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Los siete murales gigantes que convirtieron el centro de Medellín en una galería de arte urbano

En el centro de la ciudad se encuentran estas nuevas obras de gran formato que fueron realizadas por artistas locales en el marco de Latidos, la primera Bienal de Graffiti y Arte Urbano de Medellín y Latinoamérica. Les contamos dónde están y detalles de su elaboración.

  • Estos murales los verá en un recorrido por el centro de Medellín. FOTOS Manuel Saldarriaga y Cortesía @cultura.med
    Estos murales los verá en un recorrido por el centro de Medellín. FOTOS Manuel Saldarriaga y Cortesía @cultura.med
hace 19 horas
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A pocos minutos de iniciado el trayecto en metro entre las estaciones San Antonio y Cisneros, puede ver uno cómo un hombre sostiene una caracola en su oreja, escuchando el espejismo acústico que esta produce: un sonido que recuerda al del océano, lo más cercano que estaría este de Medellín, ciudad rodeada de pura montaña. Esa imagen, plasmada en la fachada derecha del Edificio Mundo Mágico, hace parte de La escucha y la razón, uno de los siete murales de gran formato que han convertido a la ciudad en una galería de arte urbano.

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Todas estas obras, que sobrepasan los 1.000 metros cuadrados, están ubicadas en el centro de Medellín, donde transeúntes pueden encontrarlas de manera casual o los visitantes pueden organizar un tour específico para recorrerlas y apreciar cada una de ellas.

Estos murales fueron realizados en el marco de Latidos, la primera Bienal de Grafiti y Arte Urbano de Medellín y Latinoamérica, que tuvo lugar entre el 28 de agosto y el 10 de octubre. Aunque hace tres meses ya de este evento, fue apenas a finales de diciembre que estas obras fueron terminadas y es ahora, en el regreso de vacaciones, que comienzan a sorprender a la ciudad.

¿Qué dicen los murales?

La escucha y la razón es una obra de Eskibel. Para este mural de alrededor de 1.000 metros cuadrados, el artista urbano inició su proceso creativo con una serie de fotografías tomadas en la Huerta Agroecológica del Limonar, ubicada en San Antonio de Prado.

“La idea fue mutando hasta convertirse en este personaje cuyo gesto invita a la escucha. En un espacio tan ruidoso como el que rodea El Hueco, aparece la necesidad de diferenciar entre oír y escuchar. Oír tiene que ver con todo ese paisaje sonoro que nos envuelve; escuchar, en cambio, implica concentrar la atención, casi como un ejercicio de sinestesia, donde lo que vemos nos remite a algo acústico”, explica el artista José Monsalve López con más de 10 años de experiencia, quien para esta obra contó con la asistencia artística de Marco Londoño, Johan Salazar y Smop y del artista plástico y muralista Fredy Serna, cuyas obras están en diferentes zonas de la ciudad como en la estación San Antonio del Metro.

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Este mural fue pintado con el objetivo de que dure alrededor de 20 años. Para elaborar una obra de esta dimensión, Eskibel realizó su primer mural en 2009 cuando era graffitero, pero tiempo después comenzó a interesarse por las artes plásticas, especialmente por la pintura. Solo fue hace cinco años que este artista, que también es sociólogo, hizo del arte urbano su proyecto de vida, lo que lo condujo a pintar esta obra, una de las más grandes de su trayectoria.

También el Edificio Mundo Mágico, pero en la fachada del costado izquierdo, está otro de los siete murales de gran formato realizados durante Latidos: se trata de La gran ola salvaje, obra firmada por el artista urbano Worm. Desde hace casi dos décadas, Juan Pablo Arango se ha dedicado al graffiti writing: es el autor de Estilos y colores, el primer libro colombiano dedicado a explicar los estilos de letras más utilizados en el grafiti, y también el creador de Graffiti Kids, un proyecto que le enseña a niños sobre este arte utilizando los juegos tradicionales.

“Yo me enfoqué en las habilidades y en el trabajo que ya había realizado en la calle en años anteriores, tomando lo mejor de mis capacidades y de los diseños que he ejecutado. A partir de ahí, el agua se convirtió en uno de los elementos que más utilizo y con el que mejor me siento trabajando, tanto por los efectos que se pueden generar como por el contraste de colores y demás. En ese sentido, fue muy chévere poder desarrollarlo desde ese lugar”, cuenta Worm, quien realizó este mural en 40 días, 25 previos para idear el diseño y coordinar la logística de una obra de este tamaño y los otros 15 para ejecutarla.

En La gran ola salvaje lo que hizo el artista fue un homenaje al Wild Style, un estilo avanzado del grafiti caracterizado por sus letras entrelazadas y superpuestas. 250 latas de aerosol y 60 galones de pintura fueron utilizados en este mural en el que también participaron como asistentes artísticos los artistas Bicho (Cristian Álvarez), Berna (Bernando Velilla), Bemva (Luis Ramírez) y Tete (Jaime Moreno).

Sigue el recorrido

A casi 20 minutos caminando desde el Edificio Mundo Mágico está el Edificio Los Cámbulos, ubicado en Junín. Esa fue otra de las fachadas intervenidas durante la Bienal de Arte Urbano y ahora ahí se encuentra Salto al vacío número uno, una obra realizada por el artista urbano AGÜD. Con un fondo amarillo y la palabra “vacío” plasmada allí, en este mural aparecen dos niños descalzos jugando, uno agachado mientras el otro coloca sus manos en la espalda para impulsarse y saltar.

