N o es pintura, no es fotografía, lo advierte el artista, pero podrían ser las dos al tiempo o una de ellas, según la interpretación del espectador.
Paraíso. Línea negra es una reflexión a partir del enamoramiento. Un homenaje a ese ser amado. En este caso un país: Colombia.
Tomás Ochoa Riquetti se demoró tres semanas en un viaje por carretera entre el Quito de su natal Ecuador y Bogotá, que normalmente no toma más de un día. Los paisajes y la gente, alegre pese a las dificultades, fueron los culpables de la demora. “Ese deslumbramiento me lleva a reflexionar sobre el paisaje y a pensar en una obra relacionada con el”.
Los orígenes
El recorrido –llamado la Línea Negra– que hicieron los arhuacos en la base de la Sierra Nevada, como rito para restablecer el equilibrio natural de sus territorios, roto por la presencia de grupos armados, y a la vez delimitarlo, en una acción que Tomás considera como poética y política, y su encuentro con Yona, una desplazada del sur de Bolívar que le habla de su pueblo como un paraíso “si no fuera por la guerra”, le dieron las pistas para enrutar la obra que a partir del viernes se abre para el público en la galería Duque Arango.
Allí el espectador encontrará imágenes impresas en gran formato que muestran en tonos de grises y negros diversos parajes de regiones como el sur de Bolívar, Llanos Orientales, Chocó y la misma Sierra Nevada.
Imágenes tratadas a través de la técnica de la quema con pólvora.
Parajes que se han preservado porque la violencia no permite que la gente llegue hasta esos sitios, pero que ahora cuando se habla de paz e inversiones como las mineras podrían estar en riesgo.
Una paradoja, ¿paisajes que la guerra conservó y que la paz podría destruir...?, le preguntó EL COLOMBIANO.
“Eso es lo fascinante, y eso es lo que a los artistas nos interesa, porque se abordan esos temas que están en el límite, están dentro de la paradoja. Yo como artista no puedo dar respuestas ni decir si eso es bueno o malo, pero sí puedo abordar esos temas para que la gente haga la reflexión. Yo apeló al espectador a que piense en eso”.
El fuego y la pólvora que intervienen en el proceso no buscan desaparecer la imagen original. Más bien quieren repotencializarla y en algún sentido explicitar la violencia –sin ser violenta–, que pueden tener, dice Tomás como otra de las claves para apreciar esta exposición..
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