanos a pintar palomas de paz en los territorios. “Tenía una capacidad de motivar a las personas por medio de los mensajes que transmitía, así logró que el país se llenara de palomas en todos los rincones de Colombia, una expresión artística que sirvió de inspiración para un pueblo que desconfiaba en que la guerra se pudiese acabar”, afirmó Cobo.

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Algunos de sus poemas:

Uno de los destacados fue el que escribió a Pedro Botero o “Pedrito” como es conocido el hijo de Fernando Botero que murió a los cuatro años y al que su padre pintó un famoso cuadro que se encuentra en la Universidad de Antioquia.

MEMORIA DE LA LUZ

Para Pedro Botero, allá en las nubes.

Un golpe de repente.

He vuelto a verla ahora, he vuelto a verla,

la he encontrado en el patio, los manteles

(el rojo pimentón surca la tela

y la miel de durazno moja el rostro)

en casa de Cecilia y de Fernando,

recién llegada sin saber si en cuanto

se alejen ellos dormirá enlutada,

apenas despertando, o si al contrario

se quedará la luz acompañando

a Pedro. El sauce llora.

Su cuerpo iluminado y esparcido

en los ojos de todos, en los ojos.

(Déjate encadenar, el sueño entonces

sumerge entre sus brazos horadantes

el suspiro, copiosa luz solloza

mientras sale de aquí, mientras regresa

un golpe seco que devuelve el aire

y puebla de silencio y

habitantes heridos, la comarca de alaridos,

arrancando la espina, la memoria).

CANCIÓN DE OLVIDO

Para Roberto García Peña.

....el forajido corazón.... De Greiff.

Ayer tocaron a la puerta

cerrada del corazón.

Ayer tocaron. Nadie salió a abrir

¿Sería tu voz? Sería mi voz?

¿De quién será ese corazón

enfermo, fatigado de vivir?

De alguien será. No lo sé decir.

En vez de hablar, al viento

Se le oye en noches gemir.

Nadie llama ya a la puerta

abierta del corazón

pregúntenmelo a mí.

Madrid, 1975

EL CAMINANTE.

Otros dirán por mí quien quise ser,

yo sólo sé decir que no lo fui

Pero quiero explicarte, quise ser

el que entraba y salía de las horas

casi siempre de paso, el que cruzaba

del éxtasis al vértigo y aquel

que lo apuraba todo con delirio.

El mismo que exprimía la vendimia,

el jubiloso, en fin, agonizante

cada vez que el terror sobrecogía

un respiro, una flor, un elemento.

Otros dirán por mí. Nunca lo supe.

1979

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