Explica Alejandro J. Alegüe Giraldo, el autor de esta obra, que para entender este mural o, en general, su trabajo hay que saber que durante 8 de sus más de 15 años de trayectoria lo que ha hecho ha sido generar impacto social a través del arte. Para llevar a cabo sus obras, AGÜD sigue la metodología Seguimos siendo niños, la cual desarrolló en una investigación realizada con una universidad de la ciudad, que consiste en utilizar el arte no poniendo al artista en el centro, sino usándolo como una excusa para generar encuentros, procesos y transformaciones que permitieran conectar y crear conciencia de los diferentes tipos de realidad que se viven en Medellín.

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“En este momento, todo mi trabajo nace de una frase: seguimos siendo niños. La intención es retarnos, como adultos, a volver a ser niños en lo que sea que hagamos: a regresar a lo simple, a lo inocente, a hacernos un poco los últimos y a valorar quiénes éramos cuando éramos más pequeños. Se trata también de quitarnos esas máscaras que hemos construido como adultos, y hacerlo a partir del juego. Por eso, lo que estoy investigando y estudiando ahora es el juego como un acto de resistencia”, cuenta el artista, quien también explica que este mural es la primera pieza de una serie de obras llamada Salto al vacío, y que una parte de esta será presentada el próximo mes en México.

Este mural, de 613 metros cuadrados, fue pintado en dos semanas y tuvo como asistentes artísticos a Damián Figueroa, Saw y Daner, mientras que en logística estuvieron aproximadamente 20 personas involucradas. Pero, ¿cómo se hace una obra tan grande? Para lograr que la imagen diseñada por el artista quede tal cual en la fachada, se utilizan proyectores que permiten que luego los artistas “calquen” la imagen. Con andamios y con ayudantes desde abajo, quienes constantemente están tomando fotos del avance del proceso, es como se logran realizar este tipo de murales de gran formato. A esto hay que sumarle la experiencia, que finalmente es la que permite “educar el ojo” para estar atento a detalles como los colores y las formas.

Los otros cuatro murales están ubicados en el Edificio La Lonja, el cual fue realizado por KOZTE; en la Universidad ECCI, hecho por PASTWO y MESK; en el Edificio La Naviera, cuyo mural es autoría de LEODOS, y en 3H Hotel, donde la artista fue MELA.

Un evento sin precedentes

Uno de los propósitos de Latidos era realizar en diferentes zonas de Medellín murales de gran y mediano formato que sumarán más de 6.000 metros cuadrados intervenidos convirtiendo a la ciudad en un museo a cielo abierto. Este evento, el primero de su tipo en Latinoamérica, fue organizado por Comunigraff, el gremio que agrupa a los creadores y gestores de arte urbano gráfico de Medellín, la Agencia APP y la Secretaría de Cultura Ciudadana.

Por una parte, Latidos nació con el fin de poder avanzar en la intervención de 30.000 metros cuadrados que se acordaron con la administración de Federico Gutiérrez para este cuatrienio. Y, por otro, surge “a partir de las demandas sociales, de las apuestas que ha tenido esta comunidad por posicionar el arte urbano en Medellín”, explica Eskibel, quien también es uno de los líderes del gremio.

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Fue en el marco de la Bienal que se realizó una convocatoria para conformar un banco de artistas a la que más de 100 creadores de la ciudad y de municipios cercanos a Medellín se presentaron. Con base en eso se creó un escalafón, comenta Monsalve, que clasificó a artistas de larga trayectoria, mediana trayectoria y emergentes. Para pintar los murales de grande formato solo se tuvieron en cuenta a los primeros, que son los que tienen más de 10 años de experiencia, y de ese grupo fueron seleccionados los siete que hicieron las obras que hoy hacen parte del paisaje del centro. En esa categoría, el Premio a la Alta Trayectoria, otorgado por el jurado de la Bienal, fue otorgado a Worm, autor de La gran ola salvaje.

Pero a parte de lo que significa una iniciativa como estas para los artistas locales, lo que hace Latidos y las obras producto de ella es posicionar a Medellín como un destino turístico relevante por su riqueza artística y cultural, y como referente a nivel regional y mundial de arte urbano.

“Tener la primera bienal de arte urbano específicamente de Latinoamérica es un golazo. No es una bobadita: es un hito muy grande para el país y para la región. Si miramos el panorama internacional, vamos avanzando, y que la ciudad apoye este tipo de procesos y permita la libertad creativa hace que haya crecimiento. Esa libertad creativa, claro, genera incomodidad frente a lo tradicional, pero creo que es justamente lo que se necesita para dar un paso más y luego otro más. Y no lo digo en términos de competitividad, sino para que los artistas del país y de la ciudad podamos estar a nivel internacional”, considera AGÜD, quien agrega que estos murales de gran formato fueron solo el inicio y que ahora que vienen nuevas generaciones de artistas “hay que confiar en ellos, creer en su visión y en sus maneras de hacer las cosas. Si queremos posicionarnos a nivel internacional, tanto como ciudad como desde los artistas, es fundamental generar esos espacios”.

Les adjuntamos un mapa para que se ubiqué y sepa donde está cada uno de estos murales de gran formato, los visite y se asombre con el arte que inunda las calles de la ciudad.

Infográfico
Los siete murales gigantes que convirtieron el centro de Medellín en una galería de arte urbano
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