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Más de un siglo de campañas de amor por Medellín

  • Actualmente el metro promueve la campaña #ConMiMetroYo. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    Actualmente el metro promueve la campaña #ConMiMetroYo. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
  • La última de las iniciativas fue liderada por el Metro con pancartas de mensajes de cuidado del sistema. FOTO CORTESÍA
    La última de las iniciativas fue liderada por el Metro con pancartas de mensajes de cuidado del sistema. FOTO CORTESÍA
  • Más de un siglo de campañas de amor por Medellín
Por JUAN PABLO RAMÍREZ C. | Publicado el 04 de diciembre de 2019

Cada tanto, desde hace más de 10 décadas, la sociedad civil cierra filas y con campañas espontáneas busca despertar el fervor por la ciudad. Según expertos consultados, obedece a un fenómeno periódico con asiento en los momentos más complejos del último siglo.

Aunque “Quiero a Medellín” y la misma Cultura Metro, nacidas en los 80, aún se mantienen vigentes en el imaginario colectivo, la tendencia comenzó desde principios del siglo XX cuando la villa apenas nacía a la industrialización. Hoy se sigue renovando con iniciativas juveniles.

Lo dijo el presidente Belisario Betancur, tras recibir el acta por el renacimiento de Antioquia en 1983: “Nuestra historia nunca fue una novela rosa, fue de hombres enfrentados a un medio hostil. Un hombre que siempre en grandes crisis emprendió descabellados proyectos: ¿No hicimos el ferrocarril en plenas guerras civiles? ¿No pensaba Uribe Uribe en plena guerra en técnicas del cultivo del café?”.

El origen del amor

La ciudad tuvo el siglo pasado siete décadas de auge industrial y de bonanza, otra más de turbulencia y dos de aterrizaje de emergencia, hasta las profundidades de su historia. El esplendor del desarrollo económico se fue agotando en los 50 pero dejó atrás una ciudad moderna, con servicios púbicos de calidad, barrios planificados y sistemas masivos en servicio, a saber, un tranvía eléctrico y un ferrocarril.

Según el historiador antioqueño Jorge Orlando Melo, los dirigentes y las clases altas de finales del siglo XIX hicieron un esfuerzo por promover valores culturales y de convivencia con el propósito de consolidar una ciudad moderna que tuviera protagonismo nacional. “Para que la gente de la zona rural, que estaba llegando, aprendiera a convivir en la ciudad de manera adecuada, con reglas, se expidieron normas de limpieza, como no tirar las bacinillas por la ventana o amarrar los caballos en lugares específicos. Esas normas de urbanidad las escribió Tulio Ospina Vásquez. Esa idea de educar a los campesinos era de los ricos de Medellín”, explicó Melo en julio pasado a EL COLOMBIANO.

Dentro de esas normas de urbanidad estaban incluidos programas para generar pertenencia y apropiación de los espacios públicos. “Así fue durante años cuando los que venían eran de la clase media de los pueblos, educada de forma elemental”, añadió Melo.

Para Ómar Urán Arenas, profesor de Sociología y Planeación Urbana de la Universidad de Antioquia, el espíritu cívico de Medellín se gestó por el papel que desempeñó la burguesía de la región, en principio, fruto de la minería, luego del café, y posteriormente de la actividad banquera, industrial y textil. “Una clase social que se afincó en la ciudad y que creó entidades como EPM. Esas son apenas algunas muestras de que se trataba de una burguesía que tenía gran compromiso con la región, que tenía el propósito de darle un lugar a la ciudad frente al país, porque esta clase social tenía poder económico pero no político”, explicó.

Aguas turbulentas

La violencia política desatada tras el magnicidio de Gaitán (1948) produjo olas sucesivas de desplazados del campo a la urbe, lo que disparó el hasta ese momento controlado crecimiento demográfico en Medellín. Empezaron a emerger barrios de invasión, la marginalidad y el desempleo, lo que alteró el panorama desde los 60. En ese escenario emergieron el contrabando, la marihuana y la coca, que terminaron de configurar la antesala de los años más críticos.

