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Las 5 zonas principales que evaluó Pöyry y las recomendaciones para EPM

A lo largo de cinco apartes, el informe de Pöyry desglosó la situación de las estructuras centrales de la futura hidroeléctrica, enumerando cuáles son sus riesgos más significativos y cómo reducirlos. Le explicamos.

  • El informe de Pöyry desglosó la situación de las estructuras centrales de la futura hidroeléctrica. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    El informe de Pöyry desglosó la situación de las estructuras centrales de la futura hidroeléctrica. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
Las cinco zonas principales que evaluó Pöyry y las recomendaciones para EPM
Publicado el 24 de enero de 2022

Vertedero: única salida del agua está en peligro

Dentro de los puntos más preocupantes para Pöyry relacionados con la situación del vertedero sobresale en primer lugar serie de agrietamientos en la losa y en los muros de la estructura, que fueron identificados durante las visitas de campo.

Según planteó el informe, el problema central de este componente radica en que continúa siendo el único elemento de descarga de todo el proyecto, ya que tanto la Galería Auxiliar de Desviación (GAD) como la descarga intermedia no están operando en la actualidad. “(...) hoy en día no existe la posibilidad de hacer un mantenimiento o una reparación del vertedero, debido a la operación continua y las unidades de generación no se encuentran en operación”, plantea el documento, agregando que, por esa razón, cualquier factor que ponga en juego la estabilidad de esta estructura se traduce en una amenaza para el futuro de toda la megaobra. Dado que desde su culminación el vertedero ha estado operando de forma ininterrumpida, Pöyry consideró que dichos agrietamientos eventualmente podrían socavar la estructura y comprometer a la presa. Como una medida para conjurar ese riesgo, el informe planteó que el paso más importante sería poner a funcionar cuanto antes las ocho unidades de generación de la hidroeléctrica, logrando que el nivel del embalse disminuya y pueda implementarse un programa de intervención y operación óptima del vertedero, también contemplado en los planes de EPM. Dentro de este grupo de hallazgos, el informe también destacó problemas en el cuenco amortiguador, una estructura ubicada en la parte inferior del proyecto diseñada para recibir el chorro del vertedero. A causa de la emergencia de 2018, dicha estructura no pudo ser excavada hasta su cota final. “Se observó que se erosionó el talud lateral de control izquierda y hay deposición de sedimentos en el cauce del río”, dice el informe, recomendando reparar y vigilar esa estructura.

Situación de la margen derecha

La margen derecha corresponde a la montaña en donde están agrupados el grueso de los componentes subterráneos del proyecto, tales como los túneles de desviación, la casa de máquinas, entre muchos otros.

A nivel superficial, Pöyry calificó como un hallazgo crítico la estabilidad del talud de esa zona, que eventualmente podría generar un deslizamiento y, a su vez, una ola que luego impacte al vertedero o a la presa. De igual forma, un evento de este tipo podría desestabilizar “la zona de las galerías de acceso a cámara de compuertas”.

Aludiendo a las medidas de EPM, el informe reveló que la empresa aún no tendría una documentación definitiva en donde estuvieran formuladas las medidas para estabilizar el talud, por lo que recomendó “completar la evaluación de las condiciones geológicas e hidrogeológicas”.

A nivel subterráneo, el informe consideró como un hallazgo crítico la situación de la zona sur, en donde están localizadas las conducciones 5 a la 8, calificando la condición del macizo rocoso como “perturbado, colapsado y descomprimido”. Según proyectó Pöyry, esa situación traería consigo la probabilidad de que la inestabilidad global de la ladera derecha se incrementara, trayendo como consecuencia un deterioro en el macizo rocoso que no permitiría garantizar la operación segura del proyecto en un escenario de largo plazo. En este punto, la firma recomendó “extender la zona de tratamiento hasta el embalse y no solo la zona perturbada identificada al interior de la ladera”.

