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Nuevo comienzo para la escultura que estuvo en el Mónaco de Escobar

  • Escultura La Familia, de Rodrigo Arenas Betancourt, estuvo en el edificio Mónaco de Pablo Escobar y ahora estará en el Museo de Antioquia. Foto Archivo EL COLOMBIANO
    Escultura La Familia, de Rodrigo Arenas Betancourt, estuvo en el edificio Mónaco de Pablo Escobar y ahora estará en el Museo de Antioquia. Foto Archivo EL COLOMBIANO
Carlos Mario Gómez J. | Publicado el 15 de diciembre de 2020

Viene un nuevo comienzo para La Familia del escultor antioqueño Rodrigo Arenas Betancourt, una obra de arte, de carácter monumental y fundida en bronce, que estuvo colgada desde 1986 en la pared de la entrada del inmueble que fue propiedad de Pablo Escobar.

María del Rosario Escobar, directora del Museo de Antioquia, narra que todo surgió de manera informal, mediante un mensaje de WhatsApp de la Policía en la que le preguntaban si la entidad podía hacerse cargo de la escultura.

“Nosotros inmediatamente dijimos que sí. Sabíamos que la escultura no estaba en la ciudad y lo habíamos conversado internamente y nos parecía que ese es el tipo de cosas que le corresponde hacer al Museo”, cuenta.

En agosto de 2019 inició la gestión para traer la escultura desde el comando de la Policía en Bogotá, a donde había sido llevada por la institución mucho antes de la demolición del Mónaco (21 de febrero de 2019) para su custodia. Con apoyo de la Alcaldía de Medellín se logró el préstamo de un vehículo tipo camabaja, en el que se hizo el traslado de las tres piezas de la obra en diciembre del año pasado: el hombre, la mujer y el niño.

Llegó en buen estado, dice María del Rosario, porque fue hecha para lucir en la intemperie, es sólida y robusta. Está en una zona del Museo, con cuidado especial, y convencidos, agrega Escobar, de la importancia de incorporar estas obras al patrimonio nacional.

El valor artístico

Explica la directora del Museo de Antioquia que La Familia tiene gran connotación artística. La primera, por su tipo monumental y de historia del arte que tiene el escultor Arenas Betancourt (1919-1995), porque fue el artista que representó algunos mitos nacionales claves: La Batalla del Pantano de Vargas, el Bolívar Desnudo, el Monumento a la Vida, entre otros.

“Por el otro está el carácter histórico de lo que significa esa escultura hoy después de la demolición del Mónaco. Si antes tenía un lugar por lo que ha significado Arenas en la cronología del arte colombiano hoy posee un carácter enorme sobre lo que significa para Medellín el narcotráfico, la relación entre arte, espacio público y narcotráfico”.

Esta pieza, agrega, es la más grande que se incorpora al patrimonio nacional que provenga de una historia del narcotráfico. Otras piezas que han llegado al Museo Nacional son cuadros pequeños. “Aquí hablamos de una pieza de tres toneladas, de siete metros de altura, vuelve ese proceso monumental de Arenas a ponerse de manifiesto”, valora Escobar.

¿Qué hacer con La Familia?

La obra llegó al Museo de Antioquia antecedida de un proceso previo de reflexiones ciudadanas sobre lo narco y de discusión sobre la demolición del Mónaco, que impulsó el Museo de Antioquia. En ese momento se juntó con la iniciativa NarcosLab (narcoslab.co), una plataforma colaborativa y multidisciplinaria, con base en Medellín, que cataliza investigaciones, narrativas y debates sobre lo narco.

El periodista y profesor Alfonso Buitrago, uno de los cofundadores de NarcosLab, junto con el sociólogo y politólogo holandés Gerard Martín, señala que la obra entró en ese ejercicio de discusión ciudadana sobre patrimonios incómodos bajo la pregunta: ¿Qué hacer con La Familia?

Esa deliberación, añade Buitrago, les dejó tres conclusiones. 1. La escultura muestra que la gente la puede levantar con sus memorias. 2. En general, la gente quisiera tenerla en los barrios. “Cuando las personas son consultadas y se les explica quién era Arenas Betancourt, cuál es el contexto en que esa obra estaba, esos líderes sociales y culturales ven que ese puede ser un objeto para erigir y para contar una historia y unas memorias del narcotráfico más completas, no oficiales”, añade.

En tercer lugar, dice, la gente quiere que esté expuesta. “Cuando nosotros sentimos tanto cansancio por la historia del narcotráfico, que no queremos más hablar de eso, en este caso, explicada de manera cultural, las personas están dispuestas a hablar y a aceptar y quieren que esté en el espacio público”.

Lo que sigue para la obra

La directora del Museo de Antioquia señala que todo este proceso de participación se incorporará a la investigación que se haga para definir la ubicación de la escultura.

Inicialmente, dice, el equipo de curaduría del Museo ha pensado no ubicarla en un espacio público. “Si volvemos a erigirla y le generamos un pedestal nos perdemos de la capacidad de mediación que tiene hoy, ella misma ha experimentado tantas cosas. Fue pensada para un lugar en el ingreso del Mónaco, como una representación de la familia, y luego desmontada. Queremos que hable de ese proceso y de los debates del narcotráfico. No volverla a levantar, dejarla acostada, porque su pedestal era el edificio”, afirma María del Rosario Escobar.

La pandemia, además, lo cambió todo y aún no tienen una fecha de exposición. Lo que está claro es que una vez la escultura sea entregada de manera formal al Museo de Antioquia por la Policía Nacional, será parte de las 7.000 piezas con que cuenta la entidad, 200 de ellas donadas por el maestro Fernando Botero.

Lo que sí está pensado es una exposición de manera virtual de una de las piezas de la familia, el niño, como piloto del tratamiento que se le puede hacer a la escultura.

Contexto de la Noticia

¿Cómo llegó al Mónaco?

EL COLOMBIANO, en un informe del 18 de noviembre de 2018, seña ló: es conocida como La Familia, pero el proyecto inicial era La Nueva Vida. En 1984 comenzó a fundirse en bronce, pero ocho años atrás nació la maqueta original que reposa aún entre los bienes de la familia Arenas. Se le presentó a la Alcaldía de Fredonia para engalanar la plaza del pueblo natal de Arenas, pero no se concretó. Luego hubo reuniones con la firma Costa Azul, en las que encargó al maestro una escultura para cumplir con el acuerdo municipal número 36 de 1982 y su reglamentario, el 179 de 1983, que obligaban adecuar obras de arte en las nuevas edificaciones. Y agrega el informe: volviendo al encargo del Mónaco, sobre quiénes vivirían en el edificio, la familia no supo mucho, el contrato fue directo con los constructores.


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