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El Gobierno nacional insiste en cumplir el cronograma para la dejación
de las armas, pero ni la ONU ni las Farc están de acuerdo.
El rosario de errores de las zonas veredales es largo y de todos los colores. El Gobierno cedió ante las presiones de la oposición para establecer veredas tan remotas a las que nunca había llegado el Estado, como sitios donde las Farc dejarían las armas; de esa manera quiso borrar el fantasma del Caguán, aseguran los expertos.
También se equivocó al ceder a las presiones de la oposición y de los medios de comunicación sobre el Día D: las Farc insistieron en que el conteo iniciara después de aprobada la ley de amnistía, pero el Gobierno “se ranchó”, en palabras de Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, en decir que fuera inmediatamente después de la refrendación.
“El Día D fue la primera equivocación. El Gobierno parece amarrarse por miedo a la oposición, el Día D debió ser el 1 de enero para que el desarme fuera hasta fines de junio. Han debido tomarse unas semanas y de común acuerdo definir cuándo se podía poner el Día D. Estamos viendo la crisis de esa definición...