Pico y Placa Medellín
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Mientras crece el número de ranchos a orillas de la quebrada, una tutela frena la demolición del asentamiento.
Desde el puente de la calle 54 que pasa sobre la quebrada La Iguaná, en Medellín, se pueden observar en la orilla norte al menos 30 ranchos de invasión. Allí viven decenas de familias que se mantienen en la incertidumbre porque cualquier día la quebrada puede arrasar sus “casas”.
“Cuando llueve duro nos toca salir de los ranchos porque la quebrada se crece. Con tristeza e impotencia nos toca pararnos a esperar a ver si la corriente arrasa con todo. La última vez se llevó el lavadero y los tanques de agua”, cuenta María Díaz, quien llegó desplazada desde Caucasia con sus cinco hijos, y no tuvo más remedio que instalarse en este asentamiento ilegal.
Desde entonces vive al lado de otras 30 familias, en su mayoría víctimas del conflicto armado colombiano, que se encuentran en condiciones precarias de salubridad. El agua y la electricidad las traen a través de conexiones irregulares de un barrio cercano.
Además de preocuparse por la comida diaria para sus hijos, y que la quebrada no se lleve su...