Gotas de leche dan vida en zonas de conflicto

  • Nora Taborda es una mamá que le ha apostado a la lactancia como opción de vida. A pesar de todas las adversidades de la región donde vive, sus niños son sanos. FOTO Donaldo Zuluaga
    Nora Taborda es una mamá que le ha apostado a la lactancia como opción de vida. A pesar de todas las adversidades de la región donde vive, sus niños son sanos. FOTO Donaldo Zuluaga
  • Luz Mery Ceballos es una valiente mamá que sacó a sus niños adelante a pesar de vivir con necesidades. FOTO donaldo zuluaga
    Luz Mery Ceballos es una valiente mamá que sacó a sus niños adelante a pesar de vivir con necesidades. FOTO donaldo zuluaga
  • Ana Fernández vive con su madre en la casa de una vecina en el municipio de Carmen de Bolívar. FOTO santiago valenzuela
    Ana Fernández vive con su madre en la casa de una vecina en el municipio de Carmen de Bolívar. FOTO santiago valenzuela
Por maría victoria correa santiago valenzuelaEnviados especiales a Carmen de Bolívar (Bolívar) y Tarazá (Antioquia) | Publicado el 26 de diciembre de 2016
en definitiva

Tres historias de mamás que en medio del conflicto armado y la pobreza han sacado a sus niños adelante alimentándolos con leche materna. La apuesta es reducir los índices de desnutrición.

En la casa de la familia Ferrao hoy no hay almuerzo. Ayer tampoco hubo. Pasarán el día con el desayuno: huevos revueltos con arroz. Aguapanela caliente. El único que se alimenta cinco veces al día es el pequeño Fabián, quien a sus dos meses de nacido recibe leche materna. ¡Aleluya!. Por eso, aunque son las 12 del día y la temperatura en Tarazá, Antioquia, alcanza los 30 grados, en esta humilde casa de techo de zinc, sin agua potable, la cocina no huele a guiso.

No hay almuerzo.

Una confesión. Un rafagazo que hiere. Una pena que Nora Taborda no ocultó. Ese “no hay almuerzo” retumbó en cada rinconcito de esta casa. La esperanza es que, según Nora, tal vez más tarde consigan algo para comer porque al menos pueden trabajar y no tienen que salir corriendo o meterse debajo de la cama o desplazarse otra vez. No hay miedo. No hay almuerzo. Esta es la historia de Nora, quien a sus 25 años y tres hijos, es una de las cientos de madres que a pesar de todo, todo, todo, le apuestan a que el primer alimento de la vida de su bebé sea la leche materna. En hora buena según el Ministerio de Salud la gran mayoría de los niños menores de cinco años del país han sido amamantados alguna vez en un 91 %.

Aunque Nora no tiene idea de las recomendaciones que ha hecho desde siempre la Organización Mundial de la Salud, OMS, las repite como si las hubiera estudiado. Nora dice que tiene claro que el único alimento que le dará a su bebé hasta que cumpla seis meses será leche materna. La OMS dice que “la lactancia debe comenzar en la primera hora de vida” y recomienda “que a los seis meses se empiece a dar a los lactantes alimentos complementarios, además de leche materna”. Nora dice que le da leche a su niño cada vez que él pida, que pueden ser unas cinco o seis veces al día, a veces más. La OMS dice que “el amamantamiento debe hacerse a demanda”, siempre que el niño lo pida, de día y de noche. Nora dice que a veces no le baja leche, reconoce que el no alimentarse bien genera que a ratos la leche no le baje en cantidad y siente pena al advertir que compró un pote de leche para esos días difíciles, pero que no le gusta, que no es lo ideal. La OMS dice que hay que evitar los biberones.

Nora y su familia viven en Tarazá, Antioquia, a cinco horas de Medellín. En este pueblo de 1.600 kilómetros cuadrados operan las Farc, el Eln y las bandas criminales. Hay cultivos ilícitos y minería ilegal. Sus necesidades básicas insatisfechas están por encima del 60 %. A pesar de esto, este año no hay reporte de niños muertos por hambre. El 97 % de la población vive en condición de pobreza.

La alcaldesa de Tarazá, Gladis Miguel Vides, dice que su municipio es cocalero y que las oportunidades laborales no son suficientes. Hacen falta más proyectos productivos. Cuenta que hay un Centro de Recuperación Nutricional y que en él permanecen entre cuatro y seis niños desnutridos. Se busca mantenerles el peso. “La mayoría de padres que traen los niños al Centro vienen desde las veredas, de los corregimientos o de los barrios subnormales. Además también llegan muchas comunidades indígenas, principalmente de la comunidad Embera Katíos”.

Explica que para atender la nutrición lo puso como meta en el Plan de Desarrollo. “En nuestro municipio es fundamental, en todo este proceso nutricional, trabajar con las comunidades indígenas. Tengo entre mis propuestas hacer un acueducto veredal e impulsar los proyectos productivos para que dejen de cultivar coca. ¡Esta es una región cocalera! Para incentivar la lactancia materna estructuramos un proyecto sobre nutrición y le apostamos a los proyectos productivos, buscamos que nuestros niños mantengan su peso”.

