<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">

La solidaridad en Arrabal viste de fraile

Esta es la historia de dos jóvenes que armaron un comedor comunitario en Medellín durante la cuarentena.

  • Buena parte de los comensales habituales son personas que llegan al sector a entregar material de reciclaje y aprovechan para asegurar un plato de comida caliente. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    Buena parte de los comensales habituales son personas que llegan al sector a entregar material de reciclaje y aprovechan para asegurar un plato de comida caliente. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
  • La campaña es liderada dos jóvenes frailes apoyados por varios vecinos del sector. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
    La campaña es liderada dos jóvenes frailes apoyados por varios vecinos del sector. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
Por MATEO ISAZA GIRALDO | Publicado el 15 de mayo de 2020

Vestidos con largas e impolutas túnicas blancas, y reforzados con guantes y tapabocas, dos jóvenes frailes se aferran a un bidón repleto de aguapanela. Son las cinco de la tarde, del miércoles 13 de mayo, y la fila de comensales se va extendiendo en una cuadra sitiada por esqueletos de carros viejos y bodegas de reciclaje.

La escena ocurre en el occidente de Medellín, en una pequeña porción de calle dentro de un polígono delimitado por cuatro arterias viales: la carrera 65, la calle San Juan, la Autopista Sur y la Av. Bolivariana. El nombre del sector es tan diciente que parece justicia poética: Arrabal.

“Esto comenzó hace casi dos meses con la cuarentena. Empezamos a ver que en el sector pasaba mucha gente pidiendo ayuda y a medida que les dábamos comida la cosa fue creciendo y vea hoy como estamos. En promedio entregamos entre 190 y 200 raciones de alimentos para todo el que se acerque”, cuenta fray Alejandro Marín, uno de los mentores.

Junto al bidón de aguapanela reposa sobre un carrito de mercado una olla gigante que atesora el plato fuerte del día: una sopa humeante de lentejas con salchichón que los comensales agradecen y saborean hasta la última cucharada: “mi Dios le pague, padre”, dice uno de los más jóvenes antes de chocar el puño en señal de gratitud. No son padres (sacerdotes), son frailes pero nunca se detienen a explicar esa minucias.

“Ya habíamos trabajado con población vulnerable (tercera edad) como parte de la vocación de servicio, pero no acá en Medellín. Lo que hacemos no es un asunto religioso ni con fines políticos, es un asunto de humanidad. Al principio no fue fácil porque había algunos rencores entre quienes venían a comer, pero lo que estamos tratando de construir es una familiaridad y que ellos se sientan importantes cuando vienen acá”, cuenta Alejandro.

La población que los visita son en su mayoría recicladores y habitantes de calle, pero también se han acercado vecinos y migrantes que la están pasando mal. La política es que no hay excepciones: se le da comida al que la necesita.

Autogestión y enseñanzas

Fray Alejandro Marín y fray Jacobo Gil no están solos en la titánica tarea de preparar y repartir cerca de 200 raciones de comida al día. Mery Betancourt, Juan Carlos, Doris, Elizabeth y Ana, vecinos del sector, los acompañan en labores logísticas y aportan para que día a día la esperanza de un alimento caliente sea realidad para muchos. Las provisiones de los alimentos que cocinan les llegan vía donaciones o por algunos recursos que consiguen luego de hornear y vender pan, panderitos o fabricar vino.

“Pretendemos cuidar cuerpos para salvar almas. A mí me conmueve mucho cuando los mismos que se acercan a comer, llegan con una libra de arroz o de lentejas que les regalaron o que lograron conseguir y la donan a la causa. Siempre pienso que la podían haber vendido por cualquier peso para comprar otras cosas, pero valoran el alimento que acá les damos”.

Además del alimento, los frailes y sus vecinos instalaron una cabina improvisada en la calle que, con la ayuda de una manguera, sirve de ducha para los que eventualmente quieran asearse.

La premisa es que se sirve todos los días hasta que alcance el potaje y que en esas dos horas, de 5 a 7 de la noche, en esa porción de calle en el Arrabal no se juzga a nadie.

Si quiere vincularse a la iniciativa, los frailes y sus vecinos reciben ropa en buen estado, alimentos o donaciones económicas en el teléfono celular 304 4769313 .

$!La campaña es liderada dos jóvenes frailes apoyados por varios vecinos del sector. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
La campaña es liderada dos jóvenes frailes apoyados por varios vecinos del sector. FOTO MANUEL SALDARRIAGA
Mateo Isaza Giraldo

Más periodista que comunicador social. Apasionado por la lectura, la escritura y la historia. Enfermo por los deportes e inmerso en el mundo digital.


Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
Título del artículo
 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
Título del artículo
 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Notas de la sección