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Ya están en Colombia las primeras obras del Nobel 2023 Jon Fosse

  • El escritor y dramaturgo Jon Fosse, nació en Haugesund, Noruega. En 1983 debutó con la novela Raudt, svart (Rojo, negro). Su primera obra fue Og aldri skal vi skiljast (Y nunca nos separaremos) escrita y publicada en 1994.
    El escritor y dramaturgo Jon Fosse, nació en Haugesund, Noruega. En 1983 debutó con la novela Raudt, svart (Rojo, negro). Su primera obra fue Og aldri skal vi skiljast (Y nunca nos separaremos) escrita y publicada en 1994.
01 de diciembre de 2023
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Para quienes estaban a la espera de la publicación en el país de las obras del Premio Nobel de Literatura 2023, Jon Fosse, esta semana llegaron a las librerías dos de sus primeras obras.

Desde su anuncio como nuevo ganador del Premio Nobel de Literatura, a inicios del pasado mes de septiembre, muchos empezaron a buscar las obras de Jon Fosse, pero en el mercado colombiano eran escasas y muchas de ellas en ediciones importadas y muy costosas.

Pero ya se encuentran disponibles dos de sus obras, comenzando por ‘Blancura’, su novela más reciente. Una pieza literaria cuya reseña la destaca por la “cadencia hipnótica y atmósfera enigmática”, que se publica a la par que ‘Melancolía’, obra fundamental de Fosse, que es una maravillosa evocación del pintor noruego Lars Hertervig.

Según los especialistas, Fosse tiene mucho en común con su gran precursor en la literatura nynorsk noruega, Tarjei Vesaas. El Nobel de Literatura combina fuertes vínculos locales, tanto lingüísticos como geográficos, con técnicas artísticas modernistas. Se le ha emparentado con nombres como Samuel Beckett, Thomas Bernhard y Georg Trakl.

“La concesión del Nobel subraya la importancia de este autor y nos llena de orgullo. Es una iniciativa gestada desde hace meses y que nos hace especial ilusión. Su obra pone en el centro a la literatura como una exploración continua de la posibilidad expresiva del lenguaje”, explicó Albert Puigdueta, Editor del sello Random House.

“En sus novelas y cuentos hay melancolía y también luminosidad, hay paisajes y atmósferas de gran intensidad y personajes embarcados en una búsqueda de sentido, de alguna forma de trascendencia, ante ese misterio irresoluble que supone la existencia. Desde que iniciamos la contratación, nuestra intención ha sido publicar el conjunto de su obra en lengua española hasta la fecha, mucha de ella todavía inédita, en todo el mercado de habla hispana”, agregó.

Jon Fosse es un escritor que a lo largo de cuatro décadas y desde una lengua minoritaria, el nynorsk, ha ido componiendo una obra prolífica al margen de las modas y los tics de las tendencias.

Del teatro a la novela, pasando por los cuentos y la poesía, su escritura no desoye la contemporaneidad ni los ecos de la autoficción, pero logra construir un lugar propio sobre la base de una voluntad expresiva y, al mismo tiempo, una desconfianza acerca de la supuesta transparencia y eficiencia del lenguaje o, en otras palabras, su capacidad de representar el mundo.

Allí donde la ilusión de la representación se resquebraja, la obra de Fosse crece, precisamente, como testimonio de una imposibilidad: la de aprehender una experiencia cuyo sentido se nos escapa, no se acaba de descifrar.

Con su lengua mínima, un puñado escaso de elementos vagamente referenciales y sus bucles y preguntas que se pronuncian y quedan en suspenso, ‘Blancura’ , la novela más reciente del escritor, es una apuesta por la intensidad narrativa antes que la extensión y podría considerarse, a su vez, como una pieza de madurez que condensa temas y una concepción de la literatura que recorren la obra del noruego.

Los primeros versos de la ‘Divina comedia’ resuenan al comienzo de una novela narrada por una voz anónima, un hombre que pertenece a la estirpe de personajes que como Molloy, Malone o, incluso, el Perceval de Chrétien de Troyes, que ya no saben lo que buscan y lo que hacen, y perdidos, no cesan de asomarse a agujeros negros.

