Economía

Se armó tormenta perfecta contra el agro: dólar, costos, clima y terremoto presionan al sector

El agro colombiano pasó de liderar el crecimiento económico en 2025 a enfrentar este año una combinación de presión cambiaria, mayores costos laborales, clima adverso y nuevos riesgos tras el terremoto. El PIB del sector cerraría este año con una caída de 2,6%.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Especialista en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones. Antes en El Tiempo. Premio Camacol (2024) y Asobancaria (2021 y 2024).

hace 2 horas

Durante los últimos dos años, el campo colombiano ha venido acumulando señales de alerta. Menores ingresos, mayores costos, un dólar más débil, problemas climáticos y nuevas dificultades para exportar están llevando al sector a un escenario cada vez más complejo.

“Me atrevo a decirlo: el agro colombiano atraviesa lo que puede ser uno de los momentos más críticos de este siglo”. La advertencia la hace Juan Pablo Duque, CEO de Equilibria, empresa dedicada a la exportación de limón Tahití, quien asegura que las dificultades que venía presentando el sector ahora terminaron acumulándose al mismo tiempo.

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Por el lado de los ingresos, productores y agroexportadores enfrentan una fuerte apreciación del peso colombiano. El dólar, que llegó a niveles cercanos a $4.400 a comienzos de 2025, hoy ronda los $3.180. Para las empresas que venden en el exterior, según Duque, esto significa recibir cerca de 30% menos pesos por cada dólar exportado.

El golpe es todavía mayor en productos como el limón Tahití, donde a la caída del dólar se suma una disminución sostenida de los precios internacionales. En otras palabras, los productores están vendiendo más barato y, además, reciben menos pesos por los dólares que obtienen de sus ventas.

Pero la presión no termina ahí. Los costos laborales también aumentaron, mientras que las condiciones climáticas han afectado la productividad de diferentes cultivos. A esto se suman los aranceles para ingresar al mercado estadounidense y, más recientemente, los posibles daños provocados por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el pasado 10 de agosto.

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Todo este conjunto de factores llega en un momento especialmente complejo para el sector: las cifras muestran que el agro dejó de ser uno de los principales motores del crecimiento de la economía colombiana.

PIB agropecuario cae 1,4% en el primer trimestre de 2026

Después de sobresalir durante 2024 y buena parte de 2025 como uno de los sectores que más contribuyeron al crecimiento económico, el agro comenzó 2026 en terreno negativo.

En el primer trimestre del año, el PIB real agropecuario cayó 1,4%, explicado principalmente por el retroceso de dos actividades: el cultivo de café, que se contrajo 30,5%, y la pesca y acuicultura, que disminuyó 19,5%.

El resultado contrasta con el comportamiento de los trimestres anteriores, cuando el agro acompañó a sectores como comercio y entretenimiento entre las actividades con mejor desempeño de la economía.

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Una de las razones detrás de la volatilidad está en el clima. El café representa aproximadamente 8% del PIB real del sector agropecuario, por lo que los cambios en su producción tienen un efecto importante sobre el resultado agregado.

En 2024, la producción cafetera se recuperó después de las afectaciones provocadas por La Niña. Esa recuperación se convirtió en uno de los factores que impulsaron al agro durante ese año y parte de 2025. Pero las lluvias volvieron a afectar la producción en el primer trimestre de 2026 y llevaron a que el PIB real del sector cafetero se contrajera 30,5%.

Dólar bajo afecta a los agroexportadores colombianos

La tasa de cambio también se ha convertido en uno de los principales dolores de cabeza para las empresas que venden productos agrícolas en el exterior.

La TRM pasó de $4.308 en enero de 2025 a $3.140 a comienzos de la semana pasada, una reducción de $1.168, equivalente a una apreciación del peso colombiano de 27,1% frente al dólar.

Según Anif, el peso colombiano ha tenido una de las apreciaciones más pronunciadas entre las economías emergentes de América Latina. Aunque una moneda más fuerte puede tener beneficios para consumidores y empresas importadoras, para los exportadores representa una pérdida de ingresos cuando convierten sus ventas internacionales a pesos. El efecto alcanza a productos como café, flores, banano, palma de aceite, azúcar y aguacate, entre otros.

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En el café, por ejemplo, un análisis de sensibilidad citado por Anif muestra que, manteniendo constante el volumen exportado, una variación de $100 en la tasa de cambio puede generar un impacto de alrededor de $34.000 millones en el valor de las exportaciones cafeteras. Esto reduce la liquidez en pesos, comprime los márgenes de rentabilidad y puede restar competitividad frente a productores de países cuyas monedas están más depreciadas.

De hecho, Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, señaló que la tasa de cambio es actualmente una de las principales preocupaciones del sector. Según explicó, solo en el último año el caficultor ha dejado de recibir hasta $690.000 por carga como consecuencia del comportamiento del dólar.

“Nos preocupa enormemente lo que ha venido ocurriendo con la caída del dólar, por lo que le hemos pedido al nuevo Gobierno que nos acompañe en la agenda de competitividad exportadora”, aseguró.

La preocupación no es menor: el sector agropecuario genera cerca de 2,5 millones de empleos formales, directos e indirectos, por lo que una pérdida sostenida de competitividad puede terminar afectando también la producción y el empleo rural.

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“Para el sector agroexportador será indispensable aprovechar este escenario para mejorar la productividad, invertir en la transformación e industrialización de los productos exportados y obtener certificaciones sostenibles que permitan aumentar el valor agregado generado. En última instancia, la resiliencia de las exportaciones colombianas dependerá de su diversificación y el valor añadido de los productos, superando así la histórica dependencia de la ventaja cambiaria”, anotó José Ignacio López, presidente de Anif.

