Por primera vez, Reinalda Chaverra, enseñada a servir la mesa de sus patrones, fue atendida como si fuera la reina del hogar, y alguien que hizo el papel de su empleador, le llevó su buen plato de almuerzo, servido con total cortesía y educación.
Lo contrario hizo Ana Cristina Abad, que en vez de ser servida, esta vez atendió a la que por muchos años ha oficiado como su trabajadora doméstica, una afrodescendiente de nombre Dominga, a quien ella dice haber tratado con el respeto y la dignidad que merece como ser humano.
Esta inversión de roles se dio ayer en el marco del Encuentro de Trabajadoras Domésticas y Empleadores por la Paz, organizado por la Fundación Bien Humano en el auditorio de Comfama San Ignacio y que tenía por objetivo que cada uno se pusiera en los zapatos del otro para aprender más respeto y tolerancia.
“Yo practico el respeto por mi empleada, pero el acto representa otras dimensiones, como ciudadanos debemos aprender la importancia de la dignidad de estas personas que están alrededor nuestro y nos colaboran en un servicio que no podemos ejercer nosotros”, subrayó Ana Cristina.
Reinalda, a su vez, aunque dijo sentir “un fresquito” por ser atendida, señaló que la sociedad ha cambiado en trato hacia ellas: “Yo digo que a uno lo maltratan hasta donde uno lo permita y en mi caso ya no se da porque tengo derechos y los sé defender”, recalcó esta madre cabeza de hogar, que fue una de las invitadas al encuentro junto a cerca de otras cien trabajadoras domésticas.
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