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En Antioquia, 80 % de las consultas por ansiedad y depresión las hicieron mujeres. El 68 % de las consultas por esquizofrenia las hicieron los hombres.
Ana Rosa Salazar Gómez es un símbolo viviente del abandono familiar que marca a muchos pacientes siquiátricos. De 64 años que tiene, la mayor parte los ha pasado en el Hospital Mental de Antioquia (Homo). Allí llegó, junto con un señor que ya falleció, cuando la Asamblea Departamental cerró el capítulo del viejo Manicomio y refugio de locos. Al no contar con familia, la corporación dio la orden de que ella viviera en la institución y que su estancia fuera pagada por el régimen subsidiado.
“Nosotros somos prácticamente su familia”, afirma Paulo Andrés Gutiérrez Muñoz, subgerente de Prestación de Servicios del Homo, quien añade que Ana Rosa no posee raciocinio alguno para desgranar su propia historia.
Para las familias, cuidar a sus enfermos mentales resulta complejo. Tanto, que hay quienes se apoyan en tutelas para que los jueces les aseguren una internación prolongada.
El Homo hace unas 5.000 consultas siquiátricas anuales, la mayoría de ellas por esquizofrenia, Trastorno Afectivo Bipolar...