Costos de producción del agro colombiano siguen aumentando

Mientras los ingresos se reducen, los costos de producción aumentan. Duque señala como otro factor de presión el incremento de 23% del salario mínimo en 2026, al que se suma la entrada en vigor de la jornada laboral de 42 horas semanales.

“La reducción de horas trabajadas implica que las empresas deben organizar su operación con menos tiempo disponible por trabajador. Si buscan mantener el mismo nivel de producción, el costo efectivo de cada hora laboral puede aumentar”, comenta.

El empresario reconoce que mejorar los ingresos y las condiciones laborales de los trabajadores es necesario, pero advierte que el impacto debe analizarse considerando la estructura de costos del campo.

En el sector agropecuario, la mano de obra puede representar alrededor de 50% de los costos de producción. Por eso, dijo, incrementos de esta magnitud, cuando no están acompañados por mayores niveles de productividad, mejores precios o una tasa de cambio favorable, pueden poner en riesgo la viabilidad de algunas empresas.

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Aranceles de Estados Unidos golpean al agroexportador colombiano

Los agroexportadores también han tenido que enfrentar cambios en las condiciones de acceso al mercado estadounidense.

Durante varios meses de 2025, diferentes productos colombianos tuvieron un arancel adicional de 10% para ingresar a Estados Unidos. Aunque posteriormente algunos productos agrícolas recibieron alivios, las flores continuaron enfrentando un gravamen adicional y actualmente tienen un arancel de 12,5%.

Para las empresas exportadoras, el efecto puede traducirse en menores márgenes, mayores costos para acceder al mercado o pérdida de competitividad frente a proveedores de otros países.

Fenómeno de El Niño aumenta riesgos para el agro colombiano

A este escenario se suma la incertidumbre climática. Después de un 2025 marcado por fuertes lluvias que afectaron la productividad y la calidad de distintos cultivos, el país enfrenta ahora el riesgo de un Fenómeno de El Niño de intensidad muy fuerte.

El Ideam estima una probabilidad de 81% de que alcance esa intensidad durante los últimos meses de 2026. Para los productores, esto implica prepararse para posibles períodos de menor disponibilidad de agua, mayores temperaturas, cambios en los rendimientos y nuevos costos asociados a la protección de los cultivos.

El riesgo ya comienza a reflejarse en el aumento de los incendios forestales que afectan a varias zonas del país. Solo en Tolima, el Ideam mantiene en alerta roja por este fenómeno a 44 de los 47 municipios. La situación genera especial preocupación en el sur y centro del departamento, donde, hasta la semana pasada, se habían registrado 36 incendios activos y más de 10.000 hectáreas afectadas entre San Luis y Guamo.

La emergencia amenaza cultivos, viviendas y el sustento de cientos de familias que dependen de la producción de cereales y leguminosas.

La variabilidad climática ya ha demostrado su capacidad para impactar los resultados del sector. El comportamiento del café durante el primer trimestre es una muestra de cómo los cambios en las condiciones meteorológicas pueden terminar reflejándose en el desempeño del PIB agropecuario.

Terremoto de 7,4 abre nuevo riesgo para el sector agropecuario

Cuando el sector todavía enfrenta estos problemas, el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto abrió un nuevo frente de incertidumbre.

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El sismo afectó zonas con una importante actividad agrícola, especialmente en el Eje Cafetero, donde el café constituye uno de los principales símbolos económicos, históricos y culturales. Pero la preocupación se extiende a otros cultivos, entre ellos plátano, caña de azúcar, cítricos, aguacate y hortalizas.

Y es que una de las poblaciones más afectadas tras el terremoto son las familias cafeteras. Fincas destruidas, maquinaria dañada y afectaciones en la infraestructura productiva hacen parte del balance premilinar.

De acuerdo con Bahamón, el gremio se encuentra en terreno, levantando la afectación finca por finca, vivienda rural e infraestructura productiva. “Con esa información presentaremos al Gobierno la dimensión real de los daños y trabajaremos para que la reconstrucción llegue a las familias cafeteras que hoy más la necesitan”, indicó.

Según el líder gremial, el antecedente del terremoto de 1999, que también golpeó al Eje Cafetero, da una idea de la magnitud del reto. En esa ocasión, se necesitaron dos semanas para realizar el censo que permitió establecer cuántas fincas cafeteras habían resultado afectadas.

En paralelo, el sector avanza en la recuperación de la operación exportadora. Bahamón confirmó que, pese a las afectaciones ocasionadas por el terremoto, los envíos de café continúan. Si bien las terminales portuarias de Buenaventura suspendieron temporalmente sus operaciones para realizar inspecciones de infraestructura y algunos deslizamientos bloquearon las vías de acceso, las exportaciones se mantienen a través de las terminales del Caribe, en Cartagena y Santa Marta.

Agro colombiano podría caer 2,6% en 2026

El panorama hacia adelante tampoco es alentador. Corficolombiana prevé que el sector agropecuario se contraiga 2,6% en 2026, lo que supondría una caída de 5,7 puntos porcentuales frente al crecimiento registrado en 2025.

Las proyecciones de los analistas refuerzan la advertencia que hacen los productores y agroexportadores: el 2026 podría convertirse en un año especialmente difícil para el campo colombiano, con presiones simultáneas sobre la producción, los costos y la rentabilidad.

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El desafío, por tanto, no se limita a la caída del dólar o al comportamiento de un cultivo específico. El sector enfrenta una combinación de factores internos y externos que puede comprometer sus márgenes, su capacidad productiva y el empleo rural.

En ese escenario, la recuperación del agro dependerá no solo de que mejoren las condiciones climáticas y cambiarias, sino también de su capacidad para elevar la productividad, agregar valor a sus productos y fortalecer su competitividad frente a los mercados.

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