Funciones paternas

Mientras Nora está sentada en la sala amamantando a su bebé y contando cómo fue desplazada del corregimiento La Caucana, en Tarazá, y que hoy todavía no tiene certeza de quién dio la orden que se fueran del barrio y que no quiere recordar nada de esos días, su pareja, Didier Ferrao ve televisión. Tampoco sabe de las recomendaciones de la OMS sobre lactancia. Es más, no sabe leer, pero dice que él ayuda con las tareas del hogar, que busca que su compañera descanse. Que él cuida el bebé y ayuda a sacarle los gases. Que lo arrulla y espera que se duerma. Que le cambia el pañal, lo baña. Las mismas tareas que pone la OMS para los padres, Didier las hace por instinto y aunque hoy no tiene trabajo y sabe que en la nevera no hay frutas ni verduras, mañana habrá fiesta en el pueblo y él saldrá a vender gaseosa. Todos en esta casa saben que mañana sí habrá almuerzo.

Contexto de la Noticia

El día que dividió a una familia

En la historia de vida de Ana Fernández hay un espacio gris, un día que cambió todo y que prefiere no recordar: “El 13 de abril de 1998 mataron a mi tío aquí al frente mío”, y señala una calle arenosa. “Mi mamá se desmayó y por eso se le borró el recuerdo. Como mi prima y yo lo vimos todo, unos hombres nos empezaron a perseguir. Nos iban a matar”. Sucedió en el barrio 7 de agosto, en el municipio de Carmen de Bolívar, donde por ese entonces no había agua potable y la mayoría de las calles estaban destapadas.

Por esos días, los muertos aparecían en las calles de todos los barrios. Enfrentamientos entre los frentes 35 y 37 de las Farc y los grupos paramilitares por el control del territorio terminaron dejando 232.423 desplazados en todo el departamento, según la Fiscalía.

Ana tiene 32 años, tres hijos, su madre está enferma, sus hermanos están lejos, en Cali. Dos de sus hijos viven en otras ciudades. “Tuve a mi primer hijo a los 16 años, cuando me mandaron a Sincelejo a trabajar en una casa de familia. Me tocó irme por las amenazas. Al primer bebé casi no le pude dar nada, ni seno porque la abuela paterna de él me decía que tenía que trabajar. Ella le daba mazamorra y al final se quedó con él”. Su discurso se detiene. Quiere decir que ese episodio fue difícil, pero su mirada se queda en el vacío.

Ahora vive en Carmen de Bolívar; regresó después de 16 años a vivir en casa de una vecina. Su hijo de un año a veces no está con ella porque debe trabajar y cuidar a su madre, quien sufrió un derrame cerebral y una neumonía a comienzos de este año. La violencia no solo le impidió llevar una maternidad normal (pues su padre trabajaba y, como dice ella, vivían sin que nada les faltara), sino que tampoco pudo terminar el bachillerato. Al padre de su primer hijo lo mataron hace dos años en frente de la casa, cuando ella trabajaba en Barranquilla.

luz mery y su apuesta de lactar a pesar del miedo

María Ángel tiene dos años y aún toma leche materna tres veces al día: en la mañana, al mediodía y antes de dormir. Su mamá, Luz Mery Ceballos, a sus 40 años se siente bendecida. Aunque en su casa no hay agua potable, el almuerzo generalmente son frijoles y arroz y aún persiste el miedo de los días más intensos del conflicto; ella dice que ha sido su leche la que ha curado el hambre a sus seis hijos. Por eso es bendecida. En esta casa nadie se ha enfermado ni ha habido hambre, todos sus niños están sanos, incluida María Ángel que corretea por la casa. “María durante los primeros siete meses solo recibió leche materna. La rutina de esos primeros meses era intensa, muy intensa. Ella se mantenía pegada a mi seno y eso ayudó mucho para que no se me enfermera. Yo trabajo en un colegio y cuando tenía la niña más bebé las jornadas eran maratónicas”. Cuenta que para poder alimentarla su hijo mayor se la llevaba al colegio, la volvía y la traía. Hoy lo recuerda con risa, pero dice que se cansaba, que esos fueron días difíciles. “Mi rutina era así: Yo me iba a las 7:00 a.m. y la dejaba dormida. A las 8:30 a.m. me la llevaban al colegio para amamantarla. A las 10:00 la traían a la casa. A las 11:00 me la volvían a llevar al colegio para volverla a amamantar y a las 12 del mediodía ya nos veníamos juntas. Y así pasaba con ella esos días”. Además de eso, caminaba con miedo. Ir y venir del colegio era una prueba de vida, un acto de fe. Por eso es que de la violencia y del desplazamiento que vivió no habla. Su hija mayor que la observa durante la entrevista rompe el silencio y dice: “es que nos mataron una hermana”. A los segundos la mujer recupera el aliento y dice: “pues si, tengo miedo”.

Contexto

Muestra la importancia de amamantar en zonas de pobreza. Este informe ganó el premio de Nutrición Infantil de
la Fundación Éxito.

Actualizaciones

La desnutrición infantil en Colombia sigue siendo un asunto por resolver. El caso más dramático se da en La Guajira, donde han muerto 15 niños este año, según el INS.

María Victoria Correa Escobar

Soy periodista y candidata a máster en Humanidades. Me gusta el periodismo que se hace caminando. El Chocó, la infraestructura y el vallenato son mi ruta.

Santiago Valenzuela

Reportero. Creo, como Rainer Werner Fassbinder , que “ lo que no podemos cambiar, debemos al menos describirlo”.

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