También, a nivel subterráneo, el informe llamó la atención sobre la situación del túnel de desviación derecho, resaltando que los tapones construidos presentan daños y que, incluso, se han calculado flujos “constantes de entre 7 y 8 metros cúbicos por segundo”. Como uno de los riesgos principales de esta situación, el informe mencionó la probabilidad de que se presente un destaponamiento súbito (tal como ocurrió en 2018) y se complique el taponamiento definitivo de la estructura. Tal como lo ha informado EPM, para resolver ese riesgo el proyecto avanza en la construcción de un pretapón, para luego construir un tapón definitivo. “La solución es correcta”, consideró Pöyry sobre ese plan, pero no recomendó el uso de técnicas constructivas poco convencionales.

Situación de la margen izquierda

Frente a la margen izquierda del proyecto, ubicada en la montaña al frente del vertedero y la casa de máquinas, el informé alertó sobre que el talud presenta una zona de inestabilidad de gran magnitud, anexando fotografías en donde puede observarse como una serie de anclajes ubicados en la parte inferior de la ladera han venido fallando. “(...) han fallado los anclajes colocados bajo la plataforma del camino actual, involucrando todo el sector hasta una antigua cicatriz de deslizamiento ubicada por encima de la plataforma del camino actual”, se lee en el documento. Dentro de los riesgos asociados a esa situación, se llama la atención sobre la posibilidad de que se genere un deslizamiento de tierra de gran magnitud, que podría, a su vez, generar una ola que sobrepase la presa. “Este deslizamiento se considera uno de los mayores riesgos para el muro del embalse. Esto, entre otros riesgos, pudiera generar la destrucción y corte del camino de acceso a Ituango, afectando también directamente el avance de la obra y por ende la puesta en marcha lo más pronto posible”, precisa el informe.

Como una medida para reducir ese riesgo, Pöyry aludió a un análisis efectuado por la firma de ingeniería Integral, en el que se propuso la construcción de una estructura de soporte y drenaje, que se pondría desde “la cárcava inicial hasta el nivel del embalse”. Para Pöyry, aunque dicha estructura sería una solución adecuada, consideró que aún faltaría implementar procesos de mejoramiento en la información disponible sobre esa ladera, con miras a tener un monitoreo más preciso. “(...) se necesitan investigaciones adicionales que definen las características geotécnicas e hidrogeológicas de las laderas”, planteó la firma en sus recomendaciones para EPM, añadiendo que dicha tarea requeriría efectuar levantamientos geológicos de campo y realizar más investigaciones, ensayos y monitoreos.

Capacidad de descarga: se propone hacer un nuevo túnel

Con base en el diagnóstico realizado en el vertedero y la situación de inestabilidad en el macizo rocoso, el informe resaltó que la única forma de poder reparar esos componentes consiste en aumentar la capacidad de descarga del proyecto, en este caso culminando todas las unidades de generación.

“Para reparaciones más extensas es indispensable que todas las unidades estén en operación y sin falla para garantizar un tiempo de rehabilitación más extenso”, escribió Pöyry. En este capítulo, la firma pasó revista por el problema de las filtraciones que viene presentándose en la presa, principalmente en el segmento que inicia a partir de la cota que tuvo que levantarse luego de la emergencia de abril de 2018. “Existe un elemento no homogéneo (...) debido al cambio del diseño de la presa en la parte alta de un núcleo de arcilla a un muro de diafragma”, precisa el estudio, en donde señala que uno de los factores que han favorecido el desarrollo del proyecto recientemente es que el embalse se ha mantenido en niveles favorables, pero de cara al futuro esa situación podría cambiar.

A raíz de estos riesgos, sumados a la existencia de escenarios en los que la casa de máquinas podría no operar, Pöyry recomendó a EPM construir un nuevo túnel de descarga, que no está contemplado en los diseños actuales y ubicado en la ladera opuesta (izquierda) a donde están hoy concentradas las obras subterráneas. “En el caso de Ituango no existe una descarga de fondo o intermedia independiente de las captaciones con suficiente capacidad y, por lo tanto, se puede concluir que no existe la posibilidad de bajar el nivel del embalse con el fin de inspeccionar los elementos claves, incluyendo la presa, después de un evento severo”, dice el informe, proponiendo construir esa nueva descarga adicional como una estructura independiente y tomando como base en los estándares y las normas internacionales.