Ante el panorama de guerra y desesperanza, de hundimiento colectivo, empezó a reproducirse desde 1980, como un buen chisme, una canción icónica: “El lugar donde nací, y con mis amigos crecí, la ciudad para mis hijos, donde vivo y trabajo por ti; Medellín crece contigo, su progreso es para todos, depende también de ti darle amor a Medellín”.

“¿Y todo esto que está pasando (contexto de violencia) y nos vamos a quedar tan tranquilos? (...) Hago una reunión en el Club Campestre, un desayuno, me lo regaló el Club, invito a todos los empresarios, todo el mundo asistía, me decían ‘Medellín, pa’ ayudar a Medellín’ todo el mundo iba, eso era una machera, había una solidaridad impresionante (...) Nadie cobró un peso y eso fue una cosa hermosa”, cuenta Michel Arnau, creador de “Quiero a Medellín”.

Ya en 1988, además de los rigores de la guerra contra el cartel, la ciudad parecía una trinchera, llena de zanjas y vigas a medio hacer porque la terminación de la construcción del metro estaba tan lejana como los días de tranquilidad. La respuesta contra el escepticismo generalizado fue una campaña de motivación para que la gente creyera en la megaobra. Así nació la Cultura Metro que ya cumplió 31 años.

A propósito de las nuevas iniciativas que surgieron y fortalecieron las dos primeras, recapitulamos las campañas cívicas de amor por Medellín .

UN HIMNO DE AMOR POR LA CIUDAD

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El estribillo que identifica la campaña “Quiero a Medellín” es, quizá, la melodía más famosa que menciona el nombre de la ciudad. Detrás del sonoro “depende también de ti darle amor a Medellín” y de su logo, que es una flor que tiene por pétalos un corazón sonriente, se encuentra una organización sin ánimo de lucro que en marzo próximo ajustará 40 años de su fundación. Para Michel Arnau, publicista y creador de la Fundación de Amor por Medellín y Antioquia, esta iniciativa surgió como una afrenta desde el civismo a las personas que con sus acciones violentas mancillaron el nombre de la ciudad y la tranquilidad de su gente en los 80 y 90. “La razón fundamental del nacimiento de esa campaña fue la cantidad de atentados en contra de la población civil que sufrió la ciudad en la época del narcoterrorismo. Frente a eso, me reuní con un grupo de empresarios importantes de la ciudad, como lo era el exalcalde Pablo Peláez González, en ese entonces presidente de Holasa, y definimos que había que crear un mensaje que abogara por recuperar los valores cívicos, y encontramos en la canción la mejor forma de hacérselo llegar a toda la ciudadanía, recuerda Arnau. Además, el actuar de esa organización civil no se quedó en la composición del tema musical, sino que desde entonces se asoció con más de 200 instituciones educativas del departamento para llevarles formación en cultura ciudadana a más de 150.000 niños antioqueños.

31 AÑOS DE LA CULTURA QUE ANTECEDIÓ AL METRO

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Aunque la operación comercial del metro inició el 30 de noviembre de 1995, siete años atrás se había instaurado en la ciudadanía la Cultura Metro, esa que invitaba a las personas a cuidar un sistema masivo de transporte que en ese entonces solo existía en su imaginación y las ilustraciones que recreaban el que sería el estado final de una obra que no estuvo exenta de retrasos (inició a construirse en 1983 con un plazo proyectado de cinco años para culminarse, que en la realidad fueron nueve). “Con tanto problema que teníamos, empezamos una campaña de sensibilización y motivación para aproximar a la comunidad a un proyecto que parecía muy lejano”, explicó María Elena Restrepo Vélez, gerente Social y de Servicio del Metro. A partir de cartillas, vallas publicitarias y cuñas radiales se propagaron mensajes como “Quiere el metro nuestra gran obra”, “Quiere el metro desde ya” y “Conozcamos nuestro metro”, cuyo factor común era hacerles sentir a los medellinenses como propio ese nuevo medio de transporte para generar en ellos un sentido de pertenencia que les invitara a hacer un buen uso del mismo una vez entrara en operación. Cuando las obras llegaron a su fase final, la estrategia de la Cultura Metro fue instalar un “vagón escuela” entre el Palacio de Exposiciones (actualmente Plaza Mayor) y La Alpujarra, en el que los usuarios aprendieran las normas básicas de seguridad del metro en el que hoy se transportan.

