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“A Abelardo le tocó un reto más grande que a Uribe”: Marta Lucía Ramírez

La única mujer que ha dirigido el Ministerio de Defensa expone las razones por las que Petro dejó el orden público deteriorado y qué se debe hacer para salir de ahí.

  • Marta Lucía Ramírez es una abogada bogotana de 72 años. Ha sido vicepresidenta; ministra de Defensa, de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior; también fue senadora y candidata presidencial. FOTO andrés suárez
    Marta Lucía Ramírez es una abogada bogotana de 72 años. Ha sido vicepresidenta; ministra de Defensa, de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior; también fue senadora y candidata presidencial. FOTO andrés suárez
hace 47 minutos
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Colombia retrocedió tres décadas en materia de seguridad con el gobierno Petro. De eso está convencida Marta Lucía Ramírez, quien ostenta el récord de haber sido la única mujer en dirigir el Ministerio de Defensa (2002) y la primera en ser vicepresidenta (2018).

A propósito de la promoción de su nuevo libro, EL COLOMBIANO conversó con ella sobre seguridad y política.

¿Qué análisis hace del país que heredó De la Espriella en materia de orden público?

“Es una seguridad totalmente deteriorada. Vimos al primer ministro de Defensa de Petro, Iván Velásquez, desmantelando el Ministerio, sacó 70 generales que tenían un promedio de 35 años de experiencia, que se fueron llevándose la memoria institucional. Y a partir de ahí vino el deterioro de la seguridad.

De la Espriella recibe un país con 29.000 combatientes ilegales armados, eso no se había visto jamás. En segundo lugar, vemos una mutación de todo este crimen, ya no son solo guerrillas en la selva, sino grupos de crimen organizado transnacional con una red de tentáculos en distintas rentas ilícitas.

El secuestro se reactivó, el reclutamiento de niños, la minería ilegal con todo el daño ambiental que produce. Y toda esta mutación del crimen nos toma con la guardia abajo, con una Fuerza Pública desmantelada y recursos disminuidos”.

¿Es un escenario más difícil que el que le tocó a usted en el Ministerio de Defensa?

“El desafío que tiene hoy De la Espriella es más grande que el que tuvo el presidente Uribe, con la ventaja de que Uribe llegó y encontró toda la organización del Plan Colombia que había dejado el presidente Pastrana.

En cambio, De la Espriella llega y no encuentra ninguna organización, sino todo desmantelado. Le toca esa doble tarea de organizar rápidamente, pero a la vez empezar a ejecutar una política que le mejore la seguridad a los colombianos. Necesitamos urgentemente que se recupere la Inteligencia, porque se perdió durante el gobierno Petro”.

Conozca: Libro de De la Espriella revela presuntas irregularidades en contratos por $47.000 millones en Antioquia

¿De qué se trata su nuevo libro?

“Se llama Seguridad en Colombia en tiempos de inteligencia artificial. Muestra esta transición que ha habido durante los últimos 25 años, desde cuando yo fui ministra hasta ahora, cómo han mutado los grupos, las amenazas, cómo hoy tenemos estas redes articuladas, con tentáculos en un montón de economías criminales.

Estos grupos son los que han adquirido toda la tecnología a su favor, como los drones. Es increíble que el gobierno anterior no hizo nada en materia de drones. Esto es una cosa vergonzosa y dolorosa. También se toca el tema de la ciberseguridad, lo que tenemos que hacer para procesar información que le permita al Estado desarrollar mejores capacidades de prevención y de respuesta a este crimen organizado, ahí viene ese uso de la inteligencia artificial”.

¿Qué recomendaciones le da al nuevo Gobierno en seguridad?

“El Gobierno debe modernizar las capacidades de la Fuerza Pública y la articulación con el sector privado; crear centros integrados de comando y control en el Catatumbo y el Suroccidente; en el caso de Nariño, una mejor coordinación con Ecuador, porque ese Suroccidente necesita en los dos lados de la frontera capacidad de control.

No creo en la coordinación con Venezuela, porque allá sigue el mismo régimen que ha venido auxiliando a las Farc y al Eln desde hace 30 años. La prioridad es recuperar la inteligencia estratégica del Estado, sin eso no tenemos nada qué hacer.

Y dentro de eso, generar una mejor producción de inteligencia, y en eso es importante la sociedad civil. Lo que hicimos nosotros con las redes de cooperantes es importante porque, por ejemplo, la gente puede decir dónde están los que provocan los incendios en este momento, o dónde están los secuestrados.

