<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
x
language COL arrow_drop_down

Luz Enith lleva dos décadas buscando a su esposo desaparecido en la Operación Orión

El caso de esta mujer fue el primero en llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Esta es su historia.

  • Luz Enith Franco ha buscado a su esposo, Arles Edisson Guzmán, desde hace 20 años. FOTO ESNEYDER GUTIÉRREZ
    Luz Enith Franco ha buscado a su esposo, Arles Edisson Guzmán, desde hace 20 años. FOTO ESNEYDER GUTIÉRREZ
  • Luz Enith Franco sostiene sobre su regazo la foto de su esposo desaparecido, Arles Edisson Guzmán. FOTO ESNEYDER GUTIÉRREZ
    Luz Enith Franco sostiene sobre su regazo la foto de su esposo desaparecido, Arles Edisson Guzmán. FOTO ESNEYDER GUTIÉRREZ
29 de enero de 2023
bookmark

En San José, Costa Rica, son las nueve de la mañana. Luz Enith Franco Noreña ha salido por primera vez del país. Está nerviosa, ansiosa y, raramente, feliz. Tiene 20 minutos, una hora máximo, para contar cómo desaparecieron a su esposo durante la Operación Orión. Su relato es captado por una cámara que transmite en vivo la diligencia: la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) se dispone a escuchar su versión. Es el primer caso de este tipo que llega a esa instancia. El Estado colombiano podría ser declarado culpable por su pérdida, por su dolor.

Ha sido un camino espinoso, de casi 20 años. Las caídas, dice Luz desde la sala de su casa en Castilla, antes de viajar a San José, no han sido pocas. Lleva 6.999 días buscando a su esposo, al hombre que estaba dispuesto a renunciar a sus sueños para que ella, una vez casados, no abandonara los suyos. El cansancio por la búsqueda la arrinconó más de una vez, pero la esperanza la contuvo; retoñó incluso cuando en su vida ya hacía camino otro amor.

Ahora está sentada, a 1.023 kilómetros de casa. Recuerda, en silencio, previo a que sus abogados comiencen con el interrogatorio de defensa, cada detalle: Arles Edisson Guzmán Medina, el hombre con el que se casó cuando ella alcanzaba apenas los 19 años, desapareció el 30 de noviembre de 2002. Estaban en el asadero del que vivían, en la comuna 13, y 43 días antes había tenido lugar la Operación Orión. Tres hombres se llevaron a su esposo. No lo olvida: que en una hora, madrecita, se lo devolvían, le dijeron. Pero no lo hicieron.

En Colombia hay decenas de mujeres y buscadores de desaparecidos expectantes por las declaraciones de Luz. Lo que transcurre en San José es una audiencia en la que la Corte escuchará su versión, luego la del Estado colombiano y finalmente el informe de una perita que conoce a fondo el proceso. El 18 de enero el órgano sintetizó la diligencia a través de un comunicado: Caso Guzmán Medina vs. Colombia: “Se refiere a la desaparición forzada de Arles Edisson (...). La Comisión recalcó la existencia de un vínculo entre grupos de paramilitares y la fuerza pública, así como la vinculación de la Fiscalía y agentes estatales”.

El Estado, según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), no abrió a tiempo la investigación de oficio por esta desaparición. Y, según la defensa de Luz, tampoco cumplió con las recomendaciones de reparación que hizo este órgano. Por eso tiene lugar la audiencia en la Corte, porque es la máxima instancia cuando las internas no operan. El resultado, que podría tardar incluso un año, es de alcance individual, pero podría impactar colectivamente. Sería un precedente para las víctimas, para el país. “Estoy ansiosa. Quiero que llegue rápido ese día. Para mí, y me imagino que para muchas otras, es esperanzador. Es el primer caso, de tantos que hay, en llegar a la Corte”, dice ella cuatro días antes de partir a Costa Rica.

Luz Enith Franco sostiene sobre su regazo la foto de su esposo desaparecido, Arles Edisson Guzmán. FOTO ESNEYDER GUTIÉRREZ
Luz Enith Franco sostiene sobre su regazo la foto de su esposo desaparecido, Arles Edisson Guzmán. FOTO ESNEYDER GUTIÉRREZ

***

El asadero El 20 todavía funciona en la comuna 13. Allí quedaron grabadas las memorias de Luz y su esposo, y de buena parte de la familia. Es 30 de noviembre. El calendario retrocede 20 años. Luz porta un delantal. Atiende el negocio y le enseña a otra mujer cómo cogerle el tiro. Más temprano hace el aseo del local. Ya en la tarde, aún con la luz del día, tres hombres se bajan de un taxi. Le dicen: niña, ¿cómo se llama su jefe? No es mi jefe, se llama Arles, es mi esposo, responde ella. Luz piensa que los robarán. Le cuenta a Arles Edisson. Él guarda parte del producido del día. No pasa nada. La tarde muere tensa, pero con su habitual parsimonia.

