Colombia

Así vive una paciente la crisis en hospital de Quibdó: “es lo peor”

La gobernadora Nubia Córdoba denunció que el centro de salud, intervenido por el Gobierno, alcanza un 340 % de sobreocupación y exige soluciones urgentes.

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Periodista y productor de archivo. Egresado del programa de comunicación social de la Universidad Santiago de Cali y actual estudiante de la Maestría en Producción de Narrativas Históricas de la Universidad Externado. Ha trabajado en medios como El País Cali, Séptimo Día de Caracol Televisión y Vorágine. Co-investigador en la serie documental “Garavito: la bestia serial”, de Discovery. Caleño amante de la salsa y el pandebono sin bocadillo.

hace 1 minuto

Yenci del Carmen Echeverry Mosquera, una habitante de Condoto, Chocó, lleva quince días en una camilla en el Hospital San Francisco de Asís de Quibdó, un lugar que por estos días tiene goteras en parte de su techo y alcanza una sobreocupación del 340 %.

Así lo denunció la gobernadora del Chocó, Nubia Córdoba, quien publicó un video en su cuenta de X en el que mostró el deterioro del principal centro asistencial de segundo nivel de la región. En las imágenes se observa el ingreso de agua por el techo debido a goteras, situación que pone en peligro la vida de los pacientes.

La mandataria recordó que el hospital se encuentra intervenido por la Superintendencia de Salud y llamó a la implementación de “un plan de choque urgente para estabilizar la atención y proteger la vida de los usuarios”.

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Córdoba señaló además que el centro hospitalario ha llegado a una sobreocupación del 340 %, con el servicio de urgencias colapsado, lo que ha obligado a tomar medidas de emergencia, que calificó como insuficientes.

En medio de ese drama está Yenci. Todo comenzó el 25 de abril, cuando fue remitida desde su pueblo natal en condiciones delicadas, buscando una respuesta médica que terminó disuelta en un sistema colapsado.

Durante los primeros nueve días, cuenta su sobrina Tatiana Pereira Echeverri, en diálogo con EL COLOMBIANO, su mundo fue una camilla inestable en un pasillo abarrotado, un mueble clínico tan precario que su propia familia debía sostenerlo cada vez que ella intentaba girar el cuerpo para evitar que se volcara.

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“A mi tía la tenían acostada en una camilla en pleno pasillo, porque el hacinamiento es terrible. La camilla estaba sostenida por una escalerita, de esas que se usan para subirse a las camillas. Sí, una de esas. Mi prima tenía que estar pendiente de sostenerla cada vez que mi tía intentaba moverse, porque si se giraba sin cuidado, la camilla podía volcarse”, relata Tatiana al otro lado del teléfono.

Ella resume la tragedia con la contundencia de quien ha perdido el asombro ante el horror: “la experiencia ha sido la peor. A mi prima le ha tocado comprar todo: el esparadrapo, el catéter, los medicamentos... absolutamente todo, para que puedan atender a mi tía y aplicarle el tratamiento. El domingo, cuando por fin la cambiaron de cuarto, ella ya tenía el catéter puesto, pero al momento de administrarle el medicamento se dieron cuenta de que estaba tapado. A las doce de la noche, cuando pasó la enfermera para suministrárselo, dijo que no podía hacerlo porque no había otro catéter disponible para reemplazarlo”, cuenta la familiar de doña Yenci, una minera artesanal de Condoto.

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Esa noche, no hubo tratamiento y, desde entonces, la familia ha tenido que asumir el rol que el Estado ha desatendido. El diagnóstico, cuenta Tatiana, es una niebla de suposiciones donde los médicos hablan de “posibles cálculos en la vesícula o de un posible compromiso renal”, pero nada se concreta ni se firma. No existe un plan de tratamiento definido, solo una acumulación de conjeturas que pesan tanto como la propia dolencia.

