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La lucha por el retorno en El Salado, 20 años después

  • En El Salado (El Carmen de Bolívar), después de la masacre ocurrida entre el 16 y el 22 de febrero de 2000, quienes sobrevivieron lo perdieron todo. No hubo quien resistiera a quedarse en un lugar lleno de recuerdos dolorosos: las fincas, las casas, el colegio, la iglesia, el parque principal, las calles, todo traía a la memoria a los 60 muertos que dejaron los paramilitares regados por todo el corregimiento. Archivo EL COLOMBIANO.
    En El Salado (El Carmen de Bolívar), después de la masacre ocurrida entre el 16 y el 22 de febrero de 2000, quienes sobrevivieron lo perdieron todo. No hubo quien resistiera a quedarse en un lugar lleno de recuerdos dolorosos: las fincas, las casas, el colegio, la iglesia, el parque principal, las calles, todo traía a la memoria a los 60 muertos que dejaron los paramilitares regados por todo el corregimiento. Archivo EL COLOMBIANO.
Olga Patricia Rendón | Publicado el 15 de febrero de 2020

En El Salado (El Carmen de Bolívar), después de la masacre ocurrida entre el 16 y el 22 de febrero de 2000, quienes sobrevivieron lo perdieron todo. No hubo quien resistiera a quedarse en un lugar lleno de recuerdos dolorosos: las fincas, las casas, el colegio, la iglesia, el parque principal, las calles, todo traía a la memoria a los 60 muertos que dejaron los paramilitares regados por todo el corregimiento.

“Luego de la llegada de la Cruz Roja Internacional y de los familiares, las víctimas sobrevivientes comenzaron a organizar los enseres que no habían sido saqueados ni destruidos, e iniciaron el éxodo: 4.000 personas abandonaron el corregimiento El Salado, convirtiéndolo en un pueblo fantasma. En cambio los 450 sobrevivientes de la vereda La Sierra no pudieron regresar de los montes para recoger sus enseres: su huida inicial marcó el inicio de su experiencia de desplazamiento forzado”, dice el informe del Grupo de Memoria Histórica “La masacre de El Salado: esa guerra no era nuestra”.

De acuerdo con ese documento, los desplazados llegaron inicialmente a la cabecera municipal de El Carmen de Bolívar; “pero la persecución de los paramilitares no cesó y muchos se vieron obligados a desplazarse nuevamente, ésta vez a ciudades como Sincelejo, Barranquilla y Cartagena. La persecución acabó con la vida de Miguel Ángel Contreras el 27 de julio de 2000 en el casco urbano de El Carmen de Bolívar. Igual sucedió con Elías Prudencio Herrera y Joil Enrique Yepes el 19 de septiembre de 2000”.

Hoy la mayoría de esas personas siguen afuera de El Salado, en 20 años no han encontrado las condiciones para retornar.

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Los anhelos desde el destierro

“Los de la comunidad salaera que salió después de los hechos hemos sido familias invisibilizadas en las distintas partes donde nos encontramos, en Cartagena, en Barranquilla, en Sincelejo o en El Carmen de Bolívar. Todavía seguimos siendo desplazados y no hemos sido tenidos en cuenta, no ha habido realmente un acompañamiento ni un proyecto que en realidad se enfoque hacia las víctimas”, aseguró José Montes Alvis, líder de los desterrados de El Salado en Barranquilla.

Montes calcula que el 80 % de las personas que salieron del corregimiento en 2000 no han podido retornar y no precisamente por falta de interés, en su mayoría quisieran volver, según dijo. Mientras tanto, el lugar en el que vivieron su infancia y crecieron hoy está siendo ocupado por personas foráneas que han llegado a esa región de los Montes de María por el azar del destino.

“Retornar ha sido mi sueño toda la vida, pero no hemos podido contar con un acompañamiento y un seguimiento que garantice volver a una familia, por ejemplo a nosotros desde aquí de Barranquilla para que nos establezcamos en El Salado. ¿Usted sabe lo que es llegar allá sin tener un techo?, podemos tener el lote pero no hay vivienda, ni un cultivo del que se pueda vivir, no hay esas garantías de sostenibilidad para esas familias por mucho que lo quieran hacer”, anotó Montes.

En ese mismo sentido Edilberto Márquez, otra de las víctimas de la masacre que vive en Barranquilla, reclama que “todos los días anhelamos volver, pero ¿cómo lo vamos a hacer con las manos vacías?, las condiciones hoy en El Salado no son las que existían antes de la masacre, cuando dependíamos del campo, sabíamos de qué podíamos vivir. Yo tenía la casita allá, pero ya está caída, está el espacio solo, ¿dónde me bajo?, ¿dónde llego?, ¿con qué trabajo cuando llegue allá?”.

Ambos pasan sus días extrañando la “vida propia” que se podía tener en El Salado, la independencia económica con que contaban y que nunca lograron encontrar en la ciudad, en la que se sienten asfixiados e incompletos.

“La verdad es que ya en 20 años que tengo de estar en Barranquilla estoy cansado, no quiero saber nada de ciudad, quiero estar en mi pueblo”, advirtió Márquez. Sabe bien que sus amigos ya no están, ni siquiera los familiares con quien no volvió a verse desde aquel febrero remoto, pero la añoranza por la tierra no se acaba así la encuentre ajena.

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Así avanza la restitución de tierras

Hasta el momento la Unidad de Restitución de Tierras ha recibido 1.009 solicitudes de restitución en el corregimiento de El Salado, de las cuales han sido resueltas 960; de ellas, 523 fueron inscritas en el Registro de Tierras Despojadas y Abandonadas Forzosamente, el resto han sido rechazadas.

De acuerdo con cifras de la Unidad, en El Salado se han restituido más de 1.900 hectáreas de tierra por orden de los jueces, beneficiando a 93 familias que fueron víctimas de despojo y desplazamiento forzado en el año 2000. Una cifra muy baja si se tiene en cuenta la cantidad de solicitudes y la cifra de desplazados, que según el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica fue de 4.000 y según la sentencia de noviembre de 2014 en el que la Sala de Justicia y Paz de Bogotá condenó a Salvatore Mancuso, comandante del Bloque Norte de las Autodefensas, fue de 2.570.

“Siguiendo el principio de la reparación transformadora incluida en la Ley 1448 de 2011, la Unidad de Restitución de Tierras ha invertido 2.290 millones en la implementación de proyectos productivos que le han permitido a los restituidos desarrollar actividades agropecuarias para la recuperación productiva de los predios y la generación sostenible de ingresos”, aseguraron desde la entidad.

Además, a las 93 familias restituidas se les ha brindado asistencia técnica para el diseño y ejecución de proyectos productivos de ganadería doble propósito, ganadería de levante y ceba, cría de ovinos y caprinos y el cultivo de papaya, maíz amarillo y yuca.

Sin embargo, los desterrados sueñan con volver a una tierra que ya no conocen, y los demorados procesos de restitución y retorno los mantienen lejos de ese anhelo, siguen siendo desplazados todos los días.

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