En medio de un bosque al que se llega por puro impulso, o quizás ‘La inercia’, sin una buena o mala razón a la que asirse, el extravío del protagonista podría leerse como metáfora del tránsito de la vida a la muerte, o como la expresión del absurdo de la existencia, entre el sinsentido y la inagotable búsqueda de una forma de trascendencia.

Según sus críticos, intentar ajustar ‘Blancura’ a una interpretación de sentido único, sería traicionar la ambigüedad intrínseca de una obra que desbarata las fronteras entre lo real y lo soñado sobre el trasfondo de un paisaje nórdico esbozado que, como si se tratara de una puesta en escena teatral, termina volviéndose abstracción.

En los titubeos del narrador, sus contradicciones entre el decir y el actuar, los diálogos breves y absurdos con sus padres y un fluir de conciencia donde las palabras proliferan, se acumulan y repiten, la novela encuentra su ritmo, una cadencia hipnótica que arrastra al lector, pero también una lengua donde la repetición no es una afirmación enfática acerca del mundo sino, por el contrario, la expresión de un fracaso, aquello que no se puede nombrar.

Asomado a un vacío que muta de la oscuridad a una blancura resplandeciente, el narrador dice: “Tan silencioso es el silencio que da la impresión de poderse tocar, y me paro. Y me quedo ahí parado escuchando el silencio. Y es como si el silencio me hablara” .

Frente a la afluencia de palabras que se suceden sin decir casi nada, apenas una vaga conciencia de sí y del presente, lo que subyace es el silencio: una dimensión en segundo plano que, como dice el narrador y también señalaba el propio Fosse en una entrevista realizada en ‘Los Angeles Review of Books’, adquiere la consistencia de una materia donde el sentido se hace y se deshace, se discierne y posterga a cada paso.

‘Blancura’ hace de la brevedad, de la austeridad y la aparente sencillez compositiva una forma de evocación de ese silencio que nos habla de la muerte, la trascendencia y, con una rara serenidad que la aleja de sus referentes, de los límites del entendimiento para aprehender una realidad de contornos inciertos.

DÉCADAS DESPUÉS

Publicada originalmente en dos volúmenes entre 1995 y 1996, ‘Melancolía’ se inspira en la figura de Lars Hertervig, un artista noruego del siglo XIX que ha trascendido hasta nuestros días por sus paisajes costeros de atmósfera semifantástica y una biografía penosa que conjuga enfermedad mental, pobreza y la incomprensión de sus contemporáneos.

La recreación biográfica y la composición de un cuadro de época nutrido de detalles, sin embargo, no constituyen la meta de una novela que toma unos pocos gestos de la narrativa histórica para continuar, desde allí, ahondando en algunas de las obsesiones particulares de Jon Fosse: la búsqueda de una expresión de trascendencia, los misteriosos bucles del pensamiento y la memoria, y una escritura donde se narra a través de la forma misma del relato.

Frases de largo aliento, fragmentos que insisten como un obsesivo ritornello y abruptas torsiones temporales definen el ritmo del fluir de conciencia de un joven artista que, a las puertas de una crisis mental, habita entre un presente que lo atormenta y un pasado que revive en forma de fantasmas y voces que se entreveran en sus pensamientos fundiendo lo real con lo alucinado.

De los interiores de Düsseldorf a un asilo en las inmediaciones de Oslo, las dos primeras escenas de ‘Melancolía’ giran sobre sí mismas como piezas que en su deriva espiralada dan cuenta de la lógica febril, delirante, que rige la conciencia del narrador.

A través de una prosa que adquiere impulso y musicalidad en la repetición, Fosse indaga en una subjetividad que, atravesada por la enfermedad mental, se repliega a la par que traza líneas de fuga a partir de fantasías y recuerdos que se imponen en el presente desintegrando la linealidad temporal, como ocurre también en la última parte de la novela, narrada por la anciana Oline.

‘Melancolía’ invoca temas que reaparecen en la obra posterior de Fosse: el arte como expresión de lo indecible, el sentido inaprensible de la existencia, los límites de la razón y el paso del tiempo, la muerte y la memoria.

La historia de Lars, el pintor que no puede pintar, tiene, por otra parte, su correlato en el personaje de Vidme, el escritor que posterga el acto de escribir, y una suerte de trasunto de Jon Fosse que abre la novela a una dimensión metaliteraria y al mismo tiempo a otro de los motivos que vertebran la obra del reciente Nobel: la espiritualidad y el misticismo.

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