Los riesgos en el embalse

Tomando como base los hallazgos descritos en el diagnóstico de las laderas izquierda y derecha, en el apartado dedicado al embalse, Pöyry profundizó en el contexto geológico del proyecto, recordando que desde que la obra estaba en los diseños ya había información que documentaba que las laderas tenían indicios de grandes deslizamientos de tierra. Manejar este tipo de derrumbes, recordó la firma, es una tarea crucial para cuidar la estabilidad de estructuras como el vertedero, la presa en sí misma y los túneles de desviación. Mientras en el caso de la presa el riesgo central se sitúa en que una eventual ola que sobrepase la pared construida y genere una reacción en cadena que culmine en una ruptura total, en el caso de los túneles de desviación el riesgo se asocia a taponamientos que pueden ocasionar crecidas imprevistas, tal como ocurrió en la emergencia de abril de 2018.

A través de una revisión documental, el informe compendió una lista con más de 40 puntos críticos a lo largo del embalse, en donde se destacan sitios identificados como Tenche, Chirí, Paraíso y Caparrosa. En el caso de Tenche, Pöyry relató haber documentado “movimientos locales”, que han interferido con el uso de la vía que circunda al proyecto. En el caso de Chirí, la investigación anexó fotografías en donde pueden observarse cicatrices de antiguos desprendimientos y movimientos superficiales recientes. A causa de su cercanía con el lugar de la presa y la identificación de un área de un “volumen importante” de la que habría indicios de inestabilidad, Chirí fue señalada como una de las amenazas a tener en cuenta. Fuera de esa lista, otro sitio identificado como problemático es el conocido como el Puente Pescadero – Playa Negra, ubicado aguas arriba de la desembocadura del río San Andrés y que, luego del llenado del embalse, comenzó a mostrar desprendimientos en su orillas que eventualmente también podrían convertirse en un peligro. En la mayoría de todos estos puntos, Pöyry resumió que la amenaza de deslizamientos y taponamientos no estaría lo suficientemente documentada por EPM, razón por la cual aconsejó mantener las actividades de monitoreo actuales y mejorar los modelos geológicos, geotécnicos e hidrogeológicos del proyecto, para que el mismo pueda mejorar su previsión sobre el comportamiento de esos lugares y anticiparse a una emergencia.

Presa: relleno prioritario debe estudiarse a fondo

Además de aludir a varios problemas que tuvo la presa durante su construcción, asociados por ejemplo a la aplicación de la lechada de cemento-bentonita, el informe arrojó dudas sobre la estabilidad del muro en un escenario de largo plazo, principalmente en el tramo que fue levantado luego de la emergencia de abril de 2018.

Dentro de ese panorama, uno de los hallazgos que Pöyry consideró preocupantes está asociado a una serie de análisis químicos que se realizaron sobre el agua del embalse, en los que se identificó un “notable déficit de saturación en calcio”. Este indicador es importante porque, según explicó el documento, arrojaría una alta probabilidad de que las filtraciones que se están presentando en la presa generen una reacción en cadena en la que la erosión de la pared incremente con el tiempo.

“Existe la posibilidad de que la filtración a través de la presa y la pared de cemento-bentonita tenga un efecto de lixiviación de calcio. Por lo tanto, se espera que la susceptibilidad de la pared de cemento-bentonita con respecto a la erosión aumente con el tiempo”, planteó la firma chilena.

A parte de esa erosión, otro factor que genera incertidumbre, según el informe, es que dicha pared de cemento-bentonita, también denominada como el muro corta flujo, no estaba en los diseños originales del proyecto, por lo que no sería claro cómo se comportaría en un escenario de un sismo de alta intensidad. Por estos y otros factores, Pöyry insistió, de forma “encarecida”, que EPM construya la nueva descarga intermedia para que el embalse pueda reducirse a un nivel por debajo de la cota 380, en caso de una emergencia o para que se puedan hacer reparaciones. Así mismo, el informe sostiene que EPM no estaría aplicando estándares de vigilancia de acuerdo con las directrices internacionales y que debería fortalecer su planificación de cara a una emergencia.

Infográfico

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