La red de cooperantes sirve para generar una información de inteligencia que, una vez comprobada, permite actuar militarmente. Y por último, la cooperación internacional tiene que ser otra vez una ventaja estratégica. La política de seguridad no se puede cambiar por el capricho de quien llegue a un cargo, tiene que tener una visión de largo plazo y garantizarnos que Colombia no vuelva al pasado, como nos sucedió en el caso de Petro, con él nos retrocedimos 30 años”.

Usted llegó a ser la mujer más poderosa del mundo político, tras ocupar cargos como vicepresidente y canciller, y antes ministra de Defensa. ¿Eso qué le dejó para su vida?

“Una cosa es tener una posición alta dentro del Estado y otra es tener el poder real para decidir. Colombia es un país muy presidencialista y todas las decisiones están sujetas al presidente. Cuando yo fui ministra de Defensa tuve el apoyo del presidente Álvaro Uribe para diseñar una política de seguridad importante, hacer reformas al interior del ministerio, que sirvieron para una gestión más transparente de los recursos.

La experiencia en la Vicepresidencia fue distinta, porque la función se limita a reemplazar al Presidente, pero la Vicepresidencia en sí misma no tiene presupuesto ni una nómina importante, no tiene poder real. Me dejó la satisfacción de haber ayudado en temas importantes, en la medida en que el presidente Duque me dejó meter.

Por ejemplo, tuve la oportunidad de trabajar en equidad de género, en la pandemia desarrollamos con nuestra Secretaría de Género programas que sirvieron a más de dos millones de mujeres para darles ayudas económicas. A uno le queda la satisfacción de que hizo una tarea bien hecha, pero la frustración de no haber tenido recursos suficientes, tal vez hubiera logrado consolidar algunas de las cosas que hicimos y hubiéramos evitado este desastre que llegó del gobierno Petro, a hacer borrón y cuenta nueva”.

¿Qué opina de la gestión de la vicepresidenta Francia Márquez?

“No me gusta hablar de los antecesores ni de los sucesores, por respeto, pero pienso que ella ha debido hacer mucho más de lo que hizo. Ha debido trabajar de verdad por las mujeres de Colombia, todas, que somos una población que supera los 25 millones de personas. Ella se puso en una cosa absurda, que solo iba a trabajar por las negras y las indígenas.

Yo le dejé montado un fondo para el emprendimiento de las mujeres campesinas y urbanas, y lo desperdició, lo usaron en cosas que no eran. Desperdició una oportunidad de oro para darle continuidad a un programa que venía funcionando, que era el empoderamiento económico de las mujeres.

Ella hubiera podido continuarlo y no quiso por vanidad, y porque no supo entender que uno llega al gobierno a continuar lo que funciona bien y a poner su propio grano de arena para mejorar las políticas públicas. Su gestión no dejó resultados importantes, ni siquiera para las mujeres de color ni las indígenas que ella decía defender tanto. Y por supuesto, una estela oscura de abusos en el uso de los bienes que están a disposición del cargo, que son para servirle a la gente y nunca para el beneficio personal”.

Una queja frecuente de ella es que el Petro la utilizó electoralmente, pero cuando llegaron al poder la hizo aparte. ¿Usted sintió algo parecido con Duque?

“Sí, en eso comparto con ella. La política en Colombia ha sido muy pragmática, el valor de la mujer lo han subestimado. Fui la primera vicepresidenta y la primera mujer que logró sumarle una cantidad de votos importante al candidato.

Por eso Duque ganó la presidencia, pero claro, cuando el Presidente ya está sentado en el poder, empieza a rodearse de su grupo cercano y de alguna manera a cerrar el espacio de la vicepresidenta.

El caso de Francia fue diferente, yo hubiera querido tener un ministerio tan potente como el que le dieron a ella con ese Ministerio de la Igualdad, y hubiera hecho diez veces más de lo que se hizo en los últimos ocho años a favor de las mujeres, los discapacitados y jóvenes vulnerables. No creo que ella pueda decir que tan pronto llegó la aislaron, le dieron herramientas que no supo aprovechar, se demoró el primer año y medio sin ejecutar nada.

Ahí está también la consecuencia de llevar al Gobierno gente sin conocimiento del manejo del Estado, porque esa curva de aprendizaje le termina costando a los colombianos; esa gente que llega de activista a hacer una función pública se estrella contra la realidad de los requisitos y normas.

Esto nos demuestra la necesidad de hacer una reforma seria a la función de la Vicepresidencia, porque un vice no puede estar solo sentado esperando a ver si se muere el presidente de turno. Un vice en un país tan complejo como Colombia debe tener tareas propias que complementen la labor del Presidente y que le den una ascendencia sobre los ministros.

Hoy vemos a José Manuel Restrepo, un excelente vicepresidente, con mucho liderazgo, por la generosidad con la cual el presidente De la Espriella le ha endosado muchas tareas”.

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