El cuerpo grita lo que la voz se calla. Enciende sus alarmas valiéndose, sin discriminar, de todas sus partes. Aquí nada se salva: la piel, los músculos y hasta el funcionamiento del corazón pueden verse afectados. Si la boca no le sirve a las emociones como medio de escape, ellas de alguna forma encuentran el camino: necesitan salir.
Cuando presentamos dolencias o enfermedades que no tienen una causa orgánica concreta estamos somatizando. Los psicólogos lo identifican como el trastorno somatomorfo. Es por esto que el estrés nos puede dar dolor de espalda, la acumulación de ira puede elevar nuestra presión arterial o esa angustia que no se va se convierte en un fuerte sarpullido.
“Los conflictos emocionales que no se logran resolver quedan...