UN SELLO PARA IDENTIFICAR EL INGENIO PAISA

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Haciendo alusión al resurgir de la sociedad de Corea del Sur tras sufrir los embates de la guerra a mitad del siglo pasado, el entonces alcalde de Medellín, Juan Gómez Martínez, lanzó el 11 de noviembre de 1988 la campaña Hecho en Medellín. Como lo expresó ese día el mandatario local, los factores claves de ese renacer en la nación asiática fueron “el empuje, trabajo, orgullo por lo suyo, y el tesón, que a los antioqueños nos sobra”, y fueron entonces esos los mismos valores cívicos que se buscó exaltar en la Medellín que se avecinaba a las horas más oscuras de la violencia narcoterrorista. A diferencia de otras iniciativas ciudadanas, esta estuvo enfocada en el público internacional, porque como lo expresó Gómez Martínez “como compramos productos con la leyenda de Hecho en Taiwán, Hong Kong o Corea, vamos a venderle al mundo entero los nuestros con la leyenda ‘Hecho en Medellín’. Tenemos que mostrarle al mundo entero la verdadera cara y la verdadera imagen de Medellín y de esa forma tendrá que cambiar su concepción negativa sobre ella. Medellín es conocida mundialmente, no hay duda de que a donde uno llega nos identifican, pero no precisamente por ser la ciudad científica o industrial”. A esa iniciativa se unió Fenalco Antioquia y cerca de 200 productores locales que en sus productos de exportación incluyeron el logo de Hecho en Medellín, que emulaba una M formada por dos pilares y un corazón.

PA’ MEDELLÍN, UNA INICIATIVA DE TALENTO JUVENIL

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Unir a los jóvenes de diferentes sectores de Medellín para resaltar sus capacidades artísticas y reforzar su sentido de pertenencia por la ciudad fue el objetivo que se plantearon Sara Arrubla y Juan Pablo Ochoa cuando crearon a principio de este año el colectivo juvenil Pa’ Medellín, con el apoyo de la Universidad Eafit y su grupo Seres. “Nosotros queremos rescatar todos esos talentos que tienen los jóvenes paisas y que de pronto a veces se quedan en el anonimato por no tener un espacio en donde presentarse. Así, nosotros queremos convertirnos en el puente entre los jóvenes de las diferentes comunas de Medellín que sepan cantar, bailar, tocar algún instrumento, para que se conozcan entre sí y desde sus capacidades resalten el amor que tenemos por la ciudad sus habitantes”, cuenta Arrubla. El primer ejemplo de lo que puede lograr Pa’ Medellín quedó materializado en un video musical que lleva el mismo nombre del colectivo, publicado el pasado 28 de mayo en YouTube, y que hasta ayer ajustaba más de 88.000 visualizaciones en esa plataforma, en el que se recorren lugares emblemáticos de la ciudad como el Salón Málaga, las escaleras eléctricas de la comuna 13, el Pueblito Paisa, entre otros. Ahora, el colectivo juvenil ultima detalles de su nuevo video musical, que se publicará el próximo 10 de diciembre y para el que recibieron a más de 50 nuevos integrantes. Su temática: cómo es vivir la Navidad en Medellín.

Contexto de la Noticia

Juan Pablo Ramírez Carrasquilla

Periodista profesional y atleta aficionado. Hago preguntas para entender la ciudad.

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ANÁLISIS

Transformación urbana y civismo van de la mano
ÓMAR URÁN ARENAS
Sociólogo y docente de la Universidad de Antioquia

Impulsar a la ciudad fue la forma que encontró la burguesía local de los siglos XIX y XX para darle una relevancia nacional en un momento en el que históricamente las ciudades secundarias eran de muy poca importancia respecto a Bogotá. Esa búsqueda de identidad es la búsqueda también de un reconocimiento...

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