Siguen trabajando. Siete de la noche. Llegan de nuevo los hombres. Se bajan de un carro. Luz los reconoce. Llaman, con propiedad, por el nombre: “¡Arles!”. Ay, qué irá a pasar, le dice Luz a la mujer que entrena en los quehaceres del asadero. Mija, me tengo que ir con ellos para responder unas preguntas, le explica su esposo. Luz contesta sin titubeos que se va con él, que lo acompaña. No, madrecita, se interpone uno de los hombres. Tranquila: en una hora se lo devolvemos, le promete. Los hombres echan a andar. Luego cogen a Arles Edisson por el cuello y lo meten al carro. Luz se desmaya. Despierta luego rodeada de gente. Ahora tiene 41 años.

Llegar a Costa Rica no ha sido sencillo. María Victoria Fallon, directora del Grupo Interdisciplinario por los Derechos Humanos (GIDH), organización que ha acompañado a Luz desde que su esposo desapareció, lo corrobora vía telefónica. Está afanada. Restan un par de días para viajar a Centroamérica. Todo debe estar en regla: la declaración de Luz, los testimonios que la respaldan, las preguntas de la defensa. Es la fase oral, quizá definitiva, de un proceso que se ha librado desde los juzgados, de manera escrita.

“La investigación por el caso de Arles iba de un escritorio a otro. Nunca bastaba. Entonces, debido a eso, decidimos llevar el trámite al sistema. La CIDH, por ejemplo, estudió el caso desde 2004 hasta que se pronunció y le hizo varias recomendaciones al Estado colombiano para reparar a Luz y a la familia”, cuenta María Victoria. Pero eso no ocurrió, agrega la abogada, precisando que el gobierno pasado hasta desvirtúo lo ocurrido en el caso de Arles Edisson. La Corte IDH da puntadas sobre esta postura en el comunicado que emite días previos a la audiencia.

“Se alega, además, que el Estado no emprendió una investigación de oficio, sino hasta que se presentaron denuncias por parte de la Defensoría del Pueblo y con ocasión de la denuncia del hermano de la presunta víctima. (...) se alega la violación del derecho a la personalidad jurídica, la vida, la integridad personal y la libertad personal. Por otro lado, también se alega la violación a las garantías judiciales y a la protección judicial por la falta de diligencia en la investigación”.

El amor que Luz sentía por Arles Edisson le ha permitido levantarse luego de cada tropiezo, de cada negativa. María Victoria ha sido su pilar. Las mujeres que han caminado por sus desaparecidos, envueltas en lágrimas, abrazos y sororidad, también. Sus dos hijos, Santiago e Isabela, resultado de una relación posterior, la acompañan en su búsqueda, la impulsan. Y su expareja, el padre de sus hijos, supo caminar en paralelo a su misión: “Es una lucha, por el amor que le tuve, por el que le tengo. No pararé. Seguiré escarbando, hasta donde me dé”.

***

La presencia de Luz en la corte es todavía una proyección. La diligencia tendrá lugar este martes 31 de enero. A la misma hora, en el mismo lugar, pero ya no en la sala de la casa de Luz, en Castilla, desde donde se prepara para el paso más importante de su vida. Sabe que tiene unos minutos para responder. Está preparada: Luz, víctima principal del caso, entra a la audiencia con su defensa. Responde las preguntas. Luego intervienen los representantes del gobierno, si así lo precisan. Igual ocurre con los jueces. Entre 20 minutos y una hora: ese es el lapso para reseñar 20 años de espera. Pero en la Corte todo es incierto

Ya estuvo en Bogotá sacando la visa. Fue un día largo, pero tiene todos los papeles en regla. Abraza el cuadro de bodas: de bigote, pelo negro y tez clara luce Arles Edisson. El día de su desaparición, con 29 años, vestía una camisa de cuadros amarillos y negros, jean azul y unas botas que ela aún recuerda. “Nunca imaginé llegar hasta este punto. Voy con muchas ilusiones: que el Estado diga que sí, que acepten lo que le hicieron a Arles, que garanticen la búsqueda en La Escombrera”. Este podría ser uno de los beneficios colectivos de un fallo a favor suyo. La audiencia termina y desde ya, pese al resultado, ella sabe qué se dirá a sí misma: “Nunca olvidaré. Seguiré hasta donde Dios me dé vida, esté con quien esté. Es mi carga. Y siempre la cargaré”.

La cámara que transmite en vivo desde la Corte se apagará. Quedará grabado un hecho histórico para las víctimas de Orión.

Te puede interesar

El empleo que busca está a un clic

Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

Acepto el tratamiento y uso del dato Personal por parte del Grupo EL COLOMBIANO*