Fue solo un accidente, de Jafar Panahi

Más político que cine

Oswaldo Osorio

Casi nunca en una película nada es un accidente, todo suele estar planificado con cuidado e intencionado en función de unos propósitos. A las películas bien hechas no se les nota esa calculada intención, las cosas ocurren como si así fuera la vida o están revestidas de una fundada verosimilitud. No obstante, el dilema al ver esta película de Panahi es que sí se le trasparentan de mala manera esos cálculos e intenciones y, aun así, no es posible decir que es una obra malograda, todo lo contrario, resulta ser una potente pieza en su desarrollo y certera consiguiendo sus objetivos.

En la ganadora de la Palma de Oro del Festival de Cannes 2025 un hombre es secuestrado por varias víctimas de la represión del régimen iraní. Lo acusan de ser su torturador y, en un periplo de un día, van y vienen por la ciudad con el dilema de qué hacer con él. El dispositivo narrativo que se hace más evidente es la configuración del grupo de víctimas, conformado por cinco personas con personalidades arquetípicas, creadas para defender un distinto punto de vista frente a la azarosa situación: está el noble y torpe, la cerebral, la emocional, el iracundo y el neutral.

Son estas personalidades la brocha gorda con que este director y guionista traza su discurso, un poco obvio y panfletario, en contra de ese régimen que siempre lo ha perseguido, censurado y encarcelado. No hay sutileza alguna en las denuncias y detalles que pone en boca de sus personajes, quienes aprovechan esos momentos dispuestos por el guion para tener sus exaltadas discusiones, que son el vehículo para revelar las horridas prácticas del sistema.

Esos distintos momentos están separados por diversas situaciones y peripecias que van desde lo jocoso hasta lo absurdo. Se les vara la camioneta, son extorsionados por un par de vigilantes y hasta llevan al hospital a dar a luz a la mismísima esposa del torturador. De manera que uno pasa de esa angustiante tensión del secuestro, a la risa nerviosa de ciertos pasajes que bien se podrían clasificar como humor negro, y luego al extrañamiento por lo inverosímil que a veces resulta su argumento.

En otras palabras, es una película que reprueba en guion, por su falta de sutileza y su forzada elaboración, pero aprueba en la pertinencia de su contenido y en la contundencia con que deja clara su premisa. Porque si bien la denuncia de la verticalidad y represión del régimen nos la recalcan en letra despegada, a los gritos, en repetidas ocasiones y de diferentes formas, entre líneas es mirada la sociedad iraní, su idiosincrasia y problemáticas, pero, sobre todo, es una obra que propone una declaración ética frente a la violencia y al odio, a lo que antepone la resiliencia y hasta el perdón, dejando claro lo contradictorio que sería comportarse como los victimarios.

Como muchas de las películas de Jafar Panahi, esta claramente es cine político, aunque se impone el componente político sobre el cinematográfico, donde el primero es elaborado y eficaz, mientras que el segundo se antoja más desprolijo y al servicio de esa agenda que siempre ha defendido este director.

La ciudad de las tormentas, de Paul Greengrass

Una guerra se hace con mentiras

Por: Oswaldo Osorio

Los fanáticos del cine de acción tal vez salgan decepcionados de esta película. Y es que está siendo anunciada como una cinta de acción y, para ajustar, es protagonizada y dirigida por los mismos que hicieron la exitosa saga de Jason Bourne. Sin embargo, de acción tiene muy poco, prácticamente solo la secuencia del clímax. En lugar de eso, el espectador se encontrará con un intenso y contundente thriller de espionaje ambientado en la guerra de invasión a Irak y con un marcado tono de denuncia política.

El director inglés Paul Greengrass ya tenía un reconocimiento en el cine político con filmes de gran fuerza como Domingo sangriento (2002), Omagh (2004) y Vuelo 93 (2006). Las dos últimas entregas de la saga de Jason Bourne fueron una sorpresa para quienes lo conocían, porque no se le veía como un director de cine de acción, y aún así, supo hacer la diferencia y crear dos películas que tomaron distancia de las convenciones del género, sobre todo por la estética realista con la que fueron concebidas.

Esta nueva película, que es una adaptación del libro de un analista político y corresponsal del Washington Post en Bagdad, es la perfecta combinación de esas dos facetas del cine de Greengrass: la envolvente acción realista que se le vio con Jason Bourne combinada con la solidez y complejidad de su contenido político. Pero sobre todo, el tono de denuncia es el que se impone en la propuesta de esta cinta.

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Milk, de Gus Van Sant

Película para un actor

Por: Oswaldo Osorio

Ésta película es de Sean Penn. No por el Oscar, pues si ese premio realmente hiciera justicia, ya hace mucho y un par de veces que se lo habría ganado. De ahí que quienes eventualmente se la vean doblada se perderán lo más importante. Así mismo, quienes conozcan la filmografía del actor seguramente la disfrutarán más. Por ejemplo, aquellos que vieron Río místico o Todos los hombres del rey, no podrán más que complacerse con el personaje que en esta nueva película hizo el mismo actor. 

Así que es una cinta más de actor que de director. Eso a pesar de estar dirigida por un cineasta de respeto que ha realizado un puñado de joyas, como Cowboy junkies, Perdidos en la noche, Todo por un sueño o Elephant. Pero también es el mismo que ha dirigido infortunadas y complacientes cintas como Good Hill Hunting y Encontrando a Forrester, y qué decir del innecesario gesto de repetir (no de hacer su propia versión) nada menos que Sicosis.

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Persépolis, de Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud

La técnica hipnótica

Por: Oswaldo Osorio

Ésta es una de esas películas que se esperan con ansia para verla en cine. Desde hace muchos meses está disponible en video, pero ante las referencias de su belleza visual, se hacía imperativo esperar a verla en la gran pantalla y con la textura del celuloide. Y efectivamente, resultó ser un estimulante espectáculo visual, el cual, sin embargo, no tiene una correspondencia con lo que propone y cuenta en esos trazos creados con ingenio y gracia. Es decir, se trata de otra película más cuyas virtudes llegan sólo hasta su propuesta formal, que en este caso, por su belleza, resulta casi hipnótica.

Pero al chasquear los dedos y despertar de la hipnosis formalista, de la muy personal y atractiva propuesta gráfica, sólo es posible ver una historia esquemática en su argumento y en su tratamiento narrativo. Tal vez este esquematismo haya sido heredado de la novela gráfica que le dio origen, donde sí puede ser justificable por la falta de movimiento y banda sonora propios del cómic, pero en la película es una carencia más que evidente. La autora de la novela gráfica es Marjane Satrapi, quien hace en ella historia autobiográfica y, por la fidelidad de la película, aparece como codirectora de la cinta.

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