El hospital tiene un cielo raso que parece haber sido intervenido, pero sin reforzar adecuadamente el techo. Ayer, con la lluvia tan fuerte, esa estructura colapsó: partes del cielo raso se vinieron abajo y por ahí empezaron a caer chorros de agua. Tuvieron que mover algunos pacientes para evitar una tragedia”, expresa Tatiana.

En Quibdó, la capital chocoana, existen cinco centros asistenciales que atienden urgencias: dos públicos y tres privados. Entre los públicos se encuentran los hospitales San Francisco de Asís e Ismael Roldán, este último de primer nivel. Sin embargo, actualmente solo tres de estos cinco están operando, ya que dos centros privados —Funvida y la Clínica Vida— no están prestando servicio de urgencias.

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Responde la interventora

En conversación con EL COLOMBIANO, la interventora del Hospital San Francisco de Asís, Osiris del Carmen Mena Casas, respondió a los cuestionamientos. Dice que sí se han realizado obras civiles para mejorar las condiciones del lugar y que lo de las goteras son por un fuerte aguacero del domingo.

La funcionaria explicó que la institución ha adelantado inversiones para fortalecer la capacidad de atención, especialmente en el área de diagnóstico.

Según dijo, se ejecutó un proyecto de imagenología que incluye la adquisición de un tomógrafo, una torre de endoscopia y un mamógrafo, lo que ha permitido reducir remisiones de pacientes a ciudades como Medellín; otros son enviados a Cali y Bogotá.

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Mena también detalló que se realizaron obras de adecuación menor de cubiertas por 302 millones de pesos, mejoras en la planta física por 3.497 millones y una dotación de equipos biomédicos por 14.890 millones de pesos.

A esto se suman dos ambulancias adjudicadas para 2025, una medicalizada y otra básica, actualmente en proceso de ejecución. En materia laboral, señaló que con recursos por 4.999 millones de pesos se ha avanzado en el pago de pasivos del personal.

Indicó que con los trabajadores de planta se encuentra al día en prestaciones, mientras que con el personal de prestación de servicios, sobre todo especialistas, se han realizado pagos correspondientes a enero, febrero, marzo y abril de 2026, y que al 31 de mayo próximo se pondrán al día con el mes de diciembre 2025.

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“El jueves llegamos a un 340 %, pero actualmente estamos alrededor del 290 %, gracias a medidas adoptadas internamente”, puntualizó la interventora Mena.

El problema va más allá del aguacero

Aunque el recién posesionado superintendente de Salud, Daniel Quintero, respondió a los señalamientos de la gobernadora del Chocó por las goteras registradas en el centro médico asegurando que la situación ya fue “resuelta”, el episodio revela un problema que va mucho más allá de un evento aislado, como lo ha sugerido el propio exalcalde de Medellín.

De acuerdo con la interventora del hospital San Francisco de Asís, en Quibdó, las filtraciones del domingo obedecieron a una falla puntual del sistema de drenaje por la obstrucción de una canaleta con material orgánico durante el fuerte aguacero.

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Sin embargo, en el diálogo sostenido con EL COLOMBIANO, la explicación técnica también deja ver debilidades estructurales más profundas en la infraestructura hospitalaria.

El caso evidencia un esquema de mantenimiento esencialmente reactivo, que actúa solo frente a la emergencia y no previene su ocurrencia, al no contar con medidas básicas como filtros o rejillas que eviten la acumulación de hojas, una vulnerabilidad especialmente crítica en un territorio como el Chocó, donde las lluvias son constantes y de alta intensidad.

A esto se suman posibles fallas de articulación en la planeación y ejecución de la infraestructura, ya que las cubiertas del centro asistencial fueron desarrolladas bajo aportes de distintas entidades —gobierno departamental y Ministerio de Salud— sin una posible unificación de criterios técnicos.

“Unas cubiertas se han hecho con aporte del gobierno departamental y otras con aporte del Ministerio de Salud”, afirmó